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Infraestructuras

La A-52 entre Porriño y Vigo: la vía ambiental lenta para la nueva autovía amenaza con dilatarla hasta mediados de la próxima década

Transportes aún debe obtener el aval de Transición Ecológica, validar el trazado, aprobar el proyecto, licitarlo y ejecutarlo

Solo la obra se estima en cuatro años, perpetuando así la condena a no disponer de una alternativa en condiciones a la sinuosa y peligrosa A-55

Acceso a la A-55 en Bembrive.

Acceso a la A-55 en Bembrive. / Pedro Mina

Pablo Galán

Pablo Galán

Vigo

Los vigueses se verán obligados una vez más a armarse de paciencia para cobrarse una deuda histórica en materia de infraestructuras, una vez que se ha conocido que el Ministerio de Transición Ecológica ha escogido, bajo el argumento de blindarse ante posibles recursos, el examen ambiental más riguroso y, por tanto, más farragoso para examinar el tramo que debe finalizar la A-52 entre Porriño y Vigo, del que se empezó a hablar a inicios del siglo XXI.

La decisión supone certificar, asimismo, que el año 2030, la fecha prevista en su momento por el Gobierno central para poner en servicio los más de 10 kilómetros diseñados, es totalmente inviable al contemplar el estudio técnico publicado en diciembre de 2024 por el Ministerio de Transportes que el plazo de ejecución de las obras más optimista era de unos cuatro años, por lo que la amenaza de que se demore al menos hasta mediados de la próxima década es una hipótesis muy factible.

Con un presupuesto estimado de 390 millones de euros, el tramo pendiente de la A-52 está todavía en una fase administrativa que dista mucho del momento en el que las máquinas y los operarios puedan ponerse a trabajar en el terreno. El Ministerio de Transportes remitía la documentación a Transición Ecológica a finales del mes de febrero para la evaluación de impacto ambiental y este examen, al ser por la vía ordinaria y teniendo en cuenta lo sucedido con expedientes de otras autovías en España, puede demorarse entre uno y dos años, siempre que sea favorable, hasta que el dictamen sea publicado en el Boletín Oficial del Estado.

Una vez Transportes disponga del 'OK' ambiental, lo que podría suceder bien entrado 2027 al haberse dado ya algunos pasos importantes en la tramitación administrativa, debe validar definitivamente el trazado escogido para la autovía entre Porriño y Vigo. La alternativa escogida inicialmente entre las tres barajadas por los técnicos contempla un vial de 10,5 kilómetros, de los que algo más de cuatro serían túneles logrando una conexión directa entre ambos municipios pasando por Mos y concluyendo en la A-55, en la zona del nudo de Baruxáns, en Bembrive.

El recorrido que se elija debe volver a someterse al escrutinio público para recabar de nuevo alegaciones y consideraciones de administraciones y potenciales afectados, al recogerse también el listado de bienes que estarían afectados por las expropiaciones. Es un paso especialmente sensible, como ya se demostró con la exposición del documento técnico que recogía las alternativas pensadas para concluir las A-52, encontrándose con un feroz rechazo procedente principalmente de Mos y Bembrive, donde entienden que esta infraestructura supone un daño irreparable al afectar a 25 viviendas y 46 inmuebles. El gobierno local de Vigo, por su parte, fija esta carretera como un «objetivo irrenunciable».

Con el trazado aprobado en firme, quedaría todavía acometer la redacción del proyecto constructivo, un trabajo que en expedientes de estas características suele demorarse meses. Sin este documento, es imposible estar en disposición de licitar las obras, para las que debe existir un respaldo presupuestario, circunstancia que en los últimos años está suponiendo un lastre al llevar el actual Gobierno toda la legislatura sin ser capaz de actualizar las cuentas estatales. Esto limita considerablemente la capacidad financiera para afrontar inversiones de calado como es la finalización de la A-52.

Aun superando todos estos obstáculos burocráticos, quedaría todavía por ejecutar la construcción de una carretera que, dada su complejidad por la orografía y discurrir bajo tierra casi la mitad del recorrido, estaría expuesta a imprevistos que suelen dilatar sensiblemente los plazos previstos, en este caso de cuatro años en la estimación inicial publicada por el Ministerio de Transportes.

El largo recorrido que queda por delante perpetúa, por su parte, la condena para los miles de conductores que se ven obligados a utilizar la A-55 por las sinuosas curvas de Tameiga, donde hay un accidente cada 30 horas.

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