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ADIÓS A UN HISTÓRICO DEL PERIODISMO GALLEGO

El periodista vigués que acercó el pulso de Vigo a través de sus crónicas

Fernando Franco plasmó de forma certera y cercana las escenas y los personajes de la ciudad en sus distintas secciones y defendió las manifestaciones culturales en toda su pluralidad

Fernando Franco, en una fotografía tomada en su casa viguesa.

Fernando Franco, en una fotografía tomada en su casa viguesa. / ALBA VILLAR

Vigo

Fernando Franco (Vigo, 1951-Salamanca 2026) transitó por los diferentes géneros con maestría –información, entrevista, reportaje humano, crónica, opinión...– transitando entre distintas secciones. Sus artículos enriquecieron Local, Sociedad, suplementos como el «Estela» y la contraportada y acercaron al lector el pulso cotidiano, la cultura sin estridencias, la noche viguesa, los actos sociales y las reuniones de amigos, y esas biografías que merecían ser contadas –dejó más de 170 memorias en forma de memorias en primera persona–. Durante veinte años, entrevistó a cientos de conferenciantes del Club FARO y cubrió los actos. Había espectadores que acudían tan atraídos por los ponentes como por verlo a él.

-«¿Hoy no viene Fernando Franco», me preguntó una señora la primera vez que le sustituí en esta labor.

El síndrome de la impostora me clavó sus garras.

También los presentó. La última vez fue el pasado 3 de diciembre. El lunes, la muerte apagó su voz, pero para siempre nos quedarán sus palabras, tan cercanas como certeras, su manera de mirar el mundo, su forma de querer a Vigo y a los vigueses.

Vinculado a FARO desde 1981, fue una de las firmas de «Pharo the Be Go», mítico suplemento bimestral sobre la movida viguesa que se publicó entre 1984 y 1986. En sus páginas da dejó constancia de su maestría para contar casi cualquier historia en apenas unas líneas. El espacio no era una tiranía para él, o no al menos de la misma manera que a los demás, porque sabía diferenciar la esencia de lo superfluo. Años después, en 2018, quienes protagonizaron esas páginas le rindieron homenaje en una fiesta en El Ensanche con motivo de los cuarenta años de oficio.

Este cronista oficioso acercó escenarios, personajes y escenas de la vida de Vigo en «La ley de la calle», que durante varios años firmó con el seudónimo de Raimundo Gamboa. Ya utilizando su propio nombre, continuó esta labor en «Miradas olívicas» y en sus secciones más emblemáticas: la diaria «Mira Vigo», que firmó por primera vez el 3 de enero de 2001, y la dominical «Sálvese quien pueda», hasta ahora la más longeva del diario, donde también le tomó el pulso a temas de actualidad como la sanidad pública.

Franco se embutía el traje de periodista antes de poner el pie en el suelo cuando despertaba y no se deshacía de él hasta que se acostaba. La jueza Teresa Conde Pumpido, gran amiga del periodista vigués, atesora anécdotas sorprendentes, como la ocasión en que la entrevistó en una discoteca de moda a las cuatro de la madrugada. «Cogió unas servilletas en la barra, nos sentamos en una mesa y ahí mismo me hizo la entrevista. Tenía la capacidad de captar al vuelo el interés de cualquier comentario y convertirlo en una historia», afirma.

La jueza destaca también su ética periodística. «Me entrevistó muchas veces, sobre todo en mi etapa como abogada. Siempre encontraba el punto esencial de lo que querías contar y lo reflejaba fielmente. Podías confiar plenamente en él: no manipulaba ni deformaba lo que decías», añade.

Ya se sabe que lo que no se cuenta no existe. Por eso, todo el que se preciaba quería salir en el «Mira Vigo». Lo que en un principio parecía una crónica social desenfadada se convirtió, como dice Conde Pumpido, en un lugar de encuentro de personas de profesiones muy dispares.

«‘Mira Vigo’ era una sección que leíamos todos los días y no todos confesábamos que la leíamos», afirma Javier Buján, director de la Fundación Laxeiro, que lo define como un periodista comprometido con las manifestaciones culturales en toda su pluralidad. «No dejaba nada importante en el tintero», sostiene.

Destaca Buján la cercanía de la pluma del periodista. «Le daba una frescura a su estilo que vamos a echar todos mucho de menos. Él tenía ese don, ese oficio, y también talento. La cultura le va a echar de menos», afirma.

Fernando Franco (sentado), con los representantes de la movida que le homenajearon en 2018.

Fernando Franco (sentado), con los representantes de la movida que le homenajearon en 2018. / JOSE LORES

Y no se le escapaba nada porque siempre estaba dispuesto a escuchar una buena anécdota. «Siempre te preguntaba qué novedades tenías. Siempre estaba buscando historias para el ‘Mira Vigo’ y era el primero en ofrecerse a colaborar con los actor culturales de la ciudad y su participación suponía un importante impulso», manifiesta el marchante de arte Fernado Magdalena.

En su opinión, su fallecimiento, a los 75 años, supone una pérdida muy importante para la ciudad. «Cubría unos ámbitos que ahora no sé quién podrá cubrir, especialmente en el apoyo a la cultura, al arte y a la literatura», agrega.

Para el actor Antonio Durán «Morris», que le conocía desde hace cuarenta años, era «periodista, escritor y amigo». Recuerda de una manera especial una entrevista que le realizó en el que ahora es el teatro Afundación, marcada por la cercanía y la frecura. «Fernando lo tenía todo: era una persona cercana y un gran profesional. Siempre estaba ahí. Para todos era familia», afirma.

Con él estuvo en uno de los momentos más difíciles, la muerte de su pareja, Emma, de quien el carismático periodista también era amigo, pero también compartió sus éxitos, que Franco plasmó en el decano. Para él, tiene especial importancia la crónica que realizó de la película «A esmorga».

Franco también demostró que la crónica social no está reñida con la calidad literaria. Esto lo atestigua Antonio García Teijeiro, premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. «Tiña unha gran capacidade para concentrar todo o que quería dicir cunha riqueza verbal directa extraordinaria. En poucas liñas era capaz de mostrar a verdadeira esencia das persoas», comenta.

El escritor, que en su juventud también quiso ser periodista, aunque al final se decidió por la docencia, conoció a Franco precisamente entonces. «Para min foi un flash poder escoitar a alguén que xa estaba facendo xornalismo cando eu tamén quería facelo, aínda que finalmente non o fixen. Sempre o seguín», sostiene

Destaca, además, que su traballo estuvo siempre apegado a la ciudad y a las personas que en ella vivin. «Non escribía por escribir, senón sobre persoas vencelladas a Vigo, e era capaz de entrar e saír das historias dunha maneira maxistral, con ironía, humor e proximidade», dice.

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