Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Obituario

Muere el abuelo de Vigo, José Iglesias González, a los 105 años: «Mi receta es buen humor y poner la proa a los malos momentos»

El vecino más longevo de la ciudad cuidó de su huerto y gallinas hasta convertirse en centenario

Extrabajador de Barreras y gran aficionado del Celta y los furanchos, será enterrado este domingo en su Cabral natal

Vigo

La ciudad de Vigo ha perdido a su vecino más longevo y uno de los que mejor reunía todos los rasgos de la misma. José Iglesias González (Vigo, 9 de marzo de 1921-Cabral, 3 de abril de 2026) falleció este Viernes Santo. Pepe Caramanchada, como se le conocía popularmente, había ejercido como Maestro de Soldadura hasta la reconversión de los años 80 en los Astilleros de Barreras. Antes, durante y después había sido partícipe y testigo de la transformación de un municipio que pasó de poco más de 50.000 habitantes a la gran urbe industrial y turística de nuestros días.

Su velatorio se encuentra en la sala número 4 del tanatorio Vigomemorial de Pereiró, donde a las 16.45 horas tendrá lugar una ceremonia. Después será trasladado al cementerio municipal de Cabral, parroquia en la que vivió hasta que ingresó recientemente en una residencia. El funeral tendrá lugar este jueves en la iglesia parroquial de Santa Mariña de Cabral a las seis de la tarde.

Vida familiar

«A nuestras edades comemos poco y así no hago cena y damos de comer a los baretos», explicaba, ufana, su hija Chelo Iglesias a FARO en plena pandemia. La llegada del COVID les obligó a renunciar a los furanchos y otras visitas gastronómicas en el área de Vigo, pero ambos continuaban con sus rutinas en la finca familiar.

Pepe se levantaba a las 8.30 horas todos los días, se duchaba, afeitaba y para entonces ya tenía el desayuno preparado en la galería, donde si hacía buen tiempo lucía el sol. Allí pasaba la mañana leyendo el FARO DE VIGO. Críaba gallinas y se entretenía con su cuidado y recogiendo los huevos que ponían a diario. Y siempre que podía, veía el fútbol por la tele. Formaba parte del selecto club de aficionados que podían presumir de ser mayores que el propio Celta, fundado cuando él comenzaba a hablar y caminar.

JOSÉ IGLESIAS, MÁS CONOCIDO COMO " PEPE CARA MANCHADA ", EXTRABAJADOR DE BARRERAS DE CIEN AÑOS, EN SU CASA DE CABRAL ( VIGO ). EN IMAGEN, EN EL CORRAL DE GALLINAS. CENTENARIOS. TERCERA EDAD. ANCIANOS. MAYORES

José Iglesias con sus gallinas en la huerta familiar de Cabral / Ricardo Grobas

Nunca pensó en que cumpliría cien años y menos en las estupendas condiciones en que se encontraba. El secreto, aseguraba, era el trabajo duro y la actitud ante la vida: «Hay que tener buen humor, ser agradecido y cuando llegan los problemas ponerles la proa. Eso me lo enseñaron los capitanes de los barcos. En la mar, con un gran temporal, para salvarse solo pueden poner la proa a la ola, es decir, hacerles frente», explicaba a Ujué Foces.

Veterano de la Segunda Guerra Mundial en Tánger

Era calderero y de los buenos, como demuestran los premios que obtuvo a lo largo de su vida profesional. Como se jubiló con 63 años, para estar activo, se hizo cargo de la huerta familiar que hasta entonces llevaba su mujer, fallecida hace ahora quince años. Hacía vino de su viña, cultivaba tomates, lechugas y lo que hiciera falta para su casa y la de sus vecinos y criaba cabras. «Trabajar la tierra con las manos es otro truco para la longevidad», aseguraba. La pandemia no le llegó a preocupar en exceso, cosas peores había vivido.

La mejor época de su vida, aseveraba, fue la mili en Tánger de 1942 a 1946: “Nos enviaron allí en plena Guerra Mundial, pero era mentira, en Tánger no había guerra sino familias millonarias e internacionales. Alemanes, italianos... Todos enviaron a sus familias a Tánger para que estuvieran a salvo porque no había bombardeos como en sus países. Aquello era estupendo”, recordaba mientras sonreía con picardía.

Actualmente era su hija Chelo quien se hizo cargo del huerto, aunque Pepe seguía con las gallinas: «Papá tiene muchas ganas de vivir y de comer. Yo he cogido la huerta, pero cultivo pocas cosas porque me he caído un par de veces». Chelo, que trabajó en el centro de proceso de datos de Álvarez y se jubiló cuando las echaron de la fábrica, aprovechó para estudiar idiomas: italiano, ruso, gallego, portugués, inglés, francés y japonés. Aunque lo dejó hace cuatro años para dedicar más tiempo a su padre. «Papá me hace mucha compañía y además es muy agradecido, te hace la vida fácil. Es mi agenda, tiene mejor cabeza que yo. Cada día salimos a un sitio distinto a pasear y tomar algo, vamos a Mos, a Redondela, a la lonja de Cesantes...». Pepe la sigue por la casa y le recuerda: «Hoy no comemos en casa, que vamos al cocido...» explicaba orgullosa al Decano, que hoy despide a uno de sus lectores más fieles durante el último siglo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents