Investigación
La Universidad de Vigo logra por primera vez criopreservar larvas de medusa con éxito
El CIM desarrolla un protocolo pionero para éfiras de Aurelia aurita, un hito con aplicaciones en conservación de biodiversidad, investigación y acuicultura

Estefanía Paredes, Jesús Souza y Alba Lago, las tres personas al frente de la investigación. / Cedida
Por primera vez en el mundo, un equipo del Centro de Investigación Mariña (CIM) de la Universidade de Vigo ha logrado criopreservar con éxito larvas de medusa, un avance científico que abre nuevas vías para conservar biodiversidad y acelerar líneas de trabajo en biología marina y acuicultura. El estudio, publicado en la revista especializada Cryobiology, firma un protocolo eficaz para congelar y recuperar éfiras —la primera fase larvaria— de la medusa Aurelia aurita, manteniendo su viabilidad y permitiendo que continúen su desarrollo tras la descongelación.
El trabajo se realizó en el CryoLab del grupo EcoCost del CIM por Alba Lago, Jesús Troncoso y Estefanía Paredes, responsable de esta línea de investigación en un laboratorio de criobiología marina que se sitúa entre los pocos del mundo capaces de desarrollar este tipo de ensayos con organismos extremadamente delicados.
El hito tiene un componente clave: las medusas eran, hasta ahora, un grupo prácticamente inexplorado en criopreservación. A diferencia de otros invertebrados marinos —en los que ya se ha trabajado con gametos, embriones, larvas o juveniles—, el elevado contenido hídrico de estos organismos complicaba enormemente el proceso al aumentar el riesgo de daños por formación de cristales de hielo y por estrés celular durante el enfriamiento.
«Esta especie presenta un contido hídrico extremadamente alto, superior ao 96 %, unha característica que fai especialmente difícil a súa criopreservación e que converte este logro nun fito científico. Grazas ao protocolo desenvolvido, baseado nunha combinación específica de crioprotectores e tratamentos posteriores á desconxelación, conseguimos que unha parte significativa das larvas sobrevivan e manteñan a súa integridade celular», explican desde el CIM.
El estudio no se queda en el caso concreto de Aurelia aurita. El equipo propone este organismo como nuevo modelo animal para entender mejor cómo criopreservar células, tejidos u organismos con alto contenido en agua, un objetivo ligado al proyecto IceMedusa, financiado en la convocatoria conjunta Deputación de Pontevedra–Universidade de Vigo (2024), que está en el origen del trabajo.
En esa línea, Paredes apunta que el conocimiento generado puede trasladarse a especies de interés local: «O coñecemento sobre o impacto dun gran contido en auga nos tecidos durante o enfriamento nos axudará a entender como criopreservar mellor outros organismos de gran interese local coma son mexillons, ameixas ou berberechos nos que xa levamos tempo traballando». Y subraya el valor del resultado en un campo todavía muy poco explorado: «Lograr criopreservar con éxito larvas de medusa é un avance importante para o noso equipo… ata agora non había protocolos descritos para larvas de medusa, xa que con este gran contido en auga non se consideraba que fose posible».
El desarrollo del protocolo exigió resolver varios problemas técnicos: medir el efecto real de los crioprotectores (necesarios para evitar daños durante la congelación, pero potencialmente tóxicos), comprender el papel de la deshidratación y ajustar con precisión concentraciones, tiempos de equilibrio y condiciones de congelación y descongelación. El propio equipo reconoce que trabajar con un modelo nuevo supuso un esfuerzo añadido, aunque los primeros resultados llegaron rápido y permitieron consolidar el método.
Para la investigadora predoctoral Alba Lago, el logro también tiene una dimensión de futuro: «Conseguir estes resultados supón unha gran satisfacción… este estudo abre novas posibilidades para entender mellor como responden á criopreservación organismos e tecidos con alto contido hídrico, e reforza a idea de que aínda queda moito por explorar na criobioloxía mariña».
En términos de impacto, este avance facilita la creación de bancos biológicos para la conservación ex situ del zooplancto gelatinoso, un grupo clave en el funcionamiento de los ecosistemas y las cadenas tróficas. Y, además, el CIM ya mira más allá: la combinación de alto contenido en agua y concentración de colágeno convierte a este modelo en un candidato interesante para investigar criopreservación de tejidos con componentes musculares y ampliar aplicaciones hacia la biomedicina. «Xa solicitamos un novo proxecto… e esperamos atraer colaboradores internacionais que estean interesados en vir ao CIM a traballar con nós», avanza Paredes.
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