In memoriam
Marina, Marina, Marina…
Marta Riera
Con el susto todavía en el cuerpo apenas reparé en mi menuda compañera. Más tarde empecé a ver señales: te llamas Marina (como mi hija, madre y abuela), ingresamos el mismo día, estábamos pendientes de un TAC que despejara sombras y tenías una familia excepcional. Poco a poco fuimos hilvanando conversaciones. Después te cosí a preguntas. Y desde entonces, como la canción de Sidonie, me tienes fascinada.
En una época de excelentes modistas, después de aprender con Valentina, con solo veinte años, creas Marinita Modas en el edificio de los hermanos Romero, en Príncipe, donde contarás con decenas de modistas. Durante seis décadas vestirás las ceremonias de generaciones de la burguesía viguesa. En nuestras conversaciones y a pesar de tu discreción, encontramos conocidos comunes entre tus clientas, proveedores, … Vigo al final es pequeño, coincidimos, y pocos somos de aquí de siempre. Tú, de tu querido Santo Tomé, de una casa familiar abierta a todos, donde cuidaste con tus hermanas de tus padres hasta el final.
Tu trabajo te llena, viajar te apasiona. Cada septiembre conocerás mundo desde el autocar siempre con amigos. Cuidas la amistad: con mujeres, con hombres, con parejas, con mayores, con jóvenes… Eres de las personas más modernas que conozco, Marina. En esta época de intransigencia, consignas… eres un milagro. Decidiste bien joven que el matrimonio era una fórmula que no te funcionaría. En esto también debiste ser rara avis.
Las mujeres Lago me enseñan qué es un matriarcado. Dirigen la conversación, organizan turnos, hablan con las médicas… Veo pasar a sobrinos, amigos, sobrino nietos, vecinos…La soledad de la que nos hablan las noticias no va contigo. Como jefa del clan, tu casa de la calle Coruña (compartida con tus dos hermanas) sigue abierta para todos. Toñi se adueña cada mañana de la cocina para dar de comer a catorce miembros de la familia. Mientras, tú te preparas para ir a la misa del Perpetuo Socorro y alargar aperitivo y saludos hasta las 14.30. ¡Te has ganado el llegar a mesa puesta! Mesa que reúne, conecta y enriquece a tres generaciones, donde no se habla a los mayores con condescendencia.
Cuando soy yo la que recibo visitas hablo de ti: de tu inmensa familia, de vuestra manera elegante de afrontar la vida y la muerte… de tus ganas de vivir por duro que sea. Soy consciente de la suerte que he tenido de caer en la C214. Me ha merecido la pena el susto. Intentaré hacerme merecedora de ser parte de tu clan. GRACIAS, Marina.
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