La presa de Eiras alivió en un día el agua equivalente al consumo de seis meses y medio
«Necesitamos una presa aguas arriba para garantizar el abastecimiento ante cualquier sequía», recuerda Caballero

La presa de Eiras, a rebosar tras numerosas jornadas de lluvias en todo Galicia. / J. Valdivia
El paraguas, las botas y los chubasqueros se han convertido en amigos inseparables de los vigueses en el último mes. Llueve sobre mojado: 18 días seguidos de precipitaciones... y los que vendrán. En lo que va de año, no ha habido agua en solo dos jornadas. Y las previsiones meteorológicas apuntan a que seguiremos estrechando la relación con los planes a cubierto, al menos, durante una semana más. Entre todas las jornadas protagonizadas por los chubascos, destacó una: el 26 de enero.
Ese día, según los datos recogidos por la estación de MeteoGalicia en el Campus de Vigo, cayeron 120 litros por metro cuadrado, una de las cifras más altas de la historia de la ciudad. La de Navia anotó 67,8 litros; la del puerto, 57,2 litros; y la de la avenida de Madrid, 68,4 litros. Son cantidades superlativas, al igual que la indicada en Fornelos de Montes, donde se encuentra el embalse de Eiras: cayeron 158,5 litros por metro cuadrado en esa jornada... Y el embalse, que abastece a la urbe olívica y más concellos, lo notó.
Según trasladó el Concello, ese lunes 26 de enero, Eiras alivió 212 metros cúbicos de agua por segundo, el equivalente a más de 200 días de consumo, es decir, unos seis meses y medio, aproximadamente. «Esto significa que, si tuviéramos una presa aguas arriba para recoger esa agua, tendríamos garantía de abastecimiento ante una eventual sequía», indican fuentes municipales.
Si tuviéramos una presa aguas arriba para recoger esa agua, tendríamos garantía de abastecimiento ante una eventual sequía
El alcalde, Abel Caballero, insiste en esta reflexión y recupera un debate que alarma a la ciudadanía en épocas de menos precipitaciones: «Necesitamos una presa aguas arriba para garantizar el abastecimiento ante cualquier sequía». Que el embalse de Eiras «aliviase» agua significa, en la práctica, que alcanzó su capacidad y tuvo que liberar caudal de forma controlada por motivos de seguridad.

J. Valdivia
El pasado 26 de enero, esa suelta fue de 212 metros cúbicos por segundo, un volumen extraordinario que se perdió río abajo sin poder almacenarse y que equivale a más de 200 días de consumo. Es precisamente ese dato el que sirve para ilustrar el debate sobre el abastecimiento: si existiese una presa aguas arriba, esa agua podría haberse retenido como reserva estratégica y garantizar suministro en caso de una eventual sequía.
En octubre, sin ir más lejos, la ciudad revivió esta pesadilla ocho años después del último episodio. Llegó a estar en situación de sequía severa después de un verano excepcionalmente seco y cálido y un comienzo de otoño similar. El alcalde decretó medidas preventivas, como el fin de los baldeos y llenados de piscinas o el corte de las duchas en las playas. Para evitar estas restricciones al consumo de agua, la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil entregó en abril de 2022 un informe con un plan antisequías presupuestado en 30 millones de euros.
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