Iglesia
Un colectivo de feministas católicas se concentra en Coia para pedir igualdad en la institución eclesiástica
Con el lema «Este es mi cuerpo», Revolta de Mulleres na Igrexa denunció la paradoja de una institución sostenida por mujeres a las que se les niega la voz y el voto

Decenas de personas concentradas frente al Cristo de la Victoria. / Jose Lores
Una asociación feminista alzó la voz esta mañana frente a la parroquia del Cristo de la Victoria, en Coia. Son la Revolta de Mulleres na Igrexa y se concentraron con motivo del 8M para denunciar la discriminación estructural que, aseguran, siguen sufriendo las mujeres dentro de la institución eclesial.
Bajo el lema «Este es mi cuerpo», decenas de personas participaron en un acto simbólico que combinó protesta, reflexión teológica y expresión artística. El momento central fue una performance en la que se representaron los dos arquetipos femeninos —la Virgen María y Eva— con los que, según denuncian, la Iglesia encorsetó históricamente a las mujeres. Siempre significadas como la pureza obediente frente a la culpa y la desobediencia.
La acción, desarrollada frente a la Parroquia del Cristo de la Victoria, quiso visibilizar cómo esos modelos antagónicos sirvieron durante siglos para justificar la exclusión de las mujeres de los espacios de decisión, liderazgo y palabra dentro de la Iglesia. «O eres virgen y santa, o eres Eva y pecadora. No hay lugar para la diversidad real de nuestras vidas», señalaron las portavoces del movimiento.
La movilización en Vigo se enmarca en una convocatoria estatal que se replica hoy en 35 territorios de todo el país, desde Barcelona a Sevilla, pasando por Madrid, Santiago, Lugo o Bilbao. En todos ellos, la Revolta de Mulleres na Igrexa vuelve a reclamar, por sexto año consecutivo, una igualdad efectiva que consideran sistemáticamente negada por la jerarquía eclesial.
Las participantes subrayaron la paradoja de una institución «sostenida en gran medida por las mujeres» que, sin embargo, continúa relegándolas a un papel secundario. «Somos el corazón y las manos de la Iglesia, pero se nos niega la voz, el voto y la toma de decisiones», denunciaron, aludiendo también a la ausencia de mujeres en los espacios de poder y en los sínodos.
El acto concluyó con un mensaje que sintetiza el espíritu de la protesta: una fe vivida desde la crítica y la reivindicación. «Somos Marías y somos Evas. Somos una, somos todas», proclamaron.
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