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El hombre sin vergüenza que hizo desfilar a la Travesía de Vigo en el Carnaval vigués

La comparsa Furafollas dedica el diseño de este año a su cofundador, José Antonio Veiga, veterano del Carnaval vigués, en el que participó en 38 ediciones

Una persona «de carácter canalla». «Muy amigo de sus amigos». «Un tío alegre», que «se moría por su barrio». Siempre positivo, fuesen cuáles fuesen las circunstancias. «Un hombre que quiso disfrutar de la vida». Y así lo hizo hasta poco antes «apagarse» de un cáncer, en marzo del año pasado, a las pocas semanas de desfilar en el que fue su trigésimo octavo desfile de Carnaval de Vigo. Así describe Iria a su padre, José Antonio Veiga Romeo, del que ha cogido el testigo al frente de la comparsa Furafollas de Travesía de Vigo. «La gente pensaba que íbamos a guardar el luto este año, pero si no salimos, mi padre se revolvería en la tumba», cuenta. De hecho, se lo hizo jurar: «Pase lo que pase, desfiláis». El diseño que lucirán hoy es en su honor.

Desde siempre, disfrazarse de mujer «era su pasión». Como no era pequeño, buscarle ropa no era tarea fácil. Pero él se apañaba con una falda, un sujetador y unas naranjas. «Era un sinvergüenza nato», señala Iria, que le dedica a menudo este calificativo, resignificándolo desde el amor más profundo. Él ansiaba desfilar en el centro, donde se montaba, «una fiesta muy grande», con una verbena en Porta do Sol. Lió a Carlos Estévez, de la mercería del barrio, para que le ayudara con un disfraz de taza de café «O Piringallo».

Primer desfile de la comparsa de Travesía de Vigo.

Primer desfile de la comparsa de Travesía de Vigo. / Cedida

Algún año después, consideró que los niños del equipo de fútbol del barrio al que entrenaba también tenían que disfrutar de esa alegría. Así nació la comparsa Travesía de Vigo, en 1985 y ganaron 14.000 pesetas disfrazados de fichas de dominó. Por aquel entonces, el desfile vigués acababa tirando la sardina al mar en el Areal. Ese año les cedieron el honor a ellos, abriéndoles camino entre la multitud.

Nuevas generaciones

Incorporó a su hija en el de 1987, con solo 14 meses. Vestida de pescantina, iba «de colo en colo». Iba encantada. Heredó el carácter fiestero de su padre.

Además del año que se suspendió por el covid, dejaron de salir otro por un fallecimiento. Él no podía faltar. Vestido de mujer y con un amigo, de bebé, se metieron entre dos comparsas.

Hace once años, resurgieron bajo el nombre de Furafollas, tras la partida de uno de los cocreadores de la comparsa. Acumulan muchos premios, como el del año que fueron de farolas con bombillas que se encendían gracias a petacas con pilas, en la era preleds.

José Antonio, en el desfile del año pasado

José Antonio, en el desfile del año pasado. / Cedida

Pero, sobre todo, atesoran recuerdos de convivencia y cariño en un ambiente familiar. Iria se emociona al hablar de las sonrisas de ilusión que se dibujan en la gente adulta de su barrio, como chiquillos en el día de Reyes. También la vio en su padre, el año pasado, sentado en la carroza de la Escritura, «feliz».

Primera edición sin él

Desfilarán, este año, 55 personas, desde los 6 a los 82 años. Este veterano es José Antonio Santos, que aún les dibuja a escala para la carroza. Por cierto, este año estrenan vehículo, tras décadas saliendo con un sidecar Frankenstein, con piezas de una desbrozadora y el motor de una moto, tirando de una plataforma creada con somieres de cama.

Han escogido un tema cargado de ilusión y alegría, como José Antonio. «Una fantasía del mundo del pasodoble, el mundo andaluz... », explica. Lleva por nombre «Capote a la vida» y los colores están elegidos para visibilizar enfermedades: el amarillo del cáncer infantil; el rosa, de mama; el verde, de hígado; o el azul, de próstata; y el lila, por el alzhéimer. « Mi padre dejó a mucha gente marcada y se han involucrado mucho», agradece.

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