Logística
El puerto de Vigo asume el liderazgo nacional en tráfico de frutas en solo 5 años: 170 referencias y líneas directas desde Colombia, Brasil y Sudáfrica
La terminal de Guixar gestiona cada semana 3,5 millones de kilos de fruta pese a haber iniciado este servicio con dos productos, piña y banano, y un único cliente
Es un «segmento vital» gracias a los servicios transoceánicos directos desde Cartagena, Fortaleza, Natal o Sudáfrica
Los «palpadores» son los encargados de descartar los plátanos maduros que puedan afectar a la calidad de las cajas o palés

Desde la izq, Alejandro Rodríguez, José Manuel Raimúndez, Román Davila y Ana Laranga, en la sala de operaciones de Termavi. / Alba Villar / FDV
Se llama solo logística porque cuadratura del círculo o prodigio estaban cogidos. Porque la terminal de contenedores de Guixar, la única de España que resiste con capital 100% español —bajo la gestión de Grupo Davila, a través de su filial Termavi—, se ha convertido en la número 1 de la península en tráfico de frutas, y lo ha hecho en tiempo récord. En el año 2019, cuando la pandemia del covid no era siquiera una idea en las mentes literarias más atrevidas, este producto no existía en los registros del puerto de Vigo.
«En 2021 teníamos solo un cliente y dos referencias nada más, piña y banano», recuerda el director asociado de Termavi, Román Davila. Y hoy, con líneas transoceánicas directas desde América o Sudáfrica —este viernes arribó al muelle el CMA CGM Kourou, tras realizar un viaje de 10 días procedente de Fortaleza (Brasil)—, por esta ventana gallega al mundo entran más de 170 referencias de más de 70 clientes: fueron más de 212.000 las toneladas de fruta anotadas en Guixar en el ejercicio 2025.

Interior de la nave de frutas, en el extremo norte de la terminal. / Alba Villar / FDV
Dicho en kilogramos, que es un concepto más terrenal —y menos logístico, si se quiere— que el de cajas o toneladas, los volúmenes alcanzados el pasado año equivaldrían a 3,5 millones de kilos los que mueve el equipo de Termavi cada semana. A saber, serían unos 2,3 millones de unidades de piñas o casi 20 millones de plátanos. El movimiento es continuo: entre que el buque mercante llega y amarra en la terminal —suma más de 700 metros de longitud y tiene grúas Panamax, Post Panamax y Super Post Panamax—, las frutas pasan al frigorífico en un máximo de seis horas. «Tenemos una rotación continua», abunda el CEO del grupo, José Manuel Raimúndez; no hay caja que pase más de 72 horas en las instalaciones de frío.
«El de frutas es un tráfico de vital importancia» dado que habilita una logística directa, de carga base, que no tiene nadie en el sistema portuario español. Las rutas transoceánicas proceden de los puertos de Cartagena (Colombia), Fortaleza, Natal (ambos, en Brasil) y Sudáfrica. No son buques que vayan a puertos de tránsito, como pueda ser el de Algeciras o Sines: portacontenedores como el mencionado CMA CGM Kourou se dirigen directamente a Vigo, lo que permite la importación, en paralelo, de mercancías como la pesca congelada en el menor plazo que permiten los rigores de la geografía o la meteorología. Estos buques tardan entre 7 y 18 días (es el caso de Sudáfrica) en llegar a Guixar —o Marín, donde también opera la compañía— desde su origen; es el más fresco, imposible. Con el añadido de que son servicios que se mantienen durante todo el año, de modo que Termavi puede ofrecer a sectores como el de los elaborados de productos del mar o la industria frecuencias continuas y directas para su abastecimiento.
A fin de reducir al máximo los tiempos, para ahorrar en movimientos de mercancía dentro de la terminal, Termavi habilitó en el propio frigorífico —se asienta sobre una superficie de más de 5.000 metros cuadrados— un laboratorio para los servicios veterinarios o el escáner de Aduanas, con el que se revisa la carga tras su desestiba del buque.

Una de las cámaras del frigorífico de frutas, instalado en la propia terminal / Alba Villar / FDV
Los cuidados
Toda logística tiene su liturgia, una singularidad que va de la mano del producto: no es lo mismo cargar contenedores con CKD —vehículos en piezas, son las siglas de completely knocked down— para Argelia, que descargar otros freezer (refrigerados) con gambón de Argentina —para una transformación en una fábrica del área de Vigo— a que vengan llenos de palés de frutas. Y tampoco es lo mismo almacenar frutas denominadas climatéricas a no climatéricas: las primeras continúan madurando tras la cosecha, con liberación de etileno, y las segundas se recolectan listas para consumir. «En las cámaras ubicamos los productos en función de los valores de temperatura que necesitan», porque hay productos que las comparten, como describe Román Davila.
El banano es más puñetero. «Es una fruta que emite mucho etileno» y un ejemplar que no esté en estado óptimo de maduración, en comparación con los demás, puede arruinar al resto. Así que si un plátano está demasiado maduro, en definitiva, va a acelerar dramáticamente el envejecimiento de los que están a su alrededor. Y aquí es donde entran en escena los denominados palpadores, que actúan dentro de las mismas instalaciones. «Van metiendo la mano por los agujeros de las cajas para comprobar si alguno está blando». Si es el caso, la caja se retira; si son tres las cajas del mismo palé con un banano pasado, es todo el palé el que se elimina. Lo dicho: una liturgia.
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