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Día Internacional de la Endometriosis | Laura Acuña Paciente con endometriosis

«Durante casi 30 años sufrí un dolor que ni en el parto y lo tenías que ocultar»

Esta viguesa trata de dar visibilidad con su testimonio a una enfermedad que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil, pero aún está invisibilizada

Demanda también más investigación para descubrir una cura

Laura Acuña.

Laura Acuña. / Pablo Hernández Gamarra

Vigo

Desde que a los doce años le bajó la primera regla, la viguesa Laura Acuña ha padecido intensos dolores abdominales. «Un dolor horrible, aguantando mientras estudiaba la carrera, encogida en el trabajo... ». Así durante veinte años hasta que, por casualidad, en una intervención tras el nacimiento de su primer hijo, descubrieron que padecía endometriosis severa. El diagnóstico no cambió gran cosa en su vida porque, por aquel entonces, no le dieron más explicación ni le ofrecieron un tratamiento o atención por ello. Tuvo que esperar hasta hace cinco años, ya con 41, a que tras una visita por fuertes dolores a urgencias la mandaran a la unidad especializada del Chuvi, la pionera en Galicia, donde con un DIU hicieron que cesara la tortura. «Si me lo hubieran visto antes, mi vida hubiera sido muy diferente», lamenta, en la antesala del Día Internacional de la Endometriosis, que se celebra este sábado, 14 de marzo.

En la endometriosis, que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil (de los 15 a los 50 años), el tejido que recubre el interior del útero crece fuera de él y se extiende incluso por otros órganos.

«Este dolor no es normal», estaba «harta de decirle» ella a todas las médicas que le tocaban en el centro de salud. Le recomendaban que tomara paracetamol antes de que le bajara la menstruación. «Era como tomar agua», lamenta. Su regla era «exageradamente abundante» y siempre tenía anemia. Y, a pesar de todo ello, nunca la derivaban a un especialista. «Por ser mujeres, parece que tenemos que pasar por eso y ya. Y eso que todas mis médicas fueron siempre mujeres», comenta.

Un diagnóstico que tardó 20 años

Tras el primer parto, en 2012, tuvo una infección por la que la tuvieron que intervenir. Al hacerle la laparoscopia, lo vieron. Por fin sabía el motivo de sus dolores. Sin embargo, lo que ella sintió fue «preocupación» porque nadie le explicó nada más. Aunque la unidad de endometriosis del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) ya había nacido en 2010, ella pertenecía por aquel entonces a Povisa. «Me busqué la vida, busqué información», recuerda. Más tarde, llegó a la asociación de afectadas querENDO,  que surgió en 2015 para prestar ayuda física, psicológica y educativa de las afectadas y a sus familias, así como para desarrollar actividades sociosanitarias que den a conocer la enfermedad, contribuyendo así a un diagnóstico precoz que mejore su calidad de vida.

Tuvo una segunda hija, en 2017 y los dolores no solo no cesaban, sino que se agudizaron «incluso sin menstruación». Recurrió al Servicio de Urgencias a los 41 años y entonces sí la derivaron la unidad especializada de endometriosis. No la podían operar por la dificultad de las zonas por las que se extendía. Le propusieron probar el DIU hormonal. «Fue mi salvación», asegura y explica que no a todas las mujeres les funciona. «Mi calidad de vida es mucho mejor», asegura.

Además del DIU, se cuida. Sobre todo, en cuanto a alimentación y el ejercicio. «Tienes que evitar las digestiones pesadas por la sensación de inflamación, con la barriga hinchada, te sientes como un globo, con pesadez de piernas», describe.

Destaca que, «afortundamente», pudo tener dos hijos. Y es que la endometriosis provoca dificultades para concebir al 40% de las que lo padecen. De hecho, muchas pacientes descubren que la sufren cuando tratan de quedarse embarazadas. Laura, ahora, ya es infértil por esta patología. Se lo vieron en una resonancia reciente. «Si lo hubiera sabido, igual me ponía antes a tener hijos», señala.

«Durante casi 30 años sufrí un dolor que ni en el parto y lo tenías que ocultar, porque te podía perjudicar, lamenta. No quiere que las nuevas generaciones también se vean obligadas a silenciarlo, así que ahora ella habla de su enfermedad cada vez que tiene ocasión. «No quiero que si una niña tiene un dolor fuerte con la regla le digan que es algo normal», defiende y añade: «Espero que nadie tenga que pasar por lo que pasé yo». Además de darle visibilidad a la enfermedad para que otras se reconozcan en su relato —tanto para contribuir a un diagnóstico como para darse apoyo si ya lo tiene— también demanda más investigación para dar con el origen y, en ese camino, llegar a una cura.

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