Marcos Waldemar, ilusionista gallego: «Si conseguía hacer desaparecer y aparecer los olores de forma práctica, podía crear experiencias que la gente recordase»
El campeón de España de Magia, presenta en el Teatro Salesianos de Vigo este 14 de febrero, «Inherente», un espectáculo donde cuenta su historia y la del Conde Waldemar. «Nací el día de los magos, en la familia de un gran mago, era casi una profecía».

Marcos Waldemar / FdV
— Nació en una casa marcada por una historia muy particular, la del Conde Waldemar, ¿Qué significó crecer escuchando sus historias?
Significó todo. Por eso hago magia a día de hoy. No lo conocí, pero mi casa estaba llena de cuadros de él, de sus cosas y yo crecí jugando a ser mago. A mí me decían que paró el tráfico en el Golden Gate, que transformaba el papel en dinero y que podía hacer nevar en cualquier sitio, entonces quería ser como él.
— En el espectáculo habla precisamente de que la magia le es inherente.
Nací el 31 de enero, que es el día de los magos. Crecí en la familia de un gran mago. Era casi una profecía, estaba escrito que yo me tenía que dedicar a esto.
— Su vida fue casi novelesca: viajes transoceánicos, una etapa en Filipinas, regreso a Galicia ¿Cree que esa experiencia vital influye más en un artista que la propia técnica?
Estoy convencido. Un gran maestro de la magia, Dai Vernon, decía que un mago tiene que vivir mucho para poder ser buen mago. No basta con saber técnicas; necesitas mundo interior. Waldemar estuvo en 69 países, se casó con una terrateniente en Filipinas, se libró en Japón de que lo fusilaran… Eso marca una personalidad y, por tanto, una forma de hacer arte.
—¿Y cuál es su mundo interior?
Mi familia forma parte, claro. Pero también las experiencias que he ido sumando: la televisión, las giras por Estados Unidos, este verano Latinoamérica… Costa Rica, Perú, Argentina, Colombia. Todo eso amplía tu mirada. Las personas que conoces, los referentes, los lugares, todo alimenta lo que luego cuentas en escena.
— Recupera el «Waldemar» en el nombre artístico, pero evita definirse como mago. ¿Qué le incomoda exactamente de esa palabra?
Porque es una palabra que tiene muchas connotaciones. Puede ser el chamán con poderes sobrenaturales o el personaje con chistera y varita. Nosotros no tenemos poderes; creamos ilusiones. «Ilusionista» sería más preciso. Pero la palabra con la que más me identifico es «artista», no de forma pretenciosa, sino por intención. Busco que la magia sea un medio de expresión, una manera de contar mi mundo interno.
— Estudió ingeniería en diseño industrial. ¿Qué le aporta hoy esa formación?
Muchísimo. Los magos fabricamos artefactos constantemente. Yo además tengo una productora, Invisible Compass, con la que distribuimos juegos a productoras y magos de todo el mundo. La formación como ingeniero me ayuda a diseñar métodos, productos, a pensar procesos. Crear un juego de magia es como resolver un puzle: imaginas un efecto imposible y luego buscas la manera de hacerlo realidad.
— Uno de sus desarrollos más innovadores fue trabajar con olores en escena.
Sí, fue casi una obsesión. La magia suele entrar por los ojos; el olfato es un territorio muy poco explorado y además está directamente conectado con la memoria emocional. Un olor puede transportarte a la casa de tu infancia en un segundo. Pensamos que si conseguíamos hacer aparecer o desaparecer olores de forma práctica, podríamos crear experiencias que la gente recordara durante años. Gracias a ese sistema fui campeón de España.
— Qué busca cuando sube a un escenario? ¿Solo hacer magia?
Intento que se lleven algo más. Una amiga me dijo una vez: “La mejor forma de conocerte es ir a ver tu show”. Y estoy de acuerdo. En el espectáculo cuento mi historia y la de Waldemar, hablo de mis aficiones, de lo que me gusta y lo que no. La magia es el vehículo, pero lo importante es la conexión.
— Galicia vive un momento especialmente fértil en la magia. ¿Existe una identidad gallega?
Somos muy diferentes entre nosotros, pero quizás esa sea nuestra identidad. Galicia siempre fue un referente dentro de España, y España lo es a nivel mundial junto con Estados Unidos o Corea. Figuras como el Mago Antón abrieron camino con una creatividad enorme. Aquí hay una forma de pensar más divergente, quizás influida por nuestra cultura mística. No nos conformamos con repetir; intentamos darle siempre un toque personal.
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