La batalla por el Mundial 2030, último condicionante de la larga negociación del convenio por Balaídos entre Concello de Vigo y Celta
Las conversaciones entre el consistorio y el club se demoraron más de lo inicialmente previsto al surgir la oportunidad de albergar la cita mundialista y ampliar el aforo
La paz social alcanzada con la llegada de Marian Mouriño a la presidencia de la entidad allanó un camino del que se empezó a hablar hace una década

Operarios trabajando este martes en las obras de la grada de Gol, en Balaídos. / Alba Villa

Este viernes 10 de abril, tras meses de negociaciones y conversaciones entre Concello de Vigo y Celta, la junta de gobierno local aprobará inicialmente los pliegos que permitirán, en unas semanas, firmar la concesión por la cual la entidad céltica tendrá vía libre para explotar el estadio de Balaídos entre 50 y 75 años más. Aunque todo apuntaba hace un par de años, cuando trascendió que ambas partes estaban en disposición de actualizar el acuerdo de 2009, todo sería mucho más rápido, ha habido un claro condicionante en los últimos meses que ha dilatado el desenlace más de lo previsto, la pugna por convertir a Vigo y Balaídos en sede del Mundial 2030.
Tal y como había informado FARO el pasado mes de octubre, esa oportunidad por la que batallaba la ciudad tras su polémica exclusión del listado de ciudades preseleccionadas y la renuncia de Málaga del verano de 2025 había alterado los ritmos de las conversaciones entre Celta y Concello, lo que pospuso la definición final de los pliegos que esta semana se validarán, puesto que estos debían tener en cuenta el nuevo escenario al que se enfrentará el estadio los próximos años, al estar prevista otra obra para una nueva ampliación del aforo, en este caso por encima de los 40.000 espectadores, con la ampliación de Tribuna.
Ese proyecto, que tanto el alcalde de Vigo, Abel Caballero, como la presidenta del Celta, Marian Mouriño, veían ya con buenos ojos con o sin Mundial, recibió un impulso el pasado mes de marzo con la petición oficial trasladada por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) a la FIFA para que tanto Vigo como Valencia fuesen tenidas en cuenta como sedes del Mundial, lo que ha permitido también avanzar en el futuro convenio de explotación. El aforo definitivo de Balaídos no es cosa menor, ya que estar por encima de 40.000 espectadores permitirá al Celta lanzarse a captar conciertos más ambiciosos u otro tipo de eventos, preparar proyectos comerciales o de hostelería, aspectos de la explotación del estadio que tienen mucho que ver también en la contraprestación en forma de canon que el club deberá abonar anualmente al Concello.
Este obstáculo no ha sido, con todo, el único que ha tenido que superar el proceso de renovación del convenio firmado en 2009 por un cuarto de siglo y que supuso una tabla de salvación para un club entonces a la deriva lastrado por el descenso a Segunda División y una crisis económica muy dura. Hace una década, aproximadamente, aún con Carlos Mouriño en la presidencia del Celta y cuando las relaciones con el Concello todavía no habían saltado de todo por los aires, pero ya con una clara tensión entre las partes, desde el Concello se planteó un convenio como la fórmula jurídica ideal para permitir a la entidad crecer en términos económicos al tener total capacidad de maniobra para explotar Balaídos, encontrándose con elevadas exigencias por parte del Celta.
Hubo que esperar hasta el relevo al frente del club, entre 2023 y 2024, para restaurar el diálogo y abrir el camino para llegar hasta el escenario ahora alcanzado, impulsado por movimientos como el del pasado mes de febrero con Zona Franca para prorrogar hasta 2081 la cesión al Concello de los terrenos en los que se construyó la grada de Río, blindando así jurídicamente las nuevas ampliaciones previstas en un estadio que está a punto de abrir un nuevo episodio de su casi centenaria historia.
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