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Entrevista | Miguel Díaz Cacho Investigador de la UVigo, ganador del Premio de Transferencia 'Fernando Calvet Prats' de la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC)

«En cualquier lugar del mundo, en este momento, alguien está abriendo una lata que tiene un componente tecnológico gallego»

«El proyecto nace directamente de una necesidad industrial y ahora mismo es una novedad mundial que ofrece Actega Artística»

El investigador de la UVigo Miguel Díaz Cacho.

El investigador de la UVigo Miguel Díaz Cacho. / Cedida

Sandra Penelas

Sandra Penelas

De los laboratorios de Ingeniería de Sistemas y Automática a empresas de la industria alimentaria de todo el mundo. La tecnología desarrollada por Miguel Díaz Cacho y Enrique Paz, del grupo de Control no Lineal de la UVigo, ha sido reconocida por la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC) con el Premio a la Transferencia Fernando Calvet Prats como caso de éxito en su traslado a la empresa Actega Artística.

La firma, nacida en 1906 para abastecer al floreciente sector conservero, es líder mundial en el diseño y fabricación de compuestos sellantes para envases metálicos. Y, gracias a esta colaboración, ha añadido un nuevo producto a su oferta que revoluciona el proceso de sellado.

—¿Qué ha supuesto el premio y cómo surge la colaboración con Actega Artística?

—Hemos desarrollado una tecnología de mucha calidad e innovación y este premio supone un exitazo, de lo más importante en mi carrera. El proyecto nace en 2019 directamente de una necesidad industrial. La empresa necesitaba mejorar el proceso productivo del depósito de sellante en las latas. No suena muy romántico, pero la tecnología ROTARflow que hemos desarrollado es muy útil e importante. Ellos ya vendían el sellante en todo el mundo y ahora también este sistema a empresas conserveras. Es una línea de mercado completamente nueva.

—¿Cómo funciona?

—El sellante se depositaba en las tapas de las latas de conserva de forma muy analógica, con máquinas mecánicas, no estaba digitalizado y el control se establecía de forma más o menos periódica y manual. Cada 20.000 o 10.000 tapas se pesaba una para ver si el compuesto que se había echado era el correcto. Y, si no lo era, lo ajustaban y consideraban que las anteriores estaban mal. Había un desperdicio tremendo y un trabajo humano que era engorroso y muy poco eficaz. El sector de la conserva es importantísimo y había que hacer algo. La empresa se puso en contacto con Feuga, ellos con la UVigo y así llegaron a nosotros. Desarrollamos un sistema de control y un sistema de monitorización estadístico digital que captura los datos de cada una de las tapas y permite corregir desviaciones en tiempo real. Todo este proceso que antes se hacía de forma manual ahora se hace de forma automatizada gracias a unos controladores y a unos sistemas de agrupamiento de datos para el análisis estadístico bastante novedosos y que nos permiten conocer absolutamente todo del proceso de sellado de las latas.

—El avance es radical.

—Muy radical. Está patentado y ahora mismo es exclusivo, una novedad mundial que ofrece Actega Artística. La empresa es la gran meritoria, el gran alma. La idea de fabricar una máquina que deposita el sellante fue de ellos porque veían esa carencia y nosotros hemos puesto la tecnología. Ahora mismo está instalada en México, China, EE UU, Brasil, Alemania, Francia y en España, por supuesto. Y va a más.

Enrique Paz y Miguel Díaz, en la Escuela de Industriales de la UVigo.

Enrique Paz y Miguel Díaz, en la Escuela de Industriales de la UVigo. / Cedida

—Teniendo en cuenta que el proceso es inherente al envasado, el alcance potencial de esta tecnología es muy elevado.

—Hablamos de miles de millones de latas, también las de refrescos. En cualquier lugar del mundo, en este momento, alguien está abriendo una lata que tiene un componente tecnológico gallego.

—Este éxito evidencia la ayuda que la universidad puede ofrecer a las empresas

—La empresa está dirigida por una doctora en Química, Teresa Ramos, que es una genio. Se nota mucho cuando hay una dirección que ya está formada en el ámbito de la investigación y la academia a la hora de saber dónde están las oportunidades de negocio. El mérito es de ellos, que nos plantearon si podíamos ayudarlos.

—Y por su parte han dejado claro que son capaces de adaptarse a las necesidades de la industria y resolver esos retos

—La UVigo es una universidad muy politécnica, que nació de la industria. La Escuela de Ingenieros Industriales, que tiene 125 años, se crea a partir de una necesidad en gran medida del sector de la conserva. Con este premio, la RAGC ha querido reconocer esa labor de la universidad desde su origen y en un sector industrial que es uno de los icónicos de Galicia y en una empresa, la Artística, también icónica y con más de cien años de historia. Si se sabe interpretar, es una gran noticia para la universidad, para la industria, para la ciudad y para Galicia.

—¿Siguen colaborando?

—Sí. Las máquinas instaladas por todo el mundo se controlan desde la sede de Actega Artística en Porriño. Allí esta el sistema central donde se agrupan inmediatamente los datos para conocer todo el proceso de calidad. Y ahora nos han pedido que revisemos y mejoremos los sistemas de ciberseguridad que ya están implementados para adaptarlos a las nuevas normativas, ya que la alimentación es un sector crítico. Y además el proyecto evoluciona porque cada cliente tiene sus necesidades y recibimos su feedback.

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