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¿Y el Plan Bolonia? La historia de dos franceses que no logran convalidar sus títulos de profesores en Vigo

Marvin y Helene son dos bretones que se enamoraron de Galicia. Son profesores de su propio idioma, por lo que vinieron a Vigo a enseñarlo. Con lo que no contaban era con la batalla burocrática infinita que les impide trabajar en la pública o en la concertada

Marvin y Helene en Plaza América.

Marvin y Helene en Plaza América. / Jose Lores

Vigo

Marvin Le Bars nació en la Bretaña francesa, hermana cultural de Galicia por sus raíces celtas. Había venido en el pasado a Vilagarcía de Arousa como profesor lector de francés y estaba contento. Por ese motivo, hace dos años decidió regresar. Se instaló en Vigo con la esperanza de poder convalidar su título de profesor y ejercer, pero los trámites no avanzaban y el tiempo corría en su contra. Ahora está terminando una mudanza: tiene que volver a Francia porque la suerte nunca estuvo de su lado.

El Plan Bolonia, que en España comenzó a funcionar a partir de 2010, nació con un objetivo claro: facilitar la movilidad académica y profesional dentro de Europa, armonizando los estudios universitarios entre países mediante títulos comparables y un sistema común de créditos. En teoría, un profesor formado en Francia debería poder ver reconocido su título en España sin grandes obstáculos. Sin embargo, la realidad no siempre responde a esa promesa.

El testimonio de Marvin da fe de ello, al igual que el de su compatriota Hélène Mosquet, que todavía sigue intentándolo en la ciudad olívica. Está pendiente de la homologación de su título. «Mandé toda la documentación necesaria al Ministerio de Ciencia e Innovación en 2024 y aún no he obtenido ninguna respuesta», cuenta. Recuerda cómo durante meses llamó una y otra vez para pedir información, para conocer en qué estado se encontraba su trámite, sin recibir contestación.

Actualmente trabaja en un colegio privado, el único ámbito al que puede acceder por ahora. Su objetivo es la enseñanza pública y, para ello, se sacó el CELGA 4, equivalente a un C1, y está dispuesta a opositar. Pero, sin homologación, es imposible. Lleva dos años aguardando una resolución y teme que le ocurra lo mismo que a una compañera irlandesa, que tuvo que esperar tres años. «Su último recurso, que es el que me queda a mí, fue escribir a la Valedora do Pobo», señala.

Se siente indignada porque, cuando se informó antes de venir, le indicaron que el tiempo de espera sería de seis meses. «Estudié cuatro años y tengo un máster en Educación Secundaria, pero ni aun así me dan facilidades para trabajar en la Unión Europea», lamenta. Antes probó suerte en Perú y Rusia, una experiencia que valora positivamente, pero España es el lugar en el que idealmente le gustaría vivir y espera no tener que marcharse, como ya hizo su compañero.

Marvin, en cambio, se cansó de esperar. Cuando decidió regresar a Francia, ya se encontró con dos ofertas de trabajo, mejores que las que tenía en España. «El proceso de convalidación fue abrumador; no llegué ni siquiera al punto de esperar la homologación», explica.

«España nos gusta por su aspecto social. Es un país muy sencillo para encontrar gente que habla francés. En nuestro país, mi experiencia es no saber nada de la vida de lunes a viernes», reflexiona. «Pero todo se complica. No pudo ser», concluye, con las maletas en la mano.

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