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Crecen los vigueses en la diáspora: «Allí no tenía trabajo fijo ni buenas condiciones»

El Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE) recoge un aumento de 4.300 pontevedreses en el extranjero entre 2025 y 2026. En parte podría estar impulsado por la ley de nietos, que facilita la obtención de la nacionalidad española

Sheila Martín, Juan Alonso y Mara de Miguel

Sheila Martín, Juan Alonso y Mara de Miguel / FdV

Vigo

«Mi sueño era trabajar en una cárcel y en Cambridge pude hacerlo, mientras que en España hay oposiciones», dice Mara de Miguel, una viguesa que decidió dejarlo todo ocho años atrás para poder dedicarse a lo suyo. Es una de las miles de personas que se reflejan en el último Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE). Según sus datos, en 2026 hay 164.995 pontevedreses viviendo en la diáspora, el equivalente a todos los habitantes de Santiago de Compostela. Entre ellos hay un gran porcentaje de vigueses, ya sea por mejores condiciones de vida o por necesidad de probar algo nuevo hacen la maleta y se van.

Entre 2025 y 2026 los pontevedreses en el extranjero aumentaron en más de 4.300 personas. Esto supone uno de los mayores crecimientos interanuales de los últimos tiempos. En cambio, entre 2021 y 2022 solo subieron en mil personas. Esta escalada no puede explicarse únicamente por nuevas migraciones, sino que refleja principalmente el impacto de la ley de nietos, cuyo efecto se observa de forma más clara varios años después de su aprobación, en 2022.

Esta medida se incluyó en la Ley de Memoria Democrática y permite que los hijos y nietos de españoles que emigraron (muchos durante la Guerra Civil y la dictadura) puedan obtener la nacionalidad española. Por tanto, algunos de los cientos de pontevedreses que se reflejan en la estadística quizá nunca pisaron la provincia.

Precisamente esta novedad puede ser una de las guías para entender dónde se ubica el grueso de la población que vive en el extranjero. Los países con mayor concentración de pontevedreses son Argentina, Uruguay o Brasil, destinos recurrentes en la época de la emigración. En el primero se concentran 55.619, en el segundo 27.398 y en el tercero 14.630.

A estos les sigue otro país elegido décadas atrás: Suiza. Allí viven este año 8.245 personas de esta provincia, seis menos que el anterior.

También destacan Alemania y Estados Unidos, con más de 6.000 vecinos cada uno. En este caso, ambos experimentaron más llegadas en los últimos años. En décimo lugar se sitúa el Reino Unido, con acogidas que continúan creciendo, aunque de forma más moderada desde el Brexit y poco después desde la pandemia. En este momento hay 4.383.

Vigueses por el mundo

Juan Alonso instala placas solares en Nueva York. Se pasa la jornada laboral subido a un rascacielos. Siempre quiso salir de la ciudad olívica y, aunque su primera opción era Australia, conocer a la que ahora es su mujer le cambió los planes. Empezaron a salir en España, pero a ella le surgió una buena oportunidad en la Universidad de Columbia y sin pensárselo dos veces se mudaron a los Estados Unidos. «Aquí hay muchas oportunidades para quienes quieren trabajar y moverse, el ritmo de vida es dinámico. Eso sí, su coste es elevado», cuenta. Ellos pudieron heredar un apartamento y así tener mayor calidad de vida.

El país en el que vive desde hace cinco años está de actualidad por los últimos movimientos de su presidente, Donald Trump: «Se percibe cierta tensión y división a nivel social, pero no afecta constantemente. En redes sociales es otra cosa: parece que en cualquier momento se va a acabar el mundo», reflexiona. Echa de menos la calidad de vida de España, pero reconoce que le gustaría en cualquier caso volver con patrimonio o fuente de ingresos.

Sheila Martín eligió Alemania, concretamente Múnich. Estudió para ser profesora de español para extranjeros, por lo que irse parecía la opción más razonable. En un inicio fue para vivir la experiencia y aprender el idioma, pero en este momento trabaja en un colegio, en la universidad y en el Instituto Cervantes. Confiesa que los alquileres son mucho más elevados que en Vigo, casi del doble, y que el coste de vida en general es más alto. Sin embargo, la diferencia salarial le compensa esa subida. Su decisión de emigrar estuvo muy ligada a las oportunidades laborales. En Vigo, los salarios eran precarios, con sueldos de alrededor de ocho euros la hora y jornadas incompletas, lo que dificultaba la estabilidad. «No tenía un trabajo fijo ni buenas condiciones», apunta.

Mara de Miguel, otra viguesa, se fue hace ocho años a Cambridge. Allí encontró una oportunidad que en España veía mucho más complicada, trabajar en una prisión. Aunque su decisión inicial era mejorar el inglés, pronto descubrió que podía estudiar un doble grado en Psicología y Criminología y acabar teniendo su empleo soñado. Más allá del ámbito laboral, destaca aspectos positivos como la educación, la oferta cultural o el ambiente internacional. Sin embargo, reconoce que el coste emocional también es importante. Echa de menos la cercanía de su familia y el estilo de vida de Vigo: la playa, los planes al aire libre o la vida social.

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