Las mujeres que sostuvieron la industria conservera del siglo XX: peor pagadas que los hombres pero vitales para la supervivencia familiar
Una investigación de la USC cuantifica brechas salariales de hasta el 60% y determina que los salarios femeninos eran imprescindibles para los hogares obreros de la Ría de Vigo hasta 1960 a partir de los datos reales de Massó y Alfageme

Mujeres trabajadoras en la fábrica de Massó a mediados del siglo XX. / Fondos Museo Massó
El desarrollo económico del litoral gallego durante el siglo pasado se apoyó en la industria conservera y en las mujeres, que constituían la mano de obra mayoritaria. Este «papel central» fue incluso más destacado en la Ría de Vigo, donde se localizaban el 40% de estas empresas a nivel nacional. Pero, como ocurría en otros sectores intensivos en trabajo femenino, las brechas salariales alcanzaban hasta el 60%. Y aún así, la aportación femenina fue imprescindible para la supervivencia y reproducción de las familias.
Un estudio desarrollado por dos investigadoras de la USC, Luisa María Muñoz y Mónica Carballal, cuantifica las diferencias salariales a partir de los datos reales de Massó y Alfageme durante el periodo comprendido entre 1900 y 1960, además de reconstruir los presupuestos familiares de los años veinte y cuarenta y revelar que la aportación de las mujeres fue vital.
«Vigo era el principal puerto exportador de conservas y en torno al 90% de las plantillas estaban compuestas por mujeres. Dependían de esa mano de obra poco cualificada, entre otras cosas, porque tampoco las dejaban formarse, y ellas cobraban mucho menos que los hombres haciendo el mismo trabajo. Sin embargo, un tercio de los gastos familiares eran financiados por estos salarios femeninos. Incluso durante el primer franquismo, cuando la dictadura imponía el discurso domesticista de que el hombre, como cabeza de familia, era el único que tenía que sostener a la familia. Era totalmente mentira. Las familias obreras no podían mantener esa situación, los ingresos de las esposas eran imprescindibles», destaca Carballal, actualmente profesora sustituta en el departamento de Economía aplicada de la UVigo.

Mónica Carballal es una de las autoras del estudio. / Cedida
«Se trata de escribir la historia de forma justa, poniendo a las mujeres en el lugar que les corresponde»
«Mi abuela fue operaria de una conservera en el puerto de Marín y es un tema que me interesa y me toca de cerca. Se trata de escribir la historia de forma justa, poniendo a las mujeres en el lugar que les corresponde. Me parece muy relevante porque se habla muchas veces de la importancia de esta industria para la economía gallega, pero no de que era mayoritariamente femenina. Ocurría lo mismo en la tabacalera de A Coruña o en la industria textil de Cataluña. Era algo común y, por desgracia, la brecha salarial sigue existiendo. No es cosa del pasado», reivindica.
Para poder mostrar la diferencia salarial entre hombres y mujeres, las dos investigadoras llevaron a cabo un arduo trabajo bibliográfico en diferentes fuentes. Consultaron más de 1.500 expedientes de Massó y Alfageme, además de informes de la Junta Local de Reformas Sociales de Vigo o reglamentos laborales de la industria conservera. Y reconstruyeron dos presupuestos familiares , en 1926 y en 1945, a partir de los datos sobre precios del Anuario de Estadística de España, la Cámara Oficial de Comercio y Navegación de Vigo, la sección de Abastos del Ayuntamiento e informaciones publicadas en FARO como las relacionadas con las cartillas de racionamiento durante la dictadura.

Cartilla de racionamiento publicada en Faro de Vigo en enero de 1945. / FdV
«Había brechas salariales en torno al 40-50% y además comprobamos que eran mayores a medida que las mujeres ascendían de categoría profesional y haciendo trabajos iguales que los hombres», destaca Carballal.
Las mujeres tenían carreras discontinuas, menor posibilidad de ascenso y salarios inferiores y la brecha pasó del 61% a inicios del siglo XX a un 32% a finales de los años cincuenta.
La principal partida de gastos de las familias obreras era la alimentación, que suponía entre el 65 y el 70% durante el periodo de estudio. Y la cesta de productos básicos en la Ría de Vigo estaba compuesta por pan, pescado, carne de vaca, habas, garbanzos, hortalizas, arroz, azúcar, leche, manteca, aceite, vino y aguardiente. «Buscamos información de la dieta típica de la época y de los precios para hacer una estimación lo más objetiva y cercana a la realidad posible», apunta Carballal.

Mujeres trabajando con la sardina en la factoría original de Massó en Bueu. / Fondos Museo Massó
El estudio cuantifica en un 20% la aportación del salario femenino al gasto alimentario durante el primer tercio del siglo y en un 23% tras la Guerra Civil, en un contexto en el que los planes del régimen para garantizar la subsistencia de la población a través del reparto se mostraban «totalmente insuficientes». Los salarios femeninos no eran complementarios, sino vitales y ninguna familia podía prescindir de ellos ni del autoconsumo durante todo el periodo de estudio.
«Si en el primer tercio del siglo XX, los ingresos femeninos ya eran imprescindibles, en el año 45, en plena autarquía y en una situación de enorme escasez y crisis económica se vuelven muchísimo más importantes», subraya Carballal.

Trabajadoras de la antigua fábrica de conservas de Massó. / Fondos Museo Massó
La investigación también ha puesto de relieve la «invisibilización» de las actividades económicas femeninas en las fuentes históricas: «En los padrones la profesión asignada a muchas de estas mujeres que trabajaban en el sector conservero es la de 'sus labores'. En los registros no figuran las mujeres que estaban contratadas de forma temporal, unos meses al año, coincidiendo con las capturas del pescado y la mayor demanda de mano de obra».
El estudio se desarrolló dentro del Gespic (Grupo de Estudios de Historia Empresarial y Sectorial. Pesca, Industria y Comercio), donde Carballal realiza su tesis, aunque en un campo diferente: «Luisa María Muñoz tiene una amplísima experiencia en el estudio del trabajo femenino en Galicia y también me gustaría seguir investigando en esta línea. De hecho, estoy empezando un trabajo para visibilizar a las mujeres empresarias de la época. Deseo y espero que los estudios de historia económica con perspectiva de género sigan adelante y que gobiernos e instituciones los apoyen y financien».
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