OKUPACIÓN
Desalojo exprés de veinte okupas que vivían en una antigua escuela infantil junto a Praza de España
Los inquilinos irregulares convirtieron la guardería Dumbo, cerrada hace años, en un narcopiso

Escuela infantil Dumbo, donde han llegado a vivir veinte okupas. / Marta G. Brea
Los okupas no solo se meten en casas o pisos. Lo cierto es que vigilan prácticamente cualquier tipo de inmueble para, en caso de estar vacío, poder entrar en él a vivir. Es lo que ha ocurrido en la calle Couto San Honorato. Concretamente, veinte okupas llevaban varios meses residiendo en la escuela infantil Dumbo, cerrada ya desde hace unos años. Estos inquilinos irregulares pasaban los días entre las cunas, los libros infantiles y las mesas y las sillas para los niños que estudiaron allí. Y, además de vivir, también convirtieron el inmueble en un narcopiso, donde se trapicheaba y se vendía droga.
"Todos los que estaban allí eran toxicómanos, gente con antecedentes. Convirtieron la guardería en una naracovivienda", asegura Francisco Fernández, gerente de Desokupa 24 horas, la empresa que recuperó el inmueble tras ser contratada por la propietaria. Hay que señalar que la mediación entre los empleados de esta firma de desalojo exprés y los okupas fue cordial y sencilla y sin necesidad de llegar a ningún acuerdo económico. Les pidieron una semana para irse y se acabaron yendo sin poner problemas. Pero el interior, no obstante, ha quedado muy deteriorado y en unos niveles de insalubridad extremos. Tras recuperar el edificio, se procedió a tapiar todas las ventanas, a poner una cerradura nueva y a instalar una alarma, entre otras medidas, para evitar que otros okupas vuelvan a entrar.
Antes de contratar a la empresa de desalojo exprés, la propietaria interpuso una demanda judicial con el objetivo de intentar recuperar la vivienda, pero el proceso se alargó durante meses sin que nada se solucionase. Es más, al edificio de la antigua escuela infantil Dumbo llegaron varias cartas, algunas notificaciones judiciales, a nombre de uno de los okupas, que llegó a establecer allí su sede postal. Tras la espera, la dueña decidió contratar a Desokupa 24 horas, que opera a nivel nacional y cuenta en Vigo con una de sus sedes, a la que le abonó alrededor de 10.000 euros por la expulsión de los okupas y la recuperación del inmueble.

Tres de los okupas, antes de abandonar el inmueble. / FdV
Según pudo saber este periódico, la mayoría de los veinte inquilinos irregulares que estaban viviendo allí durante los últimos meses son personas muy conocidas del entorno del barrio de O Calvario, concretamente gente con problemas de drogadicción que suelen pedir dinero en las puertas de distintos supermercados y que han causado distintos incidentes en la zona peatonal de la calle Urzáiz, obligando a intervenir a agentes de la Policía Nacional que suelen patrullar por allí. Vecinos y comerciantes, precisamente, denuncian que de un tiempo a esta parte se ha incrementado de forma considerable el consumo y el trapicheo en la zona debido, especialmente, a la proliferación de narcopisos.
Lo que más llama la atención de este caso es que el que fue el hogar durante años de niños pequeños del entorno de Praza de España y todo su entorno acabó siendo, hasta hace unos días, la residencia ilegal de veinte okupas y también uno de esos problemáticos narcopisos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un colegio de Vigo, entre los 100 mejores de España según la revista Forbes
- «La generación Z consume menos alcohol porque encontró una droga nueva: la tecnología»
- Varios heridos y destrozos en el Twenty de Vigo en una pelea entre ultras del Celta y el Lyon
- Sorprendidos manteniendo relaciones sexuales dentro de un coche en el aparcamiento de un supermercado de Redondela
- La hélice del crucero «Spirit of Discovery» quedó al aire frente a la costa gallega: hubo un fallecido y más de 100 heridos
- Unos padres de Ponteareas ceden la representación legal de su hija con discapacidad a sus hermanos por falta de «competencias digitales»
- Locales de hostelería de Vigo ya exigen consumición mínima a los clientes para poder sentarse y limitan el número de carritos de bebé
- Una madre con una hija de 10 años en O Porriño: «Llegué del trabajo y vimos que ya no teníamos casa»