El código infarto contribuyó a reducir la mortalidad a la mitad en el área sanitaria de Vigo en dos décadas
Cardiología organiza un simposio para hacer balance de la evolución de esta estrategia en las diferentes comunidades y proponer más mejoras

El doctor Andrés Íñiguez Romo. / A. B.
Este año se cumple un cuarto de siglo de la puesta en marcha de una estrategia que ha tenido un gran impacto en la atención a una de las principales causas de fallecimiento en España: el código infarto. Empezó Murcia, en 2001, y le siguió Pamplona, al año siguiente. Tras un año de de intenso trabajo, Galicia se convirtió en 2005 en la primera comunidad multiprovincial en ponerlo en marcha en todo su territorio y se convirtió en un ejemplo para extenderlo al resto. El Servicio de Cardiología del Hospital Álvaro Cunqueiro organiza los días 9 y 10 de abril el Simposio 25 años de código infarto en España, con ponentes de distintos puntos del país, para hacer balance y seguir trabajando en mejoras.
El código infarto es un protocolo sanitario de urgencia, diseñado para agilizar al máximo la respuesta en pacientes con infarto agudo de miocardio, ya que el tiempo es fundamental para aumentar la supervivencia y reducir las complicaciones posteriores. Coordina a Atención Primaria, el 061, los servicios de urgencias y cardiología para abrir lo antes posible la arteria obstruida del paciente mediante angioplastia coronaria (un pequeño globo que se introduce con un catéter y se infla en el punto del bloqueo).
«Fue uno de los grandes logros de la sanidad de ese momento», se congratula el doctor Andrés Íñiguez Romo, jefe de Cardiología del Chuvi y presidente de la Fundación Española del Corazón, que subraya la complejidad de ponerlo en marcha en toda una comunidad y, especialmente, con la dispersión poblacional gallega. «Es lo lógico e ideal para que haya equidad y llegue a todas las personas, independientemente de donde vivan». Detalla que tuvo «mucho impacto, porque se han atendido miles de infartos y, sobre todo, se ha conseguido bajar la mortalidad».
Explica que «uno de cada tres puede no llegar vivo a un hospital» y, de los que sí lo hacen, antes la mortalidad no bajaba del 10%. «Con la introducción del código infarto y de la angioplastia coronaria primaria hemos conseguido bajar las mortalidades hospitalarias alrededor del 2 o 2,5%, con lo que se han salvado muchas vidas».

mortalidad por infarto de miocardio / Hugo Barreiro
Estadísticas
Según datos de la Dirección Xeral de Saúde Pública, de los 1.709 fallecimientos que se registraron en Galicia por esta razón en 2004, se ha bajado de forma paulatina hasta los 804 de 2022 —último año con datos disponibles—. En el área sanitaria de Vigo se ha pasado de 241 muertes a 113.
Así, en 2022, se registraban 19,9 fallecimientos por cien mil habitantes en el área viguesa, menos de la mitad de la que se produjo el año anterior a poner en marcha el código infarto —43,7 en 2004—. En el conjunto de Galicia se ha vivido una evolución similar pasando de 62 defunciones por cien mil habitantes a 29,9.
El Programa Gallego de Atención al Infarto Agudo de Miocardio (Progaliam) atendió a 5.223 gallegos entre mediados de 2015 y el cierre de 2019. El 75,7% eran varones y la edad media fue de 63 años. El 38% accedieron a través de Primaria y el 35%, por el 061, mientras que antes de 2005, el 40% llegaba al hospital por medios propios. El tiempo medio desde los síntomas hasta la desobstrucción era de 194,5 minutos en 2019.

Tasa bruta de infartos de miocardio por sexos / Hugo Barreiro
Simposio
Durante la cita en el Cunqueiro harán un balance de cómo ha evolucionado esta atención. «Hoy en día las dotaciones de las salas de hemodinámica de todos los hospitales son muy nuevas, con mejor calidad de imagen, materiales más refinados, fármacos más eficaces, equipos más entrenados y profesionales más formados. Es una mezcla de todo», destaca el doctor Íñiguez.
Analizarán posibles mejoras. «Parece que ya funciona en automático, pero esto es como las vacunas, hay que dar dosis de recuerdo», señala el cardiólogo.
A la Administración le reclama más inversión en prevención. «Si la Dirección General de Tráfico dedica 30 millones de euros a prevenir accidentes, que mueren mil personas al año, imagínense los recursos que se deberían dedicar institucionalmente para prevenir las 115.000 o 120.000 muertes al ñaño de las enfermedades cardiovasculares».
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