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Vivienda

Jóvenes que escapan del alquiler en Vigo y se hacen propietarios: «Todo son precios desorbitados sin sentido»

En la ciudad hay 12.603 propietarios que alquilan su vivienda. Tienen una media de 62 años y muchos son pensionistas. En la otra cara de la moneda los inquilinos: el 77% es población activa con empleo

Miguel, Sara y Daniel, jóvenes propietarios.

Miguel, Sara y Daniel, jóvenes propietarios. / Cedida

Vigo

Sara y Miguel están a tan solo unas horas de firmar y convertirse en propietarios de un piso en Teis, en los inicios de la calle Sanjurjo Badía. Es una decisión que tomaron tras años pagando alquileres y a sabiendas de que en pocos meses les iban a subir la mensualidad. Tienen 28 y 29 años y son una rara avis en su grupo de edad: solo un 7% de los inmuebles son adquiridos por personas de menos de 31 en Vigo.

Datos recientes del Instituto Galego de Estatística referentes a 2025 muestran que en la urbe hay 12.603 propietarios que alquilan su vivienda. La media de edad de estos arrendadores se sitúa en 62 años, uno más que en 2024. Las cifras arrojan una realidad social: gran parte del alquiler de la ciudad está en manos de personas que están cerca de la jubilación o ya retirados.

Una parte importante de este grupo son pensionistas, con una edad media que se eleva hasta los 76 años. Con todo, también hay un sector relevante de trabajadores en activo. Son el más numeroso entre los tenedores y su edad media ronda los 51 años. En conjunto con los anteriores dibujan un mapa de pequeños propietarios particulares, de edad avanzada y con entre una y dos viviendas en alquiler.

Por otra parte, los inquilinos en la provincia de Pontevedra son personas mayoritariamente en edad laboral. Según el IGE, cerca del 77% de quienes viven de alquiler están afiliados a la Seguridad Social, por lo que son principalmente trabajadores en activo. Frente a ellos, los pensionistas representan una pequeña proporción (del 9%) y las personas en paro son minoría.

A este grupo pertenecen los jóvenes que viven de alquiler y que logran (o lograrán) dar el salto a comprar. Es el caso de Daniel, un chico de Vigo que hace poco encontró una oportunidad. «Eu levaba currando desde os 14, dando clases particulares, con traballos de verán, e xa entón comecei a aforrar», cuenta. Hace dos años sacó plaza como funcionario, pero antes tuvo un trabajo estable en otra ciudad. «Cando voltei xa estaba botando un ollo e a verdade é que os prezos son unha locura. Non se vía nada por menos de 150.000 euros», recuerda. En la mayoría de inmuebles le pedían entradas de al menos 40.000 euros, una cifra que pese a que contaba con ahorros, no tenía.

Pero dado que había estado trabajando quiso seguir buscando. Encontró un anuncio de un piso a solo diez minutos de su trabajo, con plaza de garaje y sintió una sensación de «ahora o nunca». «Tiven a sorte de que os propietarios querían vendelo canto antes porque tiñan algunha débeda», indica. Se lanzó y lo compró. Tuvo que pedirle 5.000 euros a su familia y logró alcanzar la entrada.

Sara y Miguel están a punto de convertirse en propietarios. Cansados de hacer frente a alquileres que subían su precio, buscaron la forma de comprar. Ella podía hacerlo a tocateja al haber recibido una herencia familiar, pero él no. Encontraron una forma de llevarlo a cabo: ella pagará su mitad de una vez y él lo irá haciendo poco a poco (financiado por el banco).

Estaban alquilados en Plaza América, pero su objetivo principal era salir de ese barrio por el tráfico constante. «Comenzamos mirando en Casablanca y en Bouzas, pero nada. Encontramos en Teis. Estuvimos años mirando esporádicamente, teníamos de límite el 2027 porque nos iban a subir mucho el alquiler», recuerda la joven. Todo era muy caro o estaba «en condiciones deplorables» y había que hacer grandes inversiones en una reforma. «Todo eran precios desorbitados sin sentido, pisos de los años 70 que necesitaban muchísimo trabajo y te pedían más de 300.000 euros», indica.

El inmueble que encontraron necesita algunos cambios, pero no estructurales. Sus únicos requisitos eran que tuviera ascensor, garaje y que no fuese una oficina reconvertida en vivienda.

«Tuvimos suerte. Nuestros amigos que están buscando están planteándose comprar de obra nueva e hipotecarse hasta las cejas. La gente joven quiere escapar del alquiler porque todo el mundo sabe que lo van a seguir subiendo y cada vez está todo más tensionado», lamenta.

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