El calvario de una funcionaria en un minipiso de Vigo: «No me ducho y como crudo»
Una vecina de Teis denuncia que sufre una plaga de insectos y humedad en su vivienda en alquiler, por lo que reside en el salón

La vecina de Vigo afectda por problemas en su vivienda. / Alba Villar
Es funcionaria, tiene más de 50 años y reside en un espacio de unos 15 metros cuadrados (m2), los que se corresponden con el salón (tiene una cama, una mesa y dos sillas), dentro de un piso de 36 m2 en Teis. Prefiere no revelar su nombre para hacer pública una situación que la tiene al límite desde hace meses: sufre «pobreza habitacional». Asegura que, en su domicilio, por el que paga de alquiler 520 euros al mes a un gran tenedor, hay humedad y una plaga por casi toda la propiedad.
«Es habitual ver ciempiés, polillas e insectos pequeños y negros que se alimentan de sangre», apunta. Es una de tantas personas que ponen rostro a la crisis de la vivienda. Entró el 1 de julio. Ahora, las propiedades disponibles en arrendamiento en la urbe por debajo de ese precio no llegan a la decena y en muy pocas se permiten mascotas: vive con dos gatas. «Ni me ducho ni cocino. Me lavo con una toalla mojada con jabón y no entro ni a la cocina; como crudo y conservas», indica.
«Ni me ducho ni cocino. Me lavo con una toalla mojada con jabón y no entro ni a la cocina; como crudo y conservas»
Guarda la comida «en bolsas y botes colocados sobre cajas y sillas». Cuenta a FARO que «la lavadora está sucia y parasitada», por lo que lava a mano en el baño la ropa interior y las camisetas delicadas. «La ropa de cama se mantiene a remojo y la llevo a una lavandería. La seco en un tendedero vertical cubierto para evitar nuevas infestaciones. Y las ventanas siguen parasitadas y continúan cayendo insectos al limpiarlas», traslada.
Añade que las piezas de aluminio de las ventanas presentan «huecos sin sellar entre sí y en la unión con los cristales». «Los rodapiés no están ajustados ni al suelo ni a la pared. El falso techo del baño está agrietado y los muebles de la cocina no están ajustados ni al techo ni entre ellos. No puedo colgar cuadros ni dejar objetos al aire», señala antes de avanzar que ya ha decidido marcharse de este piso de Teis. Lo hará en cuanto encuentre una opción que se pueda permitir.
El precio del alquiler, un obstáculo
No lo tiene fácil al vivir con dos gatas. En Idealista, el portal inmobiliario que agrupa más anuncios, solo 11 de los casi 300 inmuebles del mercado disponibles para estancias largas admiten mascotas. Y solo tres se ofertan por menos de 1.000 euros al mes. En todo caso, reitera que abandonará cuanto antes la vivienda, pero quiere relatar su experiencia para que las administraciones se den cuenta de la situación dramática que genera la crisis habitacional. «Hablan de una realidad paralela», abunda.

Estado de una de las estancias de la vivienda alquilada. / Alba Villar
Comenta que la relación con la propiedad se enturbió desde el comienzo. «Me entregó la vivienda muy sucia, pero acepté por pura necesidad. Fue pintada sin retirar los muebles anteriores, de modo que aún se aprecian sus marcas en las paredes. Una semana después, comencé a enviar correos electrónicos informando de las incidencias detectadas, a los que únicamente se me respondía que quedaban registradas», recuerda antes de apuntar que la propiedad le faltó al respeto varias veces.
Indica que, el 22 de agosto, acudió a la oficina de los dueños, grandes tenedores. «El administrador me indicó que se marchaban de vacaciones y me pidió que esperase a su regreso», asevera. Cuenta que, cuando la propiedad finalmente acudió a la vivienda y comenzó a mostrarle los problemas, no mostró voluntad para resolverlos. «Los marcos de la puerta de entrada presentan huecos de origen desconocido y una pared del baño también tiene agujeros», expone.
Ayuda a las administraciones
«He consultado en distintos organismos y nadie parece ser competente en esta materia: ni Vivienda de la Xunta, ni Consumo, ni Urbanismo del Concello, a quien presenté un escrito por la sede electrónica. Un notario tampoco interviene, ya que solo levanta acta de desperfectos a instancia de la propiedad. En Sanidade, tampoco supieron orientarme en este tipo de situaciones», cuenta esta vecina antes de adicionar que «las luces de emergencia del edificio no funcionan y falla con frecuencia la iluminación exterior del portal y la comunitaria».

Estado del baño de la vivienda. / Alba Villar
Apunta que este «es ya el tercer gran arrendador» con el que se encuentra en Vigo. «Frente al discurso de que la mayoría de propietarios son pequeños arrendadores, la realidad para muchas personas es muy distinta. Mientras, el derecho a una vivienda digna se convierte en un negocio basado en fondos de inversión y pobreza para la ciudadanía común. Pago 520 euros por 36 m2 de miseria y, si dejo de pagar, soy okupa y delincuente. Menos turismo y más vivienda digna», expone.
Sin igualdad de condiciones
Lamenta que, «aunque el alquiler es un contrato entre dos partes, estas no están en igualdad de condiciones». «La parte arrendataria no decide el contenido del contrato ni cuenta con la misma protección jurídica que la propiedad. Considero, además, que los arrendatarios no deberían entregar su documentación personal a los arrendadores. El DNI es un documento especialmente protegido y tampoco deberían retenerse las nóminas», sugiere esta vecina del barrio de Teis.
Propone que las administraciones competentes abran expedientes durante la vigencia de los contratos, custodien la documentación y las incidencias y garanticen su resolución mediante un sistema inspector ágil y coordinado. «He acudido a dos abogados, sin obtener resultados efectivos. La última letrada me indicó que la situación supone un atentado contra la dignidad personal y el derecho al honor», afirma. Las administraciones públicas tampoco la han ayudado por ahora.
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