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OKUPACIÓN

Los okupas de la guardería Dumbo se mudan a una residencia de mayores abandonada

Los veinte inquilinos irregulares consiguen romper el blindaje del antiguo centro de la fundación San Rosendo en el entorno de la Plaza de Santa Rita

Los vecinos, desesperados: «¿Quién protege a nuestros hijos?»

La antigua residencia de la Fundación San Rosendo en Santa Rita, donde se han instalado los okupas.

Marta G. Brea

Hasta el pasado domingo, unos veinte okupas vivían en la antigua escuela infantil Dumbo, en la calle Couto San Honorato. La propietaria decidió contratar a una empresa de desalojo exprés para expulsarlos y, de forma inmediata, se mudaron a un sitio ubicado a escasos metros. Concretamente, a la residencia de mayores de la Fundación San Rosendo, ubicada en la plaza de Santa Rita, entre las calles Filipinas y Baixada á Salgueira. Pese a que el edificio está protegido con barrotes y con todas las ventanas tapiadas debido a pasados episodios de okupación, consiguieron encontrar un resquicio, romper una parte del blindaje y entrar en el inmueble, que está en una situación de abandono extremo y en condiciones completamente insalubres.

Los vecinos que viven en la calle Bajada á Salgueira vieron desde sus ventanas cómo los okupas fueron entrando en la antigua residencia de mayores San Rosendo, lo que disparó todas las alarmas. Y es que el edificio está a escasos metros de varias viviendas. Es más, algunos vecinos, desde sus propios pisos, pueden ver cómo los okupas se drogan o encienden velas por la noche.

Interior del inmueble, en condiciones extremas de insalubridad.

Interior del inmueble, en condiciones extremas de insalubridad. / Marta G. Brea

«Nosotros tenemos tres hijas, una de siete, una de nueve y otra recién nacida. El otro día llegamos a casa y una de ellas nos preguntó quién era esa gente que estaba por la calle con comportamientos muy extraños provocados por el alcohol o las drogas. No puede ser que ahora, cuando nos digan que quieren bajar a la calle, tengamos que estar pendientes de si están o no los okupas para dejarles bajar. ¿Quién protege a nuestros hijos?», se pregunta una vecina que vive en uno de los edificios ubicados frente a la residencia. Para que las niñas eviten ver lo que pasa en el interior de la misma, por la noche cierran todas las persianas y los estores.

Tanto a esta familia como a otras, además de la seguridad, les preocupa y mucho que la calle se convierta en otro foco de menudeo como ya sucede en otras zonas de Pizarro tras varios episodios de okupación. Es más, una de las comunidades de vecinos de Baixada á Salgueira ha preparado una carta para remitir directamente al alcalde de Vigo «por el estado de degradación que no solo dificulta el día a día, sino que genera un miedo real entre quienes vivimos aquí».

Entre los problemas que enumeran, además de aceras «intransitables» o apagones y falta de alumbrado, precisamente está la inseguridad y la reincidencia de la okupación. Entienden que los desalojos aislados son ineficaces y que el problema del trapicheo de drogas y la inseguridad «simplemente se desplaza unos metros, cronificando el conflicto en el barrio». Consideran que la presencia de menores viviendo en los edificios junto al inmueble okupado convierten esta situación en «insostenible». Por ello reclaman una estrategia que no se limite a desalojos temporales, sino que obligue a los propietarios de inmuebles okupados a su cierre efectivo o a su rehabilitación, eliminando los focos de tráfico de drogas «que amenazan a nuestros hijos.

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