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Entrevista | Roberto Rodríguez González CEO de Dathum, empresa de IA y RR. HH.

«La IA puede poner en riesgo las democracias»

Ofrecerá una charla en Vigo el jueves en el marco de una jornada sobre digitalización titulada «El valor humano en tiempos de IA»

Roberto Rodríguez González, CEO de Dathum.

Roberto Rodríguez González, CEO de Dathum.

Vigo

Roberto Rodríguez González (Vigo, 1975), CEO de Dathum, empresa con sede en Madrid líder en España en aplicación de herramientas de IA (inteligencia artificial) y recursos humanos, ofrecerá una charla en Vigo el jueves en el marco de una jornada sobre digitalización organizada por la agencia de marketing digital Esterea con motivo de su 15 aniversario en el museo Marco. «El valor humano en tiempos de IA» es el título de su intervención.

— ¿Cuál es el valor humano en tiempos de IA?

Creo que es algo que tenemos que descubrir. Estamos en el debate de qué vamos a hacer con las máquinas, pero la gran pregunta que se deben hacer gobiernos y empresas es qué parte del humano es la que queremos preservar.

— ¿Cree que esto sucederá pronto?

En los próximos cuatro o cinco años, al ritmo al que va todo, va a haber que tomar decisiones drásticas. Ya vemos a las compañías haciendo movimientos importantes, sobre todo, en sustitución de determinadas funciones por inteligencia artificial. Es algo que tenemos que resolver ya, no solo desde un punto de vista empresarial, sino también educativo. Tenemos un problema encima de la mesa. Y me preocupa qué vamos a hacer con nuestros hijos. ¿Los vamos a seguir educando como hace 40 o 50 años para un mundo totalmente distinto? Esa es una pregunta clave.

— ¿Podría servir la IA para reducir la jornada laboral en lugar de recortar empleo?

Aquí se habla de la paradoja de Jevons: cuando una tecnología optimiza, puede hacer que el recurso se consuma más en lugar de menos. La tecnología trae una capacidad cognitiva espectacular y puede hacer que se demande más capacidad, no menos. No necesariamente va a quitar trabajo, puede generar mucho más. No creo que vayamos a necesitar menos humanos, igual necesitamos más para otro tipo de funciones. La reducción de jornada es una vía, pero también están sobre la mesa cuestiones como la renta universal o si los algoritmos deben cotizar. Es más un problema de corto plazo que de medio o largo.

— ¿Qué les diría a los trabajadores que temen perder su empleo por la IA?

Las tareas mecánicas y basadas en conocimiento repetitivo son las que tienen más riesgo de ser asumidas por la inteligencia artificial. La clave es preguntarse qué aportas tú. Tenemos que empezar a formarnos, capacitarnos y pensar de manera distinta. Hace falta una mentalidad de emprendimiento, incluso dentro de las propias compañías. Muchas empresas contratan a personas para realizar tareas repetitivas que son perfectamente sustituibles. Si estuviera en riesgo de perder el empleo, pensaría en cómo puedo aportar un valor diferente.

«Hay que fomentar la capacidad de pensamiento crítico, horizontal y creativo»

— ¿Qué perfiles serán más demandados?

Se habla mucho de oficios como fontaneros o carpinteros: la cantidad dispuesta a pagar por estos profesionales puede duplicarse frente a otros perfiles, como un desarrollador de software. Todo lo relacionado con pensamiento crítico, creatividad y capacidad de hacer preguntas importantes. Además, especialistas muy buenos en algo concreto ganarán mucho valor, porque la inteligencia artificial los multiplica. Hay que fomentar la capacidad de pensamiento crítico, horizontal y creativo.

— ¿Están más a salvo los oficios tradicionales?

Sí, al menos, en el medio plazo. Además, tienen una demanda creciente. Hay una asimetría brutal en el mercado laboral para encontrar estos perfiles. Muchas empresas tienen dificultades para cubrirlos y se recurre a mano de obra extranjera. Deberíamos pensar qué hacer desde la formación profesional y desde el propio Gobierno para fomentar este tipo de trabajos.

— ¿Qué otros trabajos pueden mantenerse por su componente humano?

Todo lo relacionado con atención al cliente, la hostelería, la distribución —pescaderos, carniceros, retail— y también el ámbito sanitario. En funciones donde se requiere trato humano, las personas prefieren tratar con humanos. Igual que ocurre con los call centers: la gente está dispuesta a pagar más por hablar con una persona. Habrá trabajos específicamente para humanos: en los que la gente no querrá tratar con una IA.

— ¿Existe el riesgo de deshumanizar la gestión de recursos humanos por la IA?

Existe esa tentación, pero el humano seguirá necesitando a otro humano. Igual que en situaciones personales importantes, como si fallece un familiar, esperamos que nos hable una persona y no una máquina. En la gestión de personas, ocurrirá algo similar. Debemos buscar espacios para reflexionar y pensar en alto. Es obligatorio abrir el debate y plantear escenarios para poder anticiparnos y definir qué queremos que suceda. Este tipo de eventos como el del jueves en Vigo son clave para ello.

— ¿Cuál es su mayor preocupación en relación con la inteligencia artificial?

Que los gobiernos utilicen la IA como un arma para enfrentarnos a la sociedad. También me preocupa que se unifique el pensamiento, que todos acudamos a una misma fuente de información y se pierda la diversidad. Eso podría poner en riesgo las democracias y favorecer sistemas más totalitarios, en los que el poder estaría en manos de oligarcas tecnológicos. Tenemos que ver cómo convivimos con la IA.

— ¿Podría la IA llevarnos a sistemas totalitarios si no se regula?

Yo creo que sí.

— ¿Quién debería controlarla?

Ahí está la duda, porque los propios gobiernos pueden querer ese control. Quizá deberían ser entidades independientes privadas con incentivos privados. Muchas veces, los gobiernos son los primeros interesados en utilizar estas herramientas para sus propios fines.

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