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Comercios

Retales Lidia: la historia de una emprendedora viguesa que abrió su tienda en 1971 y hoy es un negocio familiar

Desde su apertura, la tienda ha sido testigo de la transformación de Vigo, adaptándose a las crisis económicas y a las modas, y manteniendo su lugar en la historia local.

Álvaro Farrapeira, nieto de Lidia, cuenta la historia de la Tienda.

Malena Álvarez

Si Lidia hubiese sido un hombre, sería Amancio Ortega. Es lo que dice su nieta, María Farrapeira, dueña junto a su primo Álvaro, de Retales Lidia. Uno de esos negocios que ya forman parte de la cultura viguesa. Viuda con tres hijos, Lidia decidió emprender en 1971. Abrió una tienda de ropa confeccionada. Tenía pantalones, camisetas, baberos y diferentes surtidos de prendas. Pronto percibió que lo que más se vendía eran los restos de tela. Sin adornar, tal y como salían de la fábrica. Así nació una marca que ya ha pasado por las manos de tres generaciones diferentes.

En la galería de Rosalía de Castro 3, el lugar «donde todo empezó», Álvaro y María siguen recibiendo a clientes todos los días. Se criaron entre tejidos y costura. «Al principio el trabajo no me gustaba «nada», confiesa la nieta de la fundadora. Comenzó en la tienda a los 14 años, pero como la mayoría de jóvenes de su edad, prefería salir con sus amigas. Ahora le «encanta». No es una sorpresa, ya de pequeña aprovechaba las horas del mediodía para ver cómo su abuela cosía a máquina. Hasta los últimos años de su vida, Lidia seguía rematando baberos y pequeñas prendas en una nave de Arbo, donde almacenaba cientos de cajas de género. «Tenía una obsesión con los baberos», recuerdan. De todos los que hizo aun guardan alguno. Actualmente, la tienda no ofrece servicio de costura, aunque ambos resaltan que, para estar al frente, es necesario tener nociones. Los clientes siempre piden consejo «a veces solo falta sacar la máquina y hacerles el disfraz», bromea María. Álvaro, por su parte, tampoco se imaginaba acabar tomando las riendas del negocio en el que se crió. Es más, cada vez que Lidia le mandaba una tarea él salía corriendo. Pero el tiempo, como los dobladillos, termina ajustándolo todo.

Lidia Moreira Coto de joven.

Lidia Moreira Coto de joven. / FdV

Evolución de Retales Lidia

La historia de Retales Lidia es también la de una ciudad que cambia. Una que vivió la expansión del comercio local, allá por los años 2000. La tienda se multiplicó. En 2004 abría otra en Travesía de Vigo y en 2006 en Florida. También salió de la ciudad, llegó a tener presencia física en Arbo. Eran tiempos de compras por volumen, de viajar a fábricas y adquirir cientos de piezas de un mismo tejido. «Mi abuela podía comprar 400 telas iguales», cuentan. Durante estos 50 años de historia también fueron testigos de las crisis. La última fue la de la COVID-19, que nos obligó a cerrar dos tiendas», explica Álvaro. De aquel mapa de locales, hoy permanece el original. «Fuimos haciéndonos grandes y luego, un poco más pequeños», resume.

Ellos han sabido adaptarse. Carnaval es la temporada estrella. Todas esas personas que nunca han tenido interés por la costura, se acercan en esta fecha del año a Retales Lidia. Pero no es su único negocio, la tapicería mantiene un flujo constante. La loneta, especialmente negra, es uno de los productos más vendidos. «Para eventos, para escenarios, el negro siempre sale», aseguran. También el polidril y los tejidos resistentes para uso profesional. Los retales de confección, aquellos con los que Lidia empezó, también siguen teniendo salida. Pequeños cortes para hacerse una falda, arreglar una prenda o iniciarse en la costura. Es ahí donde perciben otro cambio: el relevo no es solo generacional en la propiedad, también en la clientela. «De unos años a esta parte veo más gente joven», resalta Álvaro. La mayoría acude tras apuntarse a cursos de costura. El fenómeno «hazlo tú mismo» ha devuelto a las telas cierto protagonismo.

Las modas son decisivas. El color de temporada suele ser el que más éxito tiene. Pero ellos hacen sus cálculos para saber en qué invertir. El marrón, por ejemplo, suele ser el que menos se vende. La brillantina, aquellas telas con pequeños puntos brillantes que triunfaron hace años, está prácticamente fuera de stock. María y Álvaro son ahora el presente, no se sabe quién seguirá con el legado de Lidia en el futuro. Lo único que está claro es que todos ellos ya forman parte de la historia de Vigo.

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