El juicio por el alijo del «Simione» arranca con sorpresa: el capitán se desdice y exculpa ahora al armador vigués
El arousano José Antonio C.R. incriminó al empresario Pablo G.F. tras su arresto, pero ahora sostiene que lo contrató otra persona cuyo nombre no desvela por «miedo»
Tripulantes extranjeros montaron un motín a bordo con cuchillos de por medio al enterarse en alta mar de que el barco iba a recoger la abultada carga de cocaína

El principal acusado, en primer plano con gorra y mascarilla, junto a los otros cuatro procesados (en el otro banco). / Alba Villar

El juicio por las 2,8 toneladas de cocaína del «Simione» arrancó este lunes en la Audiencia de Vigo con sorpresa. Con un inesperado giro de guión. El que protagonizó José Antonio C.R., el hombre que hacía las labores de capitán a bordo del pesquero cuando éste fue objeto del abordaje policial en aguas de Cabo Verde que derivó en la incautación del alijo a las puertas de las navidades de 2022. Este arousano había incriminado al armador, al empresario vigués Pablo G.F., tras su arresto. Lo volvió a hacer avanzada la instrucción judicial. Pero ahora se desdice, lo exculpa y apunta como organizador del transporte de droga a otra persona de la que no desvela su identidad «por miedo».
«Ahora estoy diciendo la verdad, pero tengo familia y no puedo dar el nombre de esa persona», declaró el arousano. Este hombre es una de las cinco personas que se sienta en el banquillo: los otros cuatro son el principal acusado Pablo G.F. —que afronta 13 años de prisión y está pendiente de otro juicio en una causa de presunta explotación sexual en chalés de lujo—, los otros dos tripulantes del «Simione» y un quinto procesado, un vecino de Ponte Caldelas al que le aprehendieron diversas contidades de cocaína y heroína en su casa y en una nave industrial en Vilagarcía. La petición de penas suma en total 56 años de cárcel y multas millonarias.
El armador y el tripulante angoleño declararán al final del juicio, que dura toda esta semana. Los otros tres acusados lo hicieron ya este lunes. El testimonio más relevante fue el del capitán, quien asumió este papel de mando en el barco de forma accidental después de que la mayoría de la tripulación extranjera que había partido desde África protagonizase un «motín» a bordo al enterarse que aquella singladura nada tenía de legal. «Hubo un motín al salir de Dakar (Senegal) cuando se enteraron de que se iba a hacer un trabajo de droga», dijo el arousano, que afirmó que él mismo recibió dos navajazos en aquella rebelión tras la cual esos marineros extranjeros abandonaron el buque, quedando solo tres tripulantes a bordo, los hoy acusados.
«Culpar a Pablo fue en su momento lo más fácil»
Pero la parte más relevante del testimonio de José Antonio fue en la que se desdijo de sus declaraciones iniciales sobre el papel del armador del «Simione» en el transporte de la droga. Este lunes dijo que no tenía nada que ver, excusándose en que en su día culpó a Pablo porque fue lo más «fácil» ya que no quería «desvelar» al verdadero culpable. En definitiva, si ante la jueza instructora había declarado que fue este empresario vigués quien contactó con él para darle el «trabajo» ilícito y las coordenadas para llegar hasta el punto donde debía recoger la droga, ahora apunta a ese otro individuo del que no dio ningún dato. «Ahora estoy diciendo la verdad», recalcó ante las insistentes preguntas del fiscal dado su sorprendente cambio de versión.
Con todo, admitió que durante la travesía se comunicaba diariamente con Pablo, pero matizó que era debido a las averías que sufría el barco, que estaba «maldito» porque tuvo varios problemas en el viaje. Su versión es que el armador no sabía que el «Simione» transportaba droga, pero que los tripulantes que hoy se sientan en el banquillo, incluido él, sí conocían el fin ilícito de la travesía. José Javier F.V. era uno de esos marineros. Este vecino de Boiro también declaró este lunes. Él era el jefe de máquinas. Confiesa que se «imaginó» que el barco iba a transportar droga por la cantidad que le prometieron por enrolarse, 15.000 euros, elevada, dijo, para la ruta que iban a hacer.
El tercer tripulante procesado, P.M.M., de origen angoleño, todavía no declaró, pero todo apunta a que mantendrá su inocencia como hizo ante la jueza instructora, ante la que declaró que lo contrataron para llevar el barco a reparar a Viana do Castelo, en Portugal, y que desconocía que en el mismo se iba a cargar cocaína. Su abogado pide su libre absolución.
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