Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

RESTRICCIONES

Locales de hostelería de Vigo ya exigen consumición mínima a los clientes para poder sentarse y limitan el número de carritos de bebé

En las mesas de grupo solicitan que todos pidan «al menos un agua»

Entrada de la cafetería Van Gogh, con el cartel de «consumición mínima obligatoria»

Entrada de la cafetería Van Gogh, con el cartel de «consumición mínima obligatoria» / Alba Villar

Los locales de hostelería de Vigo han empezado a poner coto a los clientes que no son rentables. Concretamente, exigiendo un consumo mínimo, pero con distintos matices. En el caso de la histórica cafetería Van Gogh, en Rosalía de Castro. Recientemente han colgado un cartel en la entrada donde advierte que la consumición mínima «es obligatoria». ¿Y cómo lo aplican en el día a día? «La intención es que si vienen una mesa con seis chavales, no solo pidan algo dos, sino todos. Tuvimos que tomar estas medidas porque estamos hablando de un tema de rentabilidad. Tiene que consumir todo el mundo que entra en el local», asegura el gerente, Jordi Casado.

Corresponde en todo caso a los camareros velar por el cumplimiento de esa norma. Durante las últimas navidades, por ejemplo, endurecieron esta exigencia por el hecho de que muchos turistas entraban en la cafetería únicamente para ir al baño y sin voluntad siquiera de pedir ni un café.

Las exigencias de ese consumo mínimo se aplican de una forma diferente en función del local. En La factoría, ubicada en el corazón del barrio de O Calvario, tienen otra variante. Es uno de los pocos establecimientos de la ciudad que permiten reservar mesas para ver partidos de fútbol, especialmente del Celta, Madrid y Barcelona, los que tienen una mayor demanda. Pero solo admiten reservas a clientes que van a cenar. El resto, por orden de llegada. «Y los que vienen por libre, obviamente, no pueden estar dos horas solo con un café, no es rentable», asegura el responsable del local, Roberto Castellanos.

Hay que tener en cuenta que, de media, la hostelería paga en torno a unos quinientos euros mensuales por poder poner el fútbol en sus pantallas. Muchos locales han decidido dejar de hacerlo precisamente por un precio que consideran «desproporcionado», mientras que otros, como La Factoría, están buscando formas de que sea rentable. 

Y, además, tanto al mediodía como en horario de cena solo se permite el acceso a mesas interiores a clientes que van a pedir algo de la carta, pero no si acuden únicamente a tomar un café o una cerveza.

Según la OCU, los establecimientos pueden exigir un consumo mínimo siempre que se informe previamente a los clientes, ya sea con un cartel bien a la vista en la entrada o que alguno de los camareros se lo digan en el momento en que entren.

Pero el consumo mínimo no es la única exigencia que se está extendiendo por las cafeterías de la ciudad: también están limitando el número de carros de bebés que pueden. En el caso de la cafetería Van Gogh, solo permiten dos en el interior del local. «A veces la gente no es consciente de que el espacio cuesta dinero. Un niño en un carrito no consume y está ocupando el sitio de una persona que sí lo haría. Además, tenemos que garantizar que el movimiento de la gente es fluido y que no se obstaculice», explica el dueño del bar. Al contrario que la del consumo mínimo, esta limitación sí que le ha costado ciertos conflictos con algunos padres y alguna reseña negativa en Google de personas que no están de acuerdo. Pero es un peaje que está dispuesto a pagar al entender que esta medida es necesaria para el buen funcionamiento de su establecimiento.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents