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Entrevista | Álex Aguilar Catedrático de Biología Animal de la Universidad de Barcelona y autor del libro «La huella ballenera de la Península Ibérica»

«La industria ballenera tuvo una importancia muy grande en Galicia, pero este patrimonio se puede perder»

«Trabajé como biólogo en las factorías de Cangas y Caneliñas y cada vez que las visito están más deterioradas. Es una lástima»

El catedrático Álex Aguilar.

El catedrático Álex Aguilar. / Cedida

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Sus primeros estudios históricos sobre la industria ballenera se remontan al periodo comprendido entre los años 78 y 85, cuando trabajaba como biólogo en las factorías de Cangas y Caneliñas (Cee). Además de varios artículos en revistas científicas, en 2013 publicaba el libro «Chimán. La pesca ballenera moderna en la Península Ibérica» y este martes presenta en el Museo del Mar de Galicia una segunda obra, también editada por la Universidad de Barcelona, que comprende la evolución de esta pesca desde su nacimiento en la Edad Media hasta el siglo XX. Y que además es una guía de viaje para conocer la huella ballenera en el norte de España.

—A pesar de la importancia que tuvo esta industria en Galicia, estamos perdiendo este patrimonio.

—A finales de los años 70 empecé a trabajar como biólogo para el Ministerio de Agricultura y Pesca en las factorías de Cangas y Caneliñas. Cuando publiqué mi primer libro, en 2013, ya estaban cerradas ambas y en ruinas. Y en aquel momento también había una tercera en Morás, en Lugo, que ya había cerrado mucho antes y que ya no existe porque fue derruida completamente. Yo veía que no había una memoria de todo aquello, no había prácticamente fotografías ni películas, y que la gente que había trabajado se iba muriendo o perdiendo la memoria. E hice el libro para dejar una constancia y explicar cómo fue aquella industria, pero también para alertar de que es un patrimonio que aunque está más o menos protegido se puede perder. La factoría de Cangas está en una zona que pertenece a la Administración, pero si no se cuida en 10-20 años será un montón de piedras. La visito frecuentemente, a igual que la de Caneliñas, y cada año que pasa están más deterioradas. Es una lástima.

Cubierta del libro.

Cubierta del libro. / Cedida

—Este segundo libro incide en esa llamada de atención.

—Hubo dos fases en la pesca de la ballena. En la primera, desde el siglo XI hasta finales del siglo XIX, la industria era muy primitiva. Se perseguía a las ballenas con botes de remo y se lanzaban arpones a mano. Y solo se podía explotar una especie, la ballena franca, que vive cerca de costa, que además es muy pacífica y cuyo cadáver flota. Esta pesca histórica se hizo a lo largo de todo el Cantábrico, el último puerto que participó fue el de Camelle, pero acabó con esta especie. En el siglo XX, llegaron empresarios noruegos que trajeron una pesca moderna, que se hacía ya con métodos industriales, barcos de hierro a vapor y cañones arponeros muy potentes. Esto permitió empezar a explotar otras especies como el rorcual común, la ballena azul y el cachalote. Esta segunda fase solamente ocurre en Galicia, porque en País Vasco, Cantabria y Asturias hay rorcuales pero no son tan abundantes. Es curioso porque en el País Vasco las últimas ballenas se cazaron en el siglo XIX y, sin embargo, hay una presencia muy importante de esta pesca en ámbitos culturales y en museos. Y los pocos restos que quedan están muy protegidos. En cambio, en Galicia, donde es mucho más reciente, no se le presta tanta atención.

Plataforma para el despiece de las ballenas en la Factoría Massó de Cangas. Año 1978

Plataforma para el despiece de las ballenas en la Factoría Massó de Cangas. Año 1978 / Archivo Museo Massó

—¿Quizá influye la mala imagen que tiene la caza de ballenas?

—También les habría influido a los vascos. Tiene su lado oscuro porque realmente era una explotación muy agresiva. La ballena daba mucho dinero porque pescarla era muy fácil, había que invertir poco dinero y se obtenían 40-50 toneladas de productos de primerísima calidad. Pero su tasa de reproducción, como mamíferos, es muy baja y los balleneros aprendieron que la pesca sostenible no era rentable. Iban a a un lugar, vaciaban el mar de ballenas y luego iban a otro. Esto fue lo que le dio muy mala imagen porque era una industria basada en el exterminio. Pero los piratas también eran asesinos sanguinarios y leemos novelas de piratas y hacemos películas. Ahora no tendría sentido esta pesca, pero fue una industria que tuvo una importancia para Galicia muy grande. Quizá la de Cangas fue la que menos, pero las otras factorías se situaron en zonas deprimidas económicamente. En la zona de Caneliñas, por ejemplo, la electricidad llegó a muchas aldeas en los año 50 gracias a la factoría.

Factoría ballenera de Massó. Alrededor de 1955

Factoría ballenera de Massó. Alrededor de 1955 / Archivo Museo Massó

—¿Cómo se organiza el nuevo libro?

—El primer libro, que solo abordaba la pesca moderna en el siglo XX, lo publiqué con muchas imágenes históricas y en un formato muy grande. Mucha gente me venía con él y me preguntaba dónde estaban aquellas factorías y lugares para visitarlos. Este segundo libro, además de intentar ser un poco más manejable, incluye una primera parte sobre la historia de la pesca ballenera ya completa, desde la Edad Media hasta el 85, y una segunda parte que tiene formato de guía de viaje. Explica el papel que jugó cada localidad y qué es lo que se puede visitar. De ahí viene el título, de ver la huella, el legado patrimonial que ha quedado. Además de imágenes históricas incluye fotografías de la situación actual que ha realizado mi hijo, Max Aguilar, que es el segundo autor del libro.

Ballenero «Lobeiro», 1980

Ballenero «Lobeiro», 1980 / Álex Aguilar

—¿Cuántas localidades incluye?

—Max hizo varios viajes a lo largo de toda la costa del Cantábrico para hacer las fotografías y comprobar si todo los registros que había incluido yo a lo largo de los años en un Excel enorme, desde una lápida de un ballenero con un arpón grabado a una casa con mandíbulas de ballena en vez de vigas de madera, todavía estaban. En total, hay 52 localidades balleneras. En Galicia son del orden de 10-15, porque también incluimos lugares que no tuvieron esta pesca pero sí cuentan con colecciones como las del Museo del Mar de Galicia. De hecho, el recorrido empieza en Vigo.

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