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La investigadora de la UVigo que escucha las cascadas para protegerlas

Celia Adrián Rodríguez, graduada en Geografía e Historia y profesora de Conservatorio, analiza el componente sonoro de diez fervenzas del interior de Galicia y reivindica su protección como parte esencial del patrimonio natural

La autora del trabajo, Celia Adrián Rodríguez, en una de las cascadas analizadas.

La autora del trabajo, Celia Adrián Rodríguez, en una de las cascadas analizadas. / Cedida

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Vigo

El sonido es un patrimonio intrínseco al paisaje, pero también «frágil y efímero» y habitualmente ignorado o poco valorado. Sin embargo, constituye una dimensión «esencial» para «comprender, interpretar y preservar» nuestro entorno. La investigadora de la UVigo Celia Adrián Rodríguez explora el significado del componente sonoro de diez cascadas de la Galicia interior en un trabajo que nos ayuda a entender nuestro territorio de una manera más integradora y nos interpela a conservarlo para que las siguientes generaciones lo sigan disfrutando. «Escuchar también es una forma de proteger», reivindica.

Graduada en Geografía e Historia y profesora de acordeón desde hace 19 años en el Conservatorio Profesional de Música de Ourense, además de su directora en la actualidad, Celia ha podido aunar ambas especialidades en esta tesis interdisciplinar desarrollada en el grupo de Estudios de Arqueología, Antigüedad y Territorio (GEAAT). Tras un trabajo previo fin de carrera sobre la sonoridad en paisajes fluviales, decidió junto a su directora, Elena de Uña Álvarez, centrarse en las cascadas por su capacidad de ser «marcas sonoras del paisaje».

Las diez fervenzas elegidas están situadas en las sierras orientales de Lugo y Ourense y en las riberas del Sil y el Miño. Y Celia las visitó y analizó a lo largo de dos campañas en diferentes años hidrológicos. La pandemia interrumpió la primera de ellas y la última, el pasado verano, coincidió con los graves incendios. «La defensa de la tesis fue muy especial porque nunca me había dedicado tanto de lleno a conseguir un logro con tantas trabas de por medio», reconoce.

Fervenza de Augacaída, en Pantón.

Fervenza de Augacaída, en Pantón. / Cedida

Durante el trabajo de campo, tomó registros sonoros a diferentes distancias de cada cascada para valorar las características acústicas, además de analizar los efectos de las condiciones ambientales. «Uno de los resultados más relevantes es la influencia de la caída. Hay una correlación positiva entre la altura y la frecuencia. Y la otra clave es la variabilidad estacional y la influencia del flujo hídrico. La misma cascada tiene dos identidades sonoras distintas en pleno invierno o en agosto», destaca.

También la tipología afecta a la sonoridad. Celia identificó tres formas principales en su muestra: «Las de cola de caballo como la de Vieiros (Quiroga), que caen por la pared y se van abriendo, tienen un sonido continuo y fuerte, que puede llegar a enmascarar otros del ambiente. Contrasta con las de tipo escalera, que fluctúan más a lo largo del año. En la tesis digo que es polifónica, porque el agua tiene múltiples voces y puedes escuchar todos los sonidos. Y luego están otras cascadas como Cántara da Moura (A Veiga) o Portomao (O Barco) en las que se van abriendo pozas. Se les denomina tipo palangana o cuenco y, como el impacto estacional es mucho menor, suenan mucho más graves, más resonantes».

Gracias a su experiencia musical, la investigadora ha realizado su propia caracterización de sonidos. «Hay cascadas con un sonido más orquestal y otras más camerístico, por ejemplo. Cuando el caudal es menor, la sonoridad es de alta calidad en el sentido de que escuchas todos los planos sonoros. Los antropofónicos, de las propias personas, biofónicos, de las aves y la fauna del entorno, y geofónicos como el viento. Se integran muy bien», añade sobre algunos de los resultados del trabajo.

«Todo el mundo tiene derecho a sacarse la foto, pero no a degradar»

Su tesis evidencia que el sonido es «un indicador clave para comprender la dinámica ecológica, geomorfológica y perceptiva» de los sistemas fluviales. «En esta sociedad prevalece lo visual sobre el resto de sentidos, que a veces pasan desapercibidos. Pero nunca hay dos entornos iguales, ni desde el punto de vista visual ni auditivo, nunca. El sonido del agua es parte de la identidad de las cascadas, también desde una perspectiva emocional, porque tiene un poder evocador brutal y una connotación de tranquilidad, reposo y desconexión. Y todo esto también configura nuestro territorio. Yo reivindico lo auditivo como parte de un patrimonio más integral, holístico», subraya.

También permite conocer el estado de nuestros entornos, si están cuidados y si mantienen su biodiversidad. «A lo largo de diez años he visitado los mismos entornos, los he escuchado y los he grabado. Y creo que el sonido también debe ser relevante a la hora de proteger nuestro patrimonio natural. En Tourón, cuyo entorno perdió muchísima vegetación por los incendios, la sonoridad ha cambiado completamente. Y además hay veces que el ruido del tráfico de la autovía molesta. Y para hacer mi último registro en Augacaída (Pantón) tuve que ir tres veces. La primera no tenía dónde dejar el coche, la segunda llegué sobre las siete y media de la mañana y ya había gente bañándose, vociferando e incluso moviendo piedras para hacer la foto perfecta. Necesitamos concienciar y educar a la sociedad y a las nuevas generaciones porque estamos degradando nuestro entorno con esta contaminación antropofénica. Todo el mundo tiene derecho a sacarse la foto pero no a degradar. Si no somos respetuosos, algún día esos lugares desaparecerán y ya no habrá vuelta atrás», advierte.

Celia espera que su trabajo contribuya a preservar este importante patrimonio sonoro: «Registrarlo, estudiarlo y ponerlo en valor para que seamos conscientes de él nos ayudará a considerar nuestro territorio de una forma más global, sostenible y humana. A apreciar lo que tenemos al lado de casa y a cuidarlo y mimarlo para que siga estando ahí en el futuro y podamos seguir viviéndolo y disfrutando».

Tras la defensa de su tesis, Celia Adrián quiere seguir ampliando esta línea de estudio dentro de GEAAT. Le gustaría que su trabajo sirva de base a otros investigadores y administraciones. Y además ha elaborado diez rutas-guías sobre cada cascada para concienciar sobre el valor de nuestro entorno más cercano.

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