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El consumo problemático de cannabis en universitarios: ellas por malestar emocional y en ellos ligado al policonsumo y las conductas de riesgo

Dos estudios con alumnos gallegos revelan que el 4,7% hacen un uso peligroso, así como diferencias muy significativas entre hombres y mujeres

Los autores reclaman campañas de prevención que tengan en cuenta la perspectiva de género

Jóvenes disfrutan del ocio nocturno en el entorno de Churruca.

Jóvenes disfrutan del ocio nocturno en el entorno de Churruca. / Pablo Hernández Gamarra

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Dos recientes estudios con alumnos de las tres universidades han puesto sobre la mesa la realidad del consumo de cannabis en los campus gallegos. El primero determina que el 4,7% hace un uso problemático, significativamente mayor en hombres (6,7% frente al 4% de ellas). Y el segundo, en el que la participación aumentó hasta los 3.511 jóvenes, revela que también existen considerables diferencias de género en relación a los factores asociados. Ellas recurren a esta sustancia por malestar emocional, mientras que en ellos se vincula al policonsumo y a otras conductas de riesgo (sexuales, on line, etcétera).

«El foco siempre se pone en la adolescencia, pero los resultados demuestran que hay un porcentaje significativo de consumo problemático en esta población. No podemos pensar que una vez que llegan a la universidad se acabó el problema, también necesitan atención a nivel de prevención. Parece que como son adultos no tenemos que protegerlos y, sin embargo, estamos viendo que hay más ideación suicida y menos bienestar emocional en personas con un uso problemático. La universidad es una época de autonomía y normalización del ocio y el consumo, pero también de estrés y presión», destaca Nuria García, investigadora de la USC y miembro del equipo de expertos de las universidades de Vigo, Santiago e Internacional de Valencia que han llevado a cabo ambos trabajos.

La investigadora de la USC Nuria García Couceiro.

La investigadora de la USC Nuria García Couceiro. / Vanessa Rábade

Tal y como ellos indican, el cannabis supone un importante problema de salud pública por su prevalencia y el impacto que puede generar tanto en la salud física y mental como en el rendimiento académico. Y su consumo problemático se asocia a déficits neurocognitivos, afectación motivacional, incremento de síntomas ansioso-depresivos y mayor probabilidad de abandono de los estudios o deterioro funcional.

El primer estudio, cuyos resultados acaban de ser publicados, incluyó una muestra de 1.790 universitarios gallegos, con una edad media de casi 21 años. Y los datos se recogieron durante el curso 2023/24. Además de otras herramientas, los investigadores utilizaron el CAST (Cannabis Abuse Screening Test) para medir el consumo problemático. Este cuestionario, que ellos han validado en Galicia con población joven y adolescentes, incluye preguntas sobre el consumo de marihuana o hachís antes del mediodía y en soledad, así como sobre la existencia de problemas de memoria y de otra índole (peleas, accidentes o malos resultados escolares). Los alumnos también deben indicar si sus amigos o familiares le han recomendado reducir el consumo o si ellos lo han intentado.

Además de determinar un porcentaje global del 4,7%, los expertos hallaron una asociación con otros consumos: tabaco, alcohol, vapers, cachimba, anfetaminas o binge drinking (ingesta masiva de alcohol en periodos cortos).

Y un perfil de riesgo asociado al sexo masculino, la iniciación precoz en el consumo del alcohol, tabaco y cannabis, la alta concurrencia de otras sustancias como estimulantes, hipnosedantes y nicotina en diversas formas, y sintomatologías depresivas.

Las diferencias según la orientación sexual no fueron estadísticamente significativas, pero se observó un mayor porcentaje de consumo problemático entre estudiantes LGTBI (6,8%) frente a heterosexuales (4,1%). Un resultado que relacionan con su exposición a factores de estrés como la estigmatización que elevan el riesgo de consumo como estrategia de regulación emocional.

«En ellas, el malestar emocional es el elemento central para consumir»

Tras esta primera aproximación, los investigadores ampliaron la muestra a 3.511 universitarios gallegos, con datos muy recientes, del curso 24/25. «Analizamos los datos desde una perspectiva de género y los resultados nos sorprendieron bastante. Ya no solo es que haya diferencia en la prevalencia, sino también en los factores asociados a ese consumo. En ellas pesa mucho más la sintomatología depresiva, el binge drinking, el uso de sedantes y, sobre todo, el malestar emocional. Es el elemento central. Y, sin embargo, en ellos está relacionado con el policonsumo y el riesgo conductual», subraya Nuria García.

«En el estudio no analizamos si es ese malestar el que genera el consumo o al revés, pero probablemente se estén retroalimentando. Y estamos hablando de una sustancia que tiene consecuencias a nivel neurológico y que está relacionada con el desarrollo de enfermedades psiquiátricas», apunta.

A la luz de estos resultados, los investigadores demandan políticas y campañas de prevención que tengan en cuenta esta diversidad de «trayectorias, motivaciones y contextos» y ofrezcan espacios seguros y accesibles para estudiantes con perfiles especialmente vulnerables como aquellos con orientaciones sexuales diversas. «Es muy importante adoptar una perspectiva de género y tener en cuenta esta factor diferencial para llegar a todos», insiste García.

Varias jóvenes, durante un botellón en Vigo.

Varias jóvenes, durante un botellón en Vigo. / Marta G. Brea

Ambos trabajos constituyen una fotografía de la realidad de los campus gallegos de gran utilidad para las autoridades competentes en materia de prevención. «Nuestro objetivo es que la investigación que hacemos pueda aplicarse a mejorar la vida de este estudiantado que tenemos tan cerca. Vemos campañas en los institutos, yo misma participo en ellas, pero no en los campus. Por eso hemos querido poner el foco en ellos. Creemos que en cierto modo esta población está olvidada, no a nivel de investigación, pero sí de prevención. Y quienes tienen que dar el paso al frente son tanto las autoridades universitarias como las autonómicas para hacer programas y políticas que se ajusten a la realidad», reivindica.

Estas acciones también ayudarán a combatir las creencias erróneas sobre los beneficios del cannabis derivadas de fake news, influencers y discursos pseudocientíficos: «Los adolescentes y los universitarios jóvenes son una población vulnerable en este sentido y, sin prevención, corremos el riesgo de que solo les llegue la información que se ajusta a sus patrones».

Esta red interuniversitaria de investigadores, con gran tradición en estudios con población adolescente para concellos e instituciones como Unicef, mantiene en paralelo varias líneas de trabajo sobre universitarios relacionadas con consumos, agresiones sexuales en presencia de sustancias o uso problemático de redes sociales. Los autores de los dos trabajos sobre el cannabis son, además de Nuria García, Manuel Isorna y Millán Brea (UVigo), Antonio Rial y Patricia Gómez (USC), y Víctor José Villanueva (UIV).

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