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El cementerio de Matamá conmemora sus cien años de descanso y juventud eternos

El camposanto de la parroquia viguesa cumple este 2026 un siglo de vida ensalzando su historia, su carácter vecinal y el valor artístico de sus panteones, esculpidos en la piedra procedente de sus afamadas canteras, que hacen de él «un referente del patrimonio funerario vigués»

El cementerio vecinal de Matamá cumple un siglo de eterna juventud

Alba Villar / Pedro Fernández

El cementerio de Matamá vive una eterna juventud centenaria. «Un século de engrandecemento permanente. Non quedou estancado, sempre foi mellorando. Se deambulas un pouco por el observas o sumamente coidado que está. Recibimos este patrimonio dos nosos pais, avós... E inténtase que permaneza no tempo», relata Carlos Hermida, vicepresidente de la Asociación Cementerio de San Pedro de Matamá sobre el legado a perpetuidad que un grupo de vecinos y emigrados de la parroquia viguesa promovió a comienzos del siglo pasado para su digno descanso eterno y el de las generaciones venideras, confiando en que más allá de la muerte la vida continúa. 

A principios de la década de 1920 los fallecidos aún recibían sepultura en la tierra del atrio de la iglesia. El aumento de la población - por entonces Matamá ya acogía a unos 3.000 habitantes - empequeñeció ese espacio y urgió un nuevo emplazamiento con mejores condiciones. Una asamblea parroquial nombró a una comisión gestora compuesta por el párroco y diez vecinos, que asumieron los trámites de la construcción de un camposanto propio en el lugar de A Lameira. Este se financió íntegramente con aportaciones particulares, sin ayudas ni del ayuntamiento ni de la Iglesia

«Aquí houbo que empezar desde cero, comprar os terreos e construír. E iso fíxoche coas achegas da xente e dos emigrados en Arxentina, que no ano 1929 trouxeron 4.364 pesetas», pone en valor Enrique Novóa, presidente de la entidad, sobre la sustanciosa donación. «A xunta xestora foi pioneira e xenerosa, porque naquela época había unhas condicións de vida durísimas, moita precariedade, e impulsaron un ben aínda vivo hoxe», añade el jefe de la directiva, descendiente de uno de aquellos fundadores. 

«Daquela moita xente marchara a América e ten moito valor que eses emigrados quixeran traer o progreso. Preocupáronse de que houbese cemiterio, escola, actividade cultural e deportiva, de que se ampliasen os camiños… Non se esqueceron da súa terra natal», valora Marcos Alonso, investigador y autor de un libro sobre la historia de la parroquia. 

El 5 de septiembre se cumplirá un siglo de la inauguración del camposanto, que aquel 1926 acogió a 16 vecinos, siendo la primera la pequeña María Edita Abreu, de tan solo nueve meses de edad.

En 2017, la directiva recordó a los pioneros de la comisión promotora con un homenaje al que invitaron a sus descendientes. Sus linajes continúan vivos en la parroquia, aunque algunos de sus miembros han pasado en los últimos años a reunirse con los suyos en los panteones familiares. La más reciente, el pasado mes de diciembre, cuando recibió sepultura la nieta nonagenaria de uno de los promotores.

Acto en homenaje a los miembros de la comisión fundadora del cementerio de Matamá, celebrado en 2017, con la presencia de sus descendientes.

Acto en homenaje a los miembros de la comisión fundadora del cementerio de Matamá, celebrado en 2017, con la presencia de sus descendientes. / Cedida por A. Hermida

El de Matamá es el segundo camposanto particular que se constituyó en Vigo, por detrás del de San Andrés de Comesaña, inaugurado en 1914. La ciudad cuenta con otros dos de carácter vecinal, en Valadares (1993) y Candeán (2004), de un total de 21: ocho de naturaleza municipal y nueve propiedad de la Iglesia.

El cementerio se postula al título de Vigués Distinguido. En la solicitud remitida al Concello se esgrime su trayectoria histórica como «gardián da memoria colectiva», como «símbolo do arraigamento, da identidade e da cohesión social da parroquia» y el valor artístico y patrimonial de sus panteones que «fan del un referente do patrimonio funerario vigués»

«Todos os colectivos de Matamá, uns quince, apoiamos a súa candidatura. É o máis bonito e o mellor coidado. Estamos moi orgullosos del», respalda Serxio Alonso, presidente da Asociación de Veciños A Unión de Matamá.

Valor artístico y patrimonial: «Aquí vén xente a pasear»

La parte primigenia del camposanto luce unos espectaculares panteones labrados a golpe de maza y cincel. «Esta arquitectura non a ves noutros cemiterios», sentencia Novóa. «Toda a pedra saíu das canteiras de Matamá, aquí traballaron canteiros da parroquia e arredores. A nivel artístico, é o que máis sobresae dos que hai na cidade», resalta Marcos Alonso. 

Entre sus bloques destaca el «panteón de los pobres», donado en 1946 por el benefactor Leonardo Alonso para acoger los restos mortales de los «pobres de solemnidad» de la parroquia, es decir, personas en situación de miseria. Consta de 24 nichos, de los que 12 se hallan hoy en día en régimen de alquiler.  

«Temos un cemiterio moi especial, moi coidado, e os veciños fan moito para que así sexa. É un camposanto vivo, un sitio que dá paz, acolledor. Ao fin e ao cabo, aquí están os nosos antepasados, os que o fixeron posible», subraya Pilar Alonso, tesorera, que incide en que personas de otros lugares van de visita porque les alabaron su belleza: «É curioso, pero aquí vén xente a pasear».  

«É un museo, de gran valor artístico e patrimonial», concuerda el presidente vecinal Serxio Alonso. 

Todos los nichos, en propiedad

El camposanto original contaba con 500 nichos y 315 fosas; hoy atesora 3.249 bocas y 379 ceniceros. A lo largo de sus cien años ganó terreno en tres ocasiones: en 1958, en 1970 y en 1984, hasta ocupar los casi 6.000 m2 actuales. «Temos unha ocupación dun 25-30%. Pero todos os nichos teñen dono, non hai ningún á venda», explica Novóa. Una boca cuesta unos 1.500 euros y un panteón, unos 6.000.

Al tratarse de un cementerio propiedad de los vecinos, solo puede descansar en él «xente da parroquia ou que teñen relación con ela, familiares ou achegados dos socios», puntualizan desde la directiva. En 2025, según datos del INE, Matamá contaba con 3.544 vecinos.

La asociación gestiona unos ingresos anuales de unos 20.000 euros que le permiten sufragar las labores de mantenimiento, limpieza y jardinería, suministro de agua y seguros. «A metade vaise en gastos e a outra parte permítenos facer as obras e arranxos necesarios», detalla Alfonso Alonso, secretario de la entidad. «Son só 9.000 euros en custos porque hai moito traballo desinteresado, da propia directiva e dos colaboradores», destaca. 

Sus 1.482 socios pagan una cuota anual de 4,5 euros (cinco sin domiciliación bancaria) más tres euros por cada nicho y dos por cada cenicero. Los ocho miembros de la junta trabajan de forma totalmente voluntaria y algunos van camino de la década en el cargo -aunque los mandatos se renuevan cada dos años- debido a la dificultad para encontrar relevo. 

Inauguración de la ampliación del cementerio de Matamá, en 1958.

Inauguración de la primera ampliación del cementerio de Matamá, en 1958. / Cedida por Marcos Alonso Rodrigues

La Iglesia se lo apropió durante 15 años

El cementerio vivió un momento convulso a finales de 1995 y comienzos de 1996, cuando un incidente reveló que la Comunidad eclesiástica de San Pedro de Matamá lo había inscrito en el Registro de la Propiedad a su nombre quince años antes, en 1981. «Daquela a Igrexa temía a chegada do PSOE ao Goberno, e empezou a inmatricular bens ao seu nome. Non só en Matamá, en moitos sitios, e sen comunicar nada», expone Alfonso Alonso. 

Los vecinos se organizaron para reclamar lo que era suyo: «Convocouse a asemblea máis multitudinaria que eu recordo. Habitualmente facianse no salón parroquial, pero quedou tan pequeno que tivemos que trasladarnos ao centro cultural», rememora Carlos Hermida.

Tras meses de conversaciones con el Obispado y el envío de un informe jurídico que avalaba la titularidad colectiva, Matamá se plantó: devolución o litigio judicial. Finalmente la Iglesia reconoció que los vecinos eran sus legítimos dueños y anuló el registro. «Non lle quedou máis remedio porque había documentos da compra dos terreos», concluye Enrique Novóa.

La crisis se saldó con el nacimiento de la Asociación del Cementerio de San Pedro de Matamá que, a finales de 1996, aprobó sus estatutos y se constituyó.

Además del centenario, para el que una comisión prepara unos festejos que tendrán lugar a comienzos de septiembre, la entidad cumple este año la treintena. Sus actuales gestores lanzan un agradecimiento a las directivas anteriores, que con su esfuerzo mantuvieron vivo el esplendor del camposanto.

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