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Gestión portuaria

Davila inicia la reorganización de la terminal con la compra de un espacio de 4.000 m2 a Pérez y Cía: «Han sido unos caballeros»

La nave de Alpenor, a la que le restaban dos años de concesión, permitirá ampliar en un 40% la capacidad del frigorífico de frutas

Es el pistoletazo de salida a un proyecto que prevé ganar 25.000 metros cuadrados para la campa de contenedores

Nave de Alpenor, que será derribada para habilitar la ampliación del frigorífico de frutas

Nave de Alpenor, que será derribada para habilitar la ampliación del frigorífico de frutas / Alba Villar / FDV

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

En el argot logístico portuario, un ground slot es cada uno de los huecos rectangulares sobre los que se asienta una columna de contenedores. A vista de pájaro —o de la sala de control de la terminal de Guixar, mucho mejor—, son como parcelas geométricas que salpican un espacio. En el caso de esta campa viguesa, acuciada desde hace años por falta de superficie, se arañan metros de donde es posible, con el límite de no entorpecer los trabajos de circulación o remoción (se da para la retirada de un container de una pila de tres, por ejemplo). Este enorme terraplén, concesionado a Termavi, cuenta con 2.752 ground slots. Con ellos, el puerto alcanzó en 2025 los 309.153 TEU, que es la unidad equivalente a un contenedor de veinte pies (Twenty-foot Equivalent Unit); es un 3,7% más que el ejercicio anterior y casi otro 40% por encima de los valores de hace una década. «Empezamos en el año 1994 con 23.500 contenedores», ilustra el CEO de Grupo Davila, José Manuel Raimúndez.

Claro que, según las conclusiones de la auditora especializada CLAU Partners, la terminal debería contar a día de hoy con más de 3.050 ground slots y, en un escenario conservador, rebasar los 3.700 para el año 2028. El plan de reorganización prevé ganar un espacio adicional de 25.000 metros cuadrados al sur, hacia Areal, con la demolición de silos o el traslado del Puesto de Inspección Fronteriza (PIF). Es un proceso que avanza lentamente pero que acaba de cavar su primera pica: Grupo Davila ha cerrado un acuerdo para la compra de la nave de Alpenor, de Pérez y Cía, que ocupa una superficie de en torno a 4.000 metros cuadrados junto al PIF actual. «Han sido unos caballeros, han antepuesto el interés general a sus propios intereses», enfatiza el director asociado de Termavi, Román Davila. A Alpenor le restaban todavía dos años de concesión.

Es esta transacción, recién formalizada, la que va a propiciar una pequeña revolución en el conjunto de la terminal. En este espacio nuevo se ubicará ahora la nave de mantenimiento de contenedores que se erige a día de hoy junto al frigorífico de frutas, al máximo que le permiten sus costuras. Este traslado, a su vez, permitirá crecer a la inmensa nevera: el frigorífico ganará un 40% de capacidad, al pasar de los 4.000 palés con los que cuenta ahora a los 5.800. Junto a él se erigirá una infraestructura más pequeña para triajes o maduración de plátanos. Davila calcula que, entre el traslado en sí de equipos, la instalación de las zapatas y el alargamiento de la nave de frío, «todo estará listo para noviembre o diciembre». A pie de barco, en definitiva, habrá seis cámaras operativas de fruta, con una adicional que previsiblemente será para mangos.

Vigo, Puerto. Fotos en Termavi (y alguna de vistas a la ciudad desde una grúa)

Vista aérea del mercante «Odysseus», que llegó a Vigo procedente del puerto colombiano de Cartagena, desde una de las grúas Super Post Panamax / Alba Villar / FDV

La capacidad

El hecho de poder disponer de 10.000 metros cuadrados en el carguero de Rande como espacio depot —para la disposición rotatoria de contenedores vacíos— ha sido un «enorme alivio» para Termavi, un «pulmón» para rebajar la denominada terminal stress, que es un indicador que evalúa el nivel de congestión de un espacio portuario. Los problemas de espacio obligan, no solo en Guixar, a disponer más cajas en vertical, lo cual redunda en tiempos de remoción. Si hay una pila de cuatro contenedores y necesitas coger el que está a ras de suelo, las grúas pórtico (o RTG, rubber tyred gantry) tienen que quitar tres para hacer la operativa, y volver a disponer, después, los que se han movido. Es logística absoluta, casi de escuadra y cartabón.

A diferencia del puerto luso de Leixões, que está rodeado de una docena de depots, incluso dentro de la propia ciudad de Matosinhos, Termavi no pudo localizar en el área de Vigo un emplazamiento idóneo. «Necesitas contar con campas fuera, para tener esa capacidad de mover contenedores vacíos. Y nosotros hemos buscado por todas partes, incluso hablando con comunidades de montes», abunda Raimúndez. Pero sin éxito. De ahí el agradecimiento de la compañía al concello de Redondela y al Puerto por este «gran desahogo». «Cualquier dificultad que tenga el puerto ha de entenderse como un problema para el conjunto de nuestra industria productiva», complementa Davila. Máxime teniendo en cuenta que el vigués no es un puerto de tránsito, de intercambio de cromos, sino que nutre directamente a todo un hinterland empresarial.

De acuerdo a sus cálculos, el derribo de los silos que están entre Guixar y Areal se consumará en el último trimestre de este año. Pero el «primer movimiento» para la reordenación definitiva de esta terminal de la Autoridad Portuaria de Vigo está dado.

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