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Alumnos del área de Vigo ya reciben en los institutos terapia individual por sus adicciones

Profesionales de Alborada, a través de su programa «Panacea», organizan las sesiones ante los abusos de alcohol, cannabis, vaper o bebidas energéticas

Una de las sesiones organizadas dentro del programa Panacea en un centro de Nigrán

Una de las sesiones organizadas dentro del programa Panacea en un centro de Nigrán / Panacea

Vigo

Las «latas llamativas» de bebidas energéticas o los vapers de sabores «tan dulces» que enmascaran el amargor de la nicotina haciéndolos más atractivos al paladar de los adolescentes se han convertido en sus principales adicciones, sin olvidar otros productos de consumo recreativo más tradicionales como el alcohol o el cannabis. Lo que comenzó como alternativas inofensiva a estos psicotrópicos ya extendidos centran buena parte de las sesiones que profesionales de la asociación viguesa Alborada –a través del programa «Panacea»– organizan de forma «individual» con alumnos en sus centros educativos del área de Vigo.

Hasta ahora, su actuación se desarrolla en institutos de Nigrán, Baiona y Gondomar, pero aspiran también a ampliarlo al curso de 6º de Educación Primaria porque es ahí «donde se produce el mayor cambio para ellos, se enfrentan al cambio de etapa y surgen los principales problemas comportamentales que pueden derivar en estas adicciones», explica Adriana Tabares, la educadora social que junto a la trabajadora social Nuria Álvarez acuden cada semana a los centros de Educación Secundaria del Val Miñor a entrevistarse personalmente con los escolares.

Charla en un instituto del Val Miñor del programa Panacea

Charla en un instituto del Val Miñor del programa Panacea / FdV

El gran valor de este programa radica en que estas sesiones son individuales –también contemplan charlas grupales e incluso dirigidas a las familias–; se reúnen con el estudiante que presenta un grave trastorno adictivo para conocer su problemática personal. «Cada uno tiene su propia circunstancia, por eso es importante escucharlos y tratarlos a ellos, ver su evolución... porque no todos lo hacen de la misma manera. Según sea la persona podemos estar unos pocos meses y ya decimos "cómo llegaste y cómo estás ahora" a situaciones más complejas», explica Tabares, que se reúne con el escolar en una aula habilitada por el instituto.

Falta de subvenciones

El programa arrancó en agosto con 2 psicólogas, una trabajadora social y una educadora. La retirada de buena parte de las subvenciones motivó la «reducción» de las sesiones y de un trabajo que ayudaba a los adolescentes a afrontar sus adicciones o incluso a evitar que se desarrollen.

«Reducimos muchísimo nuestras intervenciones; pasamos a 2 días a la semana. Y de verdad que es muy importante para el alumno; el jueves pasado, mi compañera no pudo ir a uno de los centros y uno de los alumnos que está con ella me suplicó que necesitaba hablar y aunque no conocía tanto el caso, me tuve que reunir igual con él», cuenta Adriana.

Para esta profesional gran parte de las adicciones se desarrollan por el tratamiento de las redes sociales. «También es muy importante trabajar en ello, es a través de las redes por donde les llega este contenido», sentencia.

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