Entrevista | Ignacio García Doval Nuevo jefe del Servicio de Dermatología del Chuvi
«Antes de la teledermatología llegaba gente con tumores tras muchísimos meses de espera; ya no»
«Para estar en la media gallega de dermatólogos por población, deberíamos ser 8 o 9 más en el servicio»
«Un estudio muy fiable dice que la mitad de la población ha tenido en el último año algo en la piel que piensa que debe ser visto por un médico»

El doctor García Doval, en su consulta del Hospital Meixoeiro. / Marta G. Brea
«Como el auténtico vigués», bromea, nació en Ourense (1968). El doctor Ignacio García Doval, licenciado y especializado en Santiago, llegó al Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) en 2013, tras 16 años en Pontevedra. Ahora, acaba de ganar la jefatura de dermatología, un servicio «muy dinámico» con muchos profesionales jóvenes, pero con una demanda muy superior a sus recursos. «Lo que queremos es que la gente de Vigo tenga la mejor atención posible y equiparable a la de cualquier otro punto de Galicia», subraya.
—¿Cómo está el servicio en cuanto volumen de actividad?
—Tiene muchísima. Hacemos al año, entre consultas y teleconsultas unas 35.000 al año y unas 2.500 intervenciones quirúrgicas, casi todas tumores. Para un servicio que es relativamente pequeño, porque somos entre 10 y 11 personas, la carga de trabajo es enorme. La agenda típica de consulta de aquí es de unos 38 pacientes todos los días. Y a esto hay que añadir los quirófanos. Hacemos mucha cirugía y prácticamente todo ella de patología tumoral.
—¿Está aumentando?
—Creo que no. Es un problema intrínseco de la dermatología: las enfermedades de la piel son muy frecuentes. Hay un estudio reciente, muy fiable, que dice que la mitad de la población ha tenido en el último año algo en la piel que piensa que debe ser visto por un médico. Con nuestra área de 500.000 habitantes, 250.000 al año tienen esa demanda, que es enorme para nosotros. Hacemos 35.000 consultas y es ya a base de una carga de trabajo muy alta. Además, otra dificultad de la dermatología es que las cosas fáciles de tratar o leves son muy frecuentes, pero hay un porcentaje importante de enfermedades graves y tumores. Entre esas 250.000 problemas anuales hay que ser capaces de seleccionar las que es imprescindible ver pronto. Esa es la gran dificultad.
—¿Y cómo se hace?
—Con la ayuda de los médicos de Primaria,que tratan a la mayoría y hacen un gran trabajo de filtro.. Luego, hay un paso siguiente que es el acceso a través de teledermatología, que permite priorizar lo urgente ante una demanda tan grande e inasumible. Así conseguimos ver en plazos razonables al que tiene un tumor.
—¿Está funcionando bien la teledermatología?
—Sí. Como todo, depende de la perspectiva desde la que lo veas. Desde la del paciente, puede pensar que no le están atendiendo. Desde el médico de Primaria, a veces le parece que es un intento de frenar el acceso. Pero la realidad es que, antes de que empezase la teledermatología, teníamos listas de espera de un año o año y medio en las que estaba mezclado todo. Era igual tener un melanoma que algo leve. Además, cuando las listas se hacen tan largas, mucho se pone urgente porque parece que es la única forma de acortar ese tiempo. Y cuando todo es urgente, ya nada lo es . Antes de la teledermatología, llegaba gente con tumores tras muchísimos meses de espera.
—¿Eso ya no sucede?
—No. Esa es la gran ventaja de la teledermatología. Hay una vía rápida para los tumores más graves que, por ley, se ven y tratan antes de un mes y funciona perfectamente. Para el resto de tumores, hay citas preferentes para ir más rápido en plazos, que a lo mejor no son los óptimos o los que querríamos, pero son mejores que sin esta herramienta de priorización. Cada dermatólogo aquí recibe los pacientes de 40 o 50 médicos de Primaria. Son unos 50.000 habitantes por dermatólogo y la mitad quiere ser visto cada año. Es imposible, hay que priorizar y la telederma funciona, entendida como interconsulta entre médicos: el de Primaria, que ha visto al paciente y tiene una duda sobre cuál sería el mejor abordaje, demanda la opinión de un dermatólogo, que le contesta, muchas veces, dándole un tratamiento o sugiriendo una forma de actuación. En buena parte de los casos, tras recibir la opinión del dermatólogo, es el doctor de Primaria quien trata al paciente. Si requiere atención especializada, lo citamos presencialmente.
—Entiendo que necesitan más facultativos ¿Cuántos más?
—Necesitamos bastantes más, porque existe cierta desproporción entre el área y el número de dermatólogos. Lo que pasa es que no es fácil de resolver. Tuvimos vacantes que han pasado meses sin cubrir. Tendremos otras dos próximamente y no es fácil encontrar dermatólogos.
—¿Hay déficit?
—No sé si hay déficit, pero no es fácil encontrarlos para que vengan aquí. La competencia no es con la privada solo. Un dermatólogo tiene muchas opciones laborales y escoge las más favorables, como cualquiera.
—Si hubiera de profesionales disponibles, ¿cuántos necesitarían?
—Para estar en la media gallega de dermatólogos por población, deberíamos ser 8 o 9 más. La carga de trabajo aquí es mucho mayor para mantener las listas de espera contenidas. Están dentro de lo considerado aceptable, pero para ver los casos graves pronto, el peaje que hay que pagar es que las cosas leves o menos relevantes esperen más.
—Más allá de la sobrecarga, ¿qué otros retos tiene el servicio?
—Mejorar la atención todo lo que podamos. Simplificar para aumentar la eficiencia. Por ejemplo, simplificar las cuestiones administrativas para facilitar la experiencia de los 2.5000 pacientes que entran en quirófano al año o de los que vienen por curas o al hospital de día. Hay un quirófanillo que funciona toda la mañana para pequeñas intervenciones y biopsias. Todas esas pruebas no se mandan a la lista de espera, se intentan resolver en día. También es importante facilitar el desarrollo profesional y mejorar las condiciones de todos los trabajadores del servicio.
—¿Cuál es la patología más frecuente que ven?
—Con el filtro que hacemos, la patología más frecuente que llega al hospital son los tumores. Son en torno al 20% de lo que vemos. Luego están las enfermedades inflamatorias crónicas —psoriasis, dermatitis atópica…—. Además, trabajamos mucho con oncología y damos apoyo a otros servicios hospitalarios.
—Este tipo de enfermedades tiene ahora unos tratamientos más potentes.
—Para todo hay cada vez más tratamientos y más eficaces. Es una muy buena noticia. De todas formas, aunque los tratamientos sean más eficaces, no dejan de ser enfermedades crónicas y van a necesitar atención durante toda su vida.
—¿Algún tratamiento en particular que sea novedoso y que esté revolucionando alguna de las patologías?
—Toda la patología inflamatoria dermatológica está cambiando muy rápido, en los últimos años. El desarrollo de los fármacos biológicos orientados a diana específicas ha crecido mucho. Permite tratamientos más focalizados en el problema concreto del paciente y es un campo enorme de investigación con muchos tratamientos nuevos.
«El proyecto más ilusionante es incorporar a nuestro primer residente»
El doctor García Doval es director de la Unidad de Investigación de la Academia Española de Dermatología y lleva muchos años coordinando estudios multicéntricos nacionales, por lo que este campo es algo que también quiere fomentar en el servicio, donde explica que «cada vez hay más investigación».
—¿Desarrollan alguna línea en particular?
—Hay varias interesantes. Una de las que más es la del tratamiento de enfermedades raras pediátricas, como la de Darier, ictiosis y otras congénitas raras. Está dando resultados muy interesantes. También hay participación en estudios nacionales como el registro de hidradenitis supurativa, el de dermatosis atópica o el de enfermedades dermatológicas genéticas, donde el doctor Diego Soto es miembro del comité científico.
—¿Qué otro proyecto quiere implantar?
—Quizás el más ilusionante es el residente que vamos a tener. Empezamos este año. Todos tenemos experiencia en docencia. Es un cambio importante porque exige más dedicación docente, pero también puede facilitar luego el recambio de personal. Otro cambio importante es darle un papel más relevante a la enfermería. Tenemos enfermeras con mucha experiencia, muy cualificadas y tienen que tener más peso en el tratamiento de los pacientes y su seguimiento, sobre todo, en los crónicos, que suponen una carga de trabajo enorme para el servicio. Cuidar de estos pacientes es alrededor de la mitad de la actividad de consulta y en eso pueden ayudar muchísimo, haciendo educación, seguimiento y permitiendo un acceso más cómodo y más ágil a los que lo necesitan. Los cambios principales, al final, son organizativos.
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