ADIÓS A UN HISTÓRICO DEL PERIODISMO GALLEGO
Fernando Franco, inevitablemente te echaremos de menos

Fernando Franco, en 2023. / Marta G. Brea
Conocí a Fernando Franco cuando, ya desde los comienzos del Club FARO, hacía la crónica de las conferencias que allí se impartían. Charlábamos antes de iniciarse el acto. Luego, terminada la conferencia y antes del coloquio, le veía salir apresuradamente del local (el edificio del entonces Rectorado) para llevar la crónica al periódico. Me asombraba la destreza con que extractaba la intervención del conferenciante. Durante un tiempo, aderezaba el reportaje con una columna adicional, minicrónica social del acto a cuyas líneas asomaba siempre su sonrisa indulgente. Era, sin duda, un gran periodista.
Debo a su generosidad, que no a mis méritos, que varias veces me prestara atención desde su mirador vigués, y que, además, me incluyera en la serie de Memorias que publicaba en Estela, el suplemento dominical de FARO. Fue durante la entrevista de preparación de ese reportaje, mantenida en la terraza del Don Gregorio, al calor de un café mañanero, cuando él me contó que, como miembro del Cuerpo de Operaciones Especiales, fue uno de los cuatro soldados que durante una noche velaron el cadáver de Franco en el Palacio Real. En la misma ocasión, hablamos también de nuestras respectivas estancias en la Universidad de Navarra, donde yo había iniciado la carrera de Derecho y él cursó entera la suya de periodismo.
Por el afecto y consideración que le tenía, le pedí que interviniese en la presentación de mi libro Cuaderno de Bitácora, a lo que, con largueza y afabilidad, accedió. Como era de esperar, estuvo magnífico. Inteligente y ocurrente. Le solicité después que me enviase el texto de su alocución, y así lo hizo; ese es ahora el recuerdo más directo y cercano que guardo de él. Y hoy, que ando a vueltas con su recuerdo, releo el escrito y vuelvo a disfrutar de su buena prosa entreverada de finas hebras de humor. Dijo en aquella ocasión que periodistas y jueces nos hemos mirado siempre de refilón. Vale como apreciación general; pero no ha sido nuestro caso; nos hemos mirado siempre de frente, y de modo franco. Nos quedó pendiente una conversación sobre un tema que entonces él apuntó: el de un periodismo judicial que tiene demasiado de filtración y muy poco de documentación rigurosa, extravío que Fernando, como buen periodista (hace rato que estoy tratando de eludir la expresión, pero ahora va: periodista de raza), reprobaba. Y tenía razón.
Fernando ha sido el cronista de Vigo, de nuestro Vigo, el que vivimos y hemos vivido, el de nuestros recuerdos cercanos, el de nuestros afanes y esperanzas, el de nuestra moda y el de las noches viguesas «de blanco satén». Y ahora me dicen que se ha ido. Pero yo digo que se ha quedado para siempre formando parte inextinguible del ADN de Vigo. Aun así, te echaremos de menos, Fernando.
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