Justicia
Jesús González-Puelles, exdecano del Colegio de Procuradores de Vigo: La lección del líder discreto
El actual decano del Colegio da Procura de Vigo rinde homenaje a su predecesor tras su jubilación

Un brindis por un referente judicial en Vigo: el Colegio de Procuradores homenajea a González-Puelles / Pablo Gernández Gamarra
«Un líder discreto, referente de la profesión y un gran defensor de Vigo, su Justicia y su procura». Así define el actual decano del Colexio da Procura de Vigo, José Antonio Fandiño, a Jesús González-Puelles, quien se jubiló en diciembre tras casi 43 años de ejercicio profesional como procurador y que ayer fue homenajeado en una comida celebrada en el restaurante del hotel Attica 21 en Samil.
Más de 60 personas acudieron a la celebración entre magistrados, abogados, procuradores o letrados judiciales. Acudió también el presidente del Consejo General de Procuradores de España, Ricardo Garrido. González-Puelles fue decano del colegio vigués en dos etapas. En la primera de ellas su papel fue fundamental en históricas luchas judiciales, entre ellas la de conseguir la Audiencia para Vigo. Este fue el texto a modo de homenaje del actual Decano a su predecesor:
Hoy tenemos la sensación de que se nos queda la casa vacía. No es que no nos alegremos de tu jubilación, que ya ves que sí, pero, desde ahora mismo, los 127 procuradoras y procuradores de Vigo nos quedamos sin un líder discreto, referente de la profesión y un gran defensor de Vigo, su Justicia y su procura.
No es casualidad que hayas sido, en democracia, nuestro decano con más años en el puesto de mando, nuestro tesorero y presidente de la Mutualidad y, si no fuiste presidente de toda la procura española, fue porque ahí nos ha llevado algo más de tiempo cambiar lo antiguo por lo moderno.
Querido Jesús, tú sabes –y todos los que estamos aquí sabemos– que nos unen más que 43 años como compañeros de profesión y de lucha. Nos liga una amistad de la que siempre me he sentido orgulloso y de la que, especialmente hoy, que la profesión quiere reivindicarte (no sólo homenajearte), me hace muy feliz.
Amigo Jesús, queda ya muy atrás aquel junio de 1983 cuando, por cuestiones muy especiales, tuviste que hacerte cargo del despacho de tu padre, que acababa de fallecer repentinamente y que hizo que cambiaran todas las ideas que tenías preconcebidas de cómo sería tu futuro.
Hacía tres años que te habías licenciado en Derecho en la Universidad de Salamanca y tuviste que hacer un máster acelerado de procurador, pues así es como muchos empezamos, poco a poco, con alguna conciliación, algún verbalillo o haciendo informes para compañías de seguros. El despacho de tu padre ya era un despacho muy consolidado y con una gran carga de trabajo, lo que te obligó a ponerte las pilas y, sin pérdida de tiempo, hacerte con la profesión. Cierto que tuviste la suerte de contar en el despacho con un alma máter, Doña Adela, que dominaba lo necesario para que todo funcionara correctamente.
Éramos veinteañeros inquietos y pronto hicimos migas con otros compañeros con ganas de mejorar nuestra profesión. Eran tiempos de bonanza y ejercíamos con facilidad, el compañerismo reinaba en el Colegio y los mayores se encargaban de enseñarnos todo lo necesario para introducirnos y facilitarnos la vida. No existían máquinas, ni teléfonos, ni fotocopiadoras, pero tampoco los plazos eran tan exigentes como ahora:
-Mañana te lo traigo, no me hagas esto, que no está el abogado… se me olvidó…
Aquellos inquietos jóvenes empezamos a darle vueltas a cómo podíamos cambiar la dinámica que tenía el Colegio, pues llevaba muchos años de inmovilismo. La verdad es que teníamos ganas y eso nos llevó a comenzar a reunirnos para debatir soluciones. Encuentros casi revolucionarios y clandestinos, pues no se veía bien que unos chavales nos atreviésemos a cambiar una estructura que llevaba años funcionando y que nadie se había atrevido a cuestionar.
Jesús González-Puelles, los jóvenes inquietos de hoy deben saber que siempre estuviste en la brecha y que tu profundo conocimiento del derecho nos permitió crecer y encontrar el método para poder plantearnos acudir a unas elecciones. Para mí, que soy un poco más vehemente, era un privilegio contar contigo y con algún otro jubilado actualmente, como nuestro amigo
Manuel Castells, pues erais capaces de poner el temple necesario para que todo aquello fluyera adecuadamente. Estábamos a finales de los años 80 y, como ya conté en alguna ocasión, la vieja guardia desestimó nuestra candidatura por no haber jurado los principios del Movimiento. Tu talento, tu base jurídica y la de otros nos permitieron detectar que, aquel artículo que figuraba en el estatuto y por el que nos invalidaban, estaba derogado por la Constitución española desde 1978.
Si en los 80 éramos jóvenes activos, yo diría que hoy somos activos maduros. Viejos roqueros en una profesión por la que han pasado 50 años que han ido cambiándolo todo: la procura, el Colegio, la Justicia…
Hoy todo es mejor, o parece mejor. Los juzgados están donde antes íbamos al médico, en un edificio precioso, simbólico, que antes fue la Residencia Almirante Vierna, con la democracia el Hospital Xeral, y ahora nuestro Palacio de Justicia; al fin con mujeres, LAJ que ya no son secretarios, juezas donde solo había jueces, fiscalas, funcionarias…
Los procuradores ya no vamos al juzgado a diario. Gracias a una tecnología que nos rompe la cabeza y acaba con nuestra paciencia, recibimos un montón de comunicaciones a las 3 de la tarde y, además, con toda esta digitalización, nos vemos menos, mucho menos.
Hoy el Colegio no es de los Procuradores, sino de la Procura, con lo que hemos sido pioneros en España en incorporarnos al lenguaje inclusivo y, aún más, el único en el que sus colegiadas y colegiados son los que han elegido democráticamente nuestro nuevo nombre y nuestra nueva marca. Hoy, 9 de los 11 miembros de nuestra junta directiva son procuradoras, en una profesión tan femenina como en aquellos tiempos lo era en masculino.
No lo sé, querido Jesús, si hoy tenemos una profesión mejor, porque todos sabemos –y eso estamos intentando remediar–, que la procura de hoy remunera mal, no atrae a los jóvenes y su declive no tendrá retorno si no somos capaces de cambiar esa tendencia.
Digo que no lo sé, porque ser y parecer no son sinónimos. El último año, por ejemplo, los procuradores de Vigo hemos gestionado la friolera de 666.000 notificaciones y 121.000 escritos, un nuevo récord histórico, casi un 50% más que hace 5 años. ¿Eso es eficiencia o sólo es el resultado de una procura low cost a merced de una tecnología mal desarrollada y mal implantada que, por cierto, nos tiene fritos?
Por todo eso seguimos siendo inquietos, aunque veteranos….
Amigo Jesús, cuando empezabas, cuando empezábamos en aquellos años 80, vivimos primero la separación de las jurisdicciones civil y penal; la desaparición de los juzgados de Distrito; la creación de los juzgados de lo Penal, ya al comienzo de los años noventa; o la creación de los salones de notificaciones a los procuradores. Y, sobre todo, aquella Ley de Planta y Demarcación Judicial que, incomprensiblemente, pero así sigue, definió a Vigo en el apartado «otros pueblos», fuera de la asignación judicial que se otorgó a las grandes ciudades o a las capitales de provincia.
En tu primera etapa como decano (1990-1998) te convertiste en uno de los principales portavoces de la ciudad para reclamar Audiencia Provincial y otros juzgados que aquí se habían hurtado. Tu participación fue decisiva en la creación de las secciones de la Audiencia de Vigo, impulsada y liderada por el entonces juez decano, Antonio Romero, a quien, por cierto, la Justicia ha ninguneado ahora, cuando propusimos dedicarle una sala cargada de simbolismo. Es cierto que, a ti, nuestro decano entonces, te costó más de un disgusto y fuiste declarado como persona non grata en la capital, Pontevedra. La solidez, el liderazgo, tu prestigio y esa paciencia que te caracterizan, hicieron que siguieras representado al Colegio de Vigo incluso en los actos que se celebraban en la capital de la provincia.
Participaste en la creación de la asociación gallega de procuradores que, posteriormente, dio lugar al Consello Galego, donde fuiste presidente en el año 2000. Y entre el 2006 y 2010 gestionaste tu segunda etapa en el decanato de Vigo, en el que te sucedió Manuel Castells.
Al concluir el mandato de Castells, tocaba buscar recambio. No me diste opciones. Recuerdo tus palabras: «Tienes que dar un paso adelante». Y no me quedó otra que presentarme a decano.
Te diré, querido Jesús, que te estaré siempre agradecido, pues tu generosidad me permitió contar con tu presencia en la junta para poder tener tu opinión y tu conocimiento cerca.
Hoy, como en los 80, estamos necesitando y reclamando en Vigo al menos una sala más de Audiencia Provincial y, al menos, un juzgado más de lo Mercantil. Hoy, como entonces, lo hace la procura, que también quiere competencias homologables con Europa para mejorar la Justicia y mejorar la profesión.
Fuiste un magnífico decano, un gran compañero y una excelente persona, y eso nos llevó a que la Junta de Gobierno te concediera el nombramiento de Decano de Honor, y ahora ha llegado el momento de que disfrutes el fruto de tus años de trabajo y que todos estaremos encantados de seguir gozando de tu amistad.
Te deseamos que esta nueva etapa esté llena de descanso, que puedas dedicar el tiempo a tus seres queridos, sobre todo ahora, que tienes que atender las obligaciones de un buen abuelo, y que tienes la tranquilidad de saber que has cumplido con creces tu deber.
Gracias, Jesús, por tu tiempo, tu cariño y tu inigualable profesionalismo.
Diempre serás para nosotros, nuestro decano.
Que seas muy feliz.
*José Antonio Fandiño: (Decano del Colexio da Procura de Vigo)
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