8M
Pili Fernández, la pionera en la estiba gallega: «No permito que nadie haga mi trabajo. Yo lo elegí. Estoy aquí porque quiero y puedo»
Es uno de los motores de la economía viguesa y autonómica, en constante actividad y evolución, y donde las mujeres se han ido ganando a pulso su presencia. Pero en el Puerto aún hay actividades tan vitales como la estiba donde la presencia femenina es mínima. Pili Fernández Novas, primera estibadora en Galicia y la única en Vigo, reivindica su valía para ejercer una profesión durísima pero en la que disfruta y se siente realizada.

La primera estibadora gallega, Pili Fernández, en una de las grúas de la terminal de Guixar, en el puerto vigués / M. R.
Suma casi dos décadas en el engranaje portuario. Empezó en Bouzas moviendo vehículos, después fue inspectora y, tras el cierre de su empresa en la pandemia, se animó a realizar el curso de estibadora. Durante unos años, encadenó contratos temporales hasta que accedió al colectivo de estibadores vigueses (Sagep), donde es la única mujer entre más de un centenar de compañeros. «Y no permito que nadie haga mi trabajo. Yo lo elegí. Estoy aquí porque quiero y puedo», asegura sin perder su perenne sonrisa.
Pili Fernández siente pasión por un oficio durísimo en el que las jornadas se extienden de lunes a domingo, durante las 24 horas del día y en el que la precisión y el esfuerzo físico no deben flaquear ni un ápice durante las madrugadas de intensa lluvia, cuando el viento arrecia mientras opera sobre la cubierta de los buques portacontenedores o bajo el sol ardiente del mediodía.
«No permito que nadie haga mi trabajo. Yo lo elegí. Estoy aquí porque quiero y puedo»
Cada turno es diferente, y no solo por las condiciones meteorológicas. Maneja grúas pórtico de 40 toneladas para cargar y descargar camiones en la terminal de Guixar, mueve estibas conduciendo vehículos reach stacker que requieren carné de tráiler y también trinca los contenedores a los buques para asegurarlos y evitar pérdidas o daños y coloca los pines (twistslocks), los mecanismos metálicos que permiten unirlos.
Otras veces, las operativas implican el movimiento de grandes piezas de granito, bobinas, aluminio o automóviles. «Es un trabajo duro, exigente y lleno de responsabilidad, donde cada maniobra cuenta y donde los barcos deben salir siempre en perfectas condiciones», resume.

Pili Fernández en la terminal de Guixar / M. R.
Quienes la conocen y la han visto trabajar saben que Pili hace las mismas tareas que sus compañeros. Sin distinciones. De hecho, asegura que la que más disfruta es precisamente una de las más delicadas y peligrosas, trincar los contenedores o los vehículos a los buques para que permanezcan inmóviles durante la navegación. «Casi todo el mundo escapa de ello. Pero yo soy muy activa y quizás lo prefiero al trabajo con máquinas, que es más repetitivo y menos físico», comenta.
De cualquier forma, el cuerpo y la mente se resienten inevitablemente: «Solo he tenido una lesión en una mano tras la rotura de una piedra. Pero conlleva cansancio, contracturas... Y también un coste psicológico porque tienes una responsabilidad con la mercancía que estás manejando. Mueves mucho dinero y además tienes que mantener el control de lo que haces en todo momento por seguridad. Cuando trabajas en la grúa hay chóferes debajo de ti. Hay que mantener el tipo».
Pili está orgullosa de dedicarse a una profesión con mucha historia pero en la que la entrada de la mujer es muy reciente. «La mayoría de mis compañeros me aceptaron muy bien, tienen mucha experiencia y me ayudaron muchísimo cuando llegué. Me siento incluida. Y también en las empresas para las que trabajo, Termavi, Kaleido o Bergé, siempre me han apoyado», agradece.
Y ella ha sabido, sin duda, ganarse su lugar. «Al principio, siempre estás cuestionada. Algunos compañeros me decían que no cogiese las barras metálicas de los contenedores para trincarlos y yo me giraba y les decía que es mi trabajo. No estoy aquí por obligación, sino todo lo contrario. También es una cuestión de forma de ser, de no achicarte y de tirar hacia delante. Si no hubiera podido, me hubiera ido. Yo pienso que a algunos de ellos aún los bailo», bromea.

Pili Fernández Novas, primera estibadora en Galicia y la única en Vigo / Marta G. Brea
También recuerda las risas que generaron sus rodilleras: «Ellos usan más la fuerza bruta y yo buscaba la estrategia para no tener que doblar la espalda y evitar lumbago. Y lo gracioso es que ahora las usan la mitad de ellos. Y lo mismo con la faja para las lumbares».
Pili defiende que la estiba ha cambiado y que ya no se mide «por quién puede o quién no por ser hombre o mujer», sino por «la actitud, el compromiso y el respeto» hacia el oficio. Pero admite que ser la única mujer supone tener un foco sobre ella y su manera de trabajar. Y le sorprende encontrar ciertas actitudes negativas entre los más jóvenes. «Todos somos personas. Hay quien te acepta y quien no, y curiosamente no depende de edades. Y creo que las madres tenemos mucha culpa. Hay que educar a los que vienen por detrás», subraya.
No niega que más de una vez ha pensado en tirar la toalla, pero el apoyo familiar la hizo cambiar de idea. «Te tienes que ir arriba otra vez. Mi marido y mi hija Jennifer siempre me han animado. Ella dice que es mi mejor fan. Y me recordaba por todo lo que he pasado para llegar hasta aquí. Antes de empezar con lo de estibadora, en previsión de que me quedase sin trabajo, me puse a estudiar la ESO con 44 años y después hice el Bachillerato y un ciclo superior en Educación Infantil », relata.
También su padre fue un pilar importante: «Soy la quinta de siete hermanos. Él se reía mucho conmigo y siempre me decía ‘Si hay una carrera de caballos y tú no puedes ir de jinete, vas de caballo’. Y eso es verdad».
Pili se exige al máximo en cada jornada –«Siempre intento dar mi mejor versión»– y sin renunciar jamás a ser ella misma. «Una vez alguien se metió conmigo por la goma que llevaba en la coleta. Me di la vuelta y le dije ‘No te olvides que soy mujer’. Yo soy brava, estoy en mi sitio y me gusta ser mujer», defiende con vehemencia.
«Hay que romper barreras, cuando hay pasión no hay límites»
Le gustaría tener más compañeras y anima a otras mujeres a descubrir la profesión: «Las animo a probar. A que lo intenten, al menos. Al final, la vida es para vivirla y hay que andarla. Hay que romper barreras y demostrar que cuando hay pasión por lo que se hace no hay límites».
Pili es la única estibadora pero también otras mujeres han roto esas barreras en Guixar como Ana Laranga Queiruga, la primera que ocupa la jefatura de Operaciones Marítimas en Termavi. Desde hace poco más de un año y tras un proceso de promoción en el que fue evaluada externamente junto a otros compañeros.

Pili Fernández Novas, primera estibadora en Galicia y la única en Vigo / Marta G. Brea
«Llevo 22 años en la empresa y es el resultado de todo el conocimiento que he adquirido. Y después tienes que tener coherencia, integridad y compromiso con lo que haces. He evolucionado personal y profesionalmente y ya conocen mi forma de trabajar, no solo a nivel interno, sino también los estibadores, navieras, amarradores. prácticos y clientes nacionales e internacionales. Esto es una amalgama de muchas piezas y tú tienes que encajarlas», describe sobre su día a día.
«Entre nosotras nos tenemos que apoyar y empatizar como minoría que somos en muchas empresas»
Más del 90% del comercio internacional hoy en día es marítimo y cuando Ana llegó a la empresa recién licenciada era la única mujer en Operaciones. Hoy posa orgullosa junto a sus compañeras y Pili. «Ella siempre ha tenido mi apoyo, desde el primer día. Cuando estás en minoría no necesitas la complacencia o la palmadita en la espalda, sino saber que hay otra persona ahí. Ella se sabe juzgada, en el punto de mira. No es mejor ni peor, pero es la única. Y yo soy de la idea de que entre nosotras nos tenemos que apoyar. No beneficiarnos ni destacar solo por ser mujeres, pero como minoría que somos en muchas empresas debemos ayudarnos y empatizar», defiende convencida.
Coincide con Pili en que avanzar en ámbitos tan masculinizados también es una cuestión de «voluntad» y asegura que nunca ha sentido «ningún tipo de diferencia» en la terminal, aunque sí ha tomado alguna decisión para evitar que ciertas actitudes lleguen a «banalizarse» y «pensando en las que vienen detrás».

Pili Fernández Novas, primera estibadora en Galicia y la única en Vigo / Marta G. Brea
«Nuestro trabajo como terminal es un trabajo en equipo. Nosotros no somos nadie sin los stakeholders que nos rodean, los estibadores, los prácticos, los chóferes... Cuando salgo, se me respeta desde el primer momento. El mundo del shipping es muy cerrado pero cada vez hay más mujeres en puestos directivos e intermedios. No se trata de ser más que nadie, sino de buscar la igualdad y normalizar nuestra presencia en puestos clave sin ningún tipo de distinción si somos válidas», insiste.
Un camino, el de la igualdad, en el que todas encuentran un gran obstáculo, la conciliación. «La pareja te echa una mano, pero la responsabilidad y la carga mental de la casa, los hijos y los cuidados sigue siendo nuestra. A pesar de las mejoras y las ayudas, es un hándicap para las mujeres en muchos puestos de trabajo. Durante cuatro años tuve una persona dependiente a mi cargo y una niña casi bebé. Y hace unos años acabé cambiando de domicilio porque para alcanzar lo que he alcanzado necesitaba la ayuda de mi madre. Por eso muchas acaban renunciando, prefieren calidad de vida. Todas tenemos los mismos problemas. Y luego está la culpabilidad. Yo también tuve algún ramalazo, pero lo que mi hija me echará en cara en el futuro será el no haber avanzado», sostiene Ana.
«La conciliación no existe. Si yo soy capaz de manejar una máquina de toneladas ¿por qué ellos no aprenden a poner una lavadora? Si yo soy capaz, ellos también. El problema es que no se esfuerzan», coincide Pili.
Así que el 8M y sus reivindicaciones de un mundo más justo e igualitario, reflexionan ambas, siguen siendo muy necesarias. «Todos los años llevo a mi hija a la manifestación», comenta Ana. Ella y Pili son, sin duda, el mejor ejemplo para Xoana y Jennifer, y también para que ni la sociedad de hoy ni las generaciones que vendrán den ni un solo paso atrás.
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