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Investigación

La presencia de anisakis aumenta en las poblaciones gallegas de delfín común

Un estudio del IIM-CSIC que relaciona la dieta de los cetáceos con la carga de parásitos constata que su presencia es mayor en los primeros meses del año y en los ejemplares de mayor tamaño

Manada de delfines comunes en la Ría de Vigo.

Manada de delfines comunes en la Ría de Vigo. / Manuel E. Garci (IIM-CSIC)

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Vigo

El delfín común (Delphinus delphis) es una de las principales especies de cetáceos que habitan a lo largo de toda la costa gallega y también un hospedador clave para que el anisakis pueda completar su ciclo vital. De ahí que comprender la relación entre ambos no solo aporta información sobre el estado de las poblaciones de este parásito en el ecosistema marino, sino que también puede contribuir a mejorar la salud pública, aumentando la consciencia sobre la necesidad de tomar precauciones.

Un estudio desarrollado en el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC) constata que la carga de parásitos ha aumentado en el delfín común, además de otros hallazgos que vinculan la presencia de anisakis con la alimentación, tras analizar los estómagos de más de un centenar de ejemplares que aparecieron varados entre 2004 y 2024 y fueron recogidos por el CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños).

La bióloga marina y autora del trabajo, Elisa Rueda.

La bióloga marina y autora del trabajo, Elisa Rueda. / Cedida

«Galicia vive mucho del mar y es importante conocer qué está pasando con el anisakis porque la población de delfín común es muy grande y además también nosotros podemos infectarnos», señala Elisa Rueda, que desarrolló esta investigación como trabajo final del máster en Biología Marina de la UVigo tutorizada por Graham J. Pierce, del IIM, y Gema Hernández, del Oceanográfico de Vigo (IEO-CSIC).

Los resultados se basan en el contenido estomacal de 117 delfines, 53 hembras y 64 machos, cuyas necropsias fueron realizadas por expertos del CEMMA. El 74% de ellos aparecieron en las Rías Baixas y casi el 40% presentaban signos de captura accidental. «Desgraciadamente, esta interacción de los cetáceos con las artes de pesca nos permite contar con ejemplares sanos, no solo con aquellos que acaban varados enfermos, y disponer de una muestra un poco más representativa de la población», apunta.

Además de contabilizar el número de anisakis en sus vísceras, los investigadores del IIM determinaron la dieta de cada ejemplar a partir de otolitos (estructuras del oído interno), huesos mandibulares y vértebras de los peces, así como picos y ojos de los cefalópodos. «Utilizamos guías de identificación y una colección de Graham J. Pierce y Gema Hernández. Es un trabajo muy meticuloso y laborioso. Y además estimamos la talla y el peso de las presas para saber, por ejemplo, no solo si un delfín había comido 20 merluzas, sino también de qué tamaño eran. No es la dieta completa, porque se trata de los restos de las últimas comidas, ni todos los anisakis que ha acumulado a lo largo de su vida, pero es una buena base», destaca Rueda.

Expertos del CEMMA, junto a un ejemplar de delfín común varado en la costa gallega.

Expertos del CEMMA, junto a un ejemplar de delfín común varado en la costa gallega. / CEMMA

La mayoría de anisakis encontrados en los estómagos eran pequeños y probablemente se encontraban en estado larvario, mientras que los adultos estaban presentes en bajas cantidades. Y, respecto a la dieta del delfín común, se confirmó que la bacaladilla es la presa más importante junto con la merluza, el bacalao y los gobios. Los cefalópodos también forman parte de ella, pero en menor proporción, siendo los calamares los más abundantes.

Los resultados, que acaban de ser publicados en la revista Animals incluyendo los resultados de otros trabajos similares, revelaron un aumento de la carga parasitaria a lo largo de los años de estudio y un patrón estacional, registrándose un pico en los primeros meses del año. Los delfines de mayor tamaño contenían más parásitos, probablemente porque consumen más alimentos, mientras que los que murieron por captura accidental en artes de pesca presentaban menos.

Los investigadores también encontraron menos parásitos en aquellos ejemplares con mayor contenido de caballa atlántica y bacaladilla en sus estómagos, lo que confirma que la dieta podría ser un factor importante a la hora de determinar su presencia.

Un ejemplar de delfín común.

Un ejemplar de delfín común. / CEMMA

«Contar con muestras a lo largo de varios años nos ha permitido comprobar el aumento de anisakis. Ya se había visto en estudios anteriores con peces y lo que corroboramos ahora es que esto también ocurre en los cetáceos y en el ecosistema en general», añade Rueda.

«Los delfines son el hospedador definitivo al que el anisakis necesita llegar porque solo puede reproducirse en mamíferos marinos. De hecho, puede infectar a humanos pero no reproducirse en ellos. Sus formas más pequeñas, las primeras larvas, son ingeridas por crustáceos pequeños que luego se comen los peces y los cefalópodos. Y así llega hasta los cetáceos, donde puede adherirse al estómago, sobrevivir y reproducirse. Son una parte esencial para que el parásito complete el ciclo y vuelva al medio», subraya Elisa Rueda, que dedica su doctorado a profundizar en este tema.

Ya ha empezado a recoger más estómagos en colaboración con el CEMMA, pero está pendiente de conseguir financiación para poder continuar con su investigación: «Partimos de ese primer trabajo para hacer un estudio similar, pero mucho más amplio y profundo. La idea es intentar estudiar cuántos de los parásitos que tienen los delfines son capaces de reproducirse, cuántos huevos ponen y cómo vuelven otra vez al medio para modelar todo su ciclo completo y comprender cómo funciona en el ecosistema, que es algo que falta por conocer del anisakis».

«Estamos recogiendo estómagos de una manera más ordenada, un número determinado cada mes para asegurarnos la misma representación a lo largo de todo el año y así observar de manera más fiel a la realidad si aumenta o desciende la carga de parásitos. Y el estudio del contenido estomacal lo vamos a ampliar con técnicas de genética que nos permitan saber todas las especies que ha comido el delfín y así determinar de una manera más amplia cuáles pueden haber introducido el anisakis», detalla.

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