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El Chuvi alcanza el hito de las cien cirugías robóticas de hígado y páncreas

La Unidad de Cirugía Hepato-bilio-pancreática opera de forma mínimamente invasiva la mitad de los casos, el doble de lo que se estima de media en España

Hito en el Álvaro Cunqueiro: 100 cirugías robóticas hepatobiliares

Alba Villar

Vigo

En los quirófanos programados del Hospital Álvaro Cunqueiro, tres operaciones al día son ya asistidas por robot. El Da Vinci, incorporado en 2021, y el Mako, en 2023 suman alrededor de 2.500 de intervenciones. Entre los seis servicios que las emplean, el de Cirugía General y Digestiva es el segundo más activo, tras Urología, y roza las 900. De ellas, cien son de hígado y páncreas. No parecen demasiadas en el medio de estos grandes números y, sin embargo, es un importante hito al alcance de muy pocos centros de todo el país.

¿Por qué? Las operaciones de hígado y páncreas se encuentran entre las más complejas. Son órganos en los que hay que trabajar con mucho cuidado porque desempeñan funciones vitales; porque un error puede provocar peligrosas fugas de bilis o jugo pancrático; y porque están atravesados o pegados a muchos vasos mayores, con alto riesgo de sangrado. Además, el acceso es complicado y hay poco espacio para trabajar. Sobre todo, el páncreas, bien escondido tras el estómago.

Por estos motivos, en su momento, ya fue difícil dar el salto que se vivió en la mayor parte de especialidades quirúrgicas para minimizar la agresión al paciente, trabajando a través de pequeñas incisiones de menos de 1,5 centímetros (las técnicas laparoscópicas), en vez de operaciones abiertas. De hecho, aún hoy en día la mayoría de las intervenciones en estos órganos se hacen a través de una incisión grande (de más de 10 centímetros) en el abdomen.

«Anécdotico» y con pocos registros

Son pocos centros los que, hoy, han logrado dar el siguiente salto para incorporar la precisión que facilita el robot. «Se dice, incluso, que aún es anecdótico hacer la cirugía de hígado y de páncreas por robot», explica el coordinador de la Unidad Hepato-bilio-pancreática (HBP)del Álvaro Cunqueiro, el doctor Sergio Estévez Fernández. Así es que el centenar de operaciones robóticas que alcanzaron en el pasado mes de diciembre los sitúa entre los pocos centros especializados españoles que acumulan tal nivel de experiencia.

No hay registros oficiales de estas operaciones y las estadísticas son limitadas. Sin embargo, en base a encuestas y otras estimaciones, se calcula que, en España, solo un 20 y un 25% de la cirugía de hígado y páncreas se hace de forma mínimamente invasiva —ya sea por laparoscopia o robótica–. En el Álvaro Cunqueiro ese porcentaje sube al 50% y, en concreto, el asistido por Da Vinci es de casi el 25%.

Es un porcentaje muy bueno porque, por ejemplo, entre los pocos registros que existen está el de hospitales holandeses que cifran entre un 4 y un 6% la cirugía de hígado y páncreas que se hace con robot.

Esto es posible gracias al tiempo dedicado formación y a la experiencia acumulada por la Unidad de Cirugía HBP del Cunqueiro, cuyo equipo de cirujanos lo componen, además del doctor Estévez, Roberto Carracedo, Isabel Moreiras y Esther Mariño. Los dos primeros, acreditados para operar con el Da Vinci.

Evolución

Empezaron a trabajar con el robot en 2022, con cirugías «más sencillas». «A medida que fuimos cogiendo experiencia, incrementamos la dificultad», explica el doctor Estévez y añade: «ya estamos en un momento en el que ya estamos haciendo cirugía hepática de alta complejidad».

Las ventajas son «muy destacadas»: menor sangrado, menos casos que acaban en cirugía abierta, menor dolor, una recuperación más rápida del paciente, estancias hospitalarias más cortas...

«La laparoscopia convencional tenderá a desaparecer porque las ventajas las veo claras. No tengo mucha duda. Estoy seguro de que más pronto que tarde esta cirugía acabará haciéndose asistida con robot», se muestra convencido el cirujano. «El problema, a día de hoy, sigue siendo el mismo: el coste», sostiene y vaticina que «tienen que bajar los costes y aparecerán otros robots».

En la actualidad, el Hospital Álvaro Cunqueiro cuenta con un robot para Traumatología –el Mako– y un Da Vinci, que emplean tanto Cirugía General (con un 27% de las operaciones robóticas en el Chuvi), como Urología (38%), Ginecología (9%), Cirugía Torácia (8%) y Cirugía Pediátrica, que acaba de empezar. Se reparten el tiempo, lo que supone una limitación y los distintos servicios ya han solicitado la compra de un segundo Da Vinci para el que es el hospital gallego que le saca más rendimiento y que atiende al área sanitaria de mayor tamaño (las siete gallegas cuentan con uno).

Ante esta limitación, deben priorizar casos. El doctor Estévez explica que tratan de programar en el robot todos los cánceres de páncreas distales, ya que en los que se sitúan en la cabeza de este órgano todavía no hay consenso al respecto. En hígado, casi todo lo que hacen son metástasis de cáncer de colon. La edad media de todos los pacientes de la unidad ronda los 63 años.

Nueva tecnología

Esperan que, en el futuro, la tecnología siga avanzando para facilitar estas operaciones y una de ellas serán las reconstrucciones de órganos.

Los actuales robots ya disponen de unos softwares que permiten a los cirujanos ensayar distintos tipos de procedimiento. «Imagínate que puedes entrenar con una reconstrucción del órgano del paciente que vas a operar, a partir de imágenes reales de él», enfatiza y plantea que podrán probar a hacer la cirugía las veces que necesiten antes de llevarla a cabo de forma efectiva.

No todo son avances con el robot, admite. Una de las cosas que han perdido es la «sensación táctil» al trabajar con los órganos, que les proporciona información. Pero ya están trabajando en resolverlo

El Da Vinci cuenta con varios brazos robóticos que se introducen en el paciente por diminutas incisiones con el instrumental necesario (cámara, pinzas, tijeras, aspirador...). El cirujano los maneja desde una consola, en una esquina del quirófano. El visor permite ver el interior del cuerpo aumentado, en alta definición y con una calidad mayor que si lo viera directamente. También los brazos robóticos ofrecen una maniobrabilidad superior a la mano humana, al introducir instrumental articulado que permite una rotación casi de 360 grados en el interior del cuerpo. Ganan así mucha precisión clave, sobre todo, en órganos atravesados por estructuras vitales como pueden ser el hígado y el páncreas.

Francisco, en el hospital, horas antes de su cuarta operación en el Da Vinci.

Francisco, en el hospital, horas antes de su cuarta operación en el Da Vinci. / Alba Villar

Francisco V. Vázquez, operado cuatro veces en el robot: «Con el Da Vinci se pasa un par de días en el hospital y ya»

Francisco Valentín Vázquez, de 75 años, recibía ayer sábado el alta, solo 48 horas después de que le metieran en quirófano para operarle el hígado. Son las ventajas de la cirugía robótica: recuperaciones más rápidas. Y eso, este experimentado paciente ya lo sabía. De hecho, cuando el doctor Sergio Estévez Fernández le informó de que lo tendría que operar por cuarta vez, él le pidió que volviera a ser con el robot. ¿Por qué? «Porque los postoperatorios no son como los de antes, se pasa un par de días en el hospital y ya. El futuro va por ahí», respondía la tarde anterior a ingresar.

Francisco es un veterano de los quirófanos. Al menos, lleva seis cirugías. La primera, de niño, en el Hospital de La Paz, en Madrid, por una grave afección en el oído. Tras librarse con medicación de entrar en quirófano por un embolismo en el corazón, llegó su primer cáncer. De amígdalas. Se lo extirparon.

Seguido de cerca con pruebas PET-TAC, en 2022 le detectaron el primer tumor en el hígado. Fue uno de los primeros pacientes en operarse con el robot Da Vinci, según recuerda él. «Era una novedad», señala y rememora como el doctor Sergio Estévez Fernández, al que considera su «ángel de la guarda», le explicó que iba «a venir un equipo de un hospital pionero de Barcelona a asesorarle con el manejo durante la operación».

A pesar de ser los inicios, a Francisco no le dio respeto ser operado con un robot. Le había oído hablar bien de él a su hija, enfermera especializada en cáncer de mama en Cataluña.

Salió bien, pero luego apareció otro pequeño en el páncreas. «Una cosa insignificante de todo», asegura. Volvió a meterse bajo la araña de brazos articulados del Da Vinci.

La tercera vez en ese quirófano, explica, fue con un caso más complejo. «Estaba entre dos arterias principales del cuerpo y el doctor Estévez, que habla con mucha franqueza conmigo, me dijo me iban a preparar también para abrirme, por si en medio de la operación con el robot veía que podía dañar una arteria, porque me moriría de una hemorragia en la mesa», relata. Esta cirugía también acabó bien y sin tener que abrir el abdomen.

Así que Francisco se enfrentaba esta semana a la cuarta operación en el robot con la tranquilidad del que confía plenamente en su doctor y conoce las ventajas de las nuevas tecnologías. Y también salió bien.

El proyecto de reconstrucción 3D de hígados atrae a estudiantes: 5 tesis y varios fin de grado

La cirugía mínimamente invasiva, la que libra al paciente de las secuelas de abrirle el abdomen, tiene claras ventajas en las operaciones de hígado. Sin embargo, se pierde la visión directa del órgano, muy útil cuando hay lesiones escondidas o para calcular el porcentaje mínimo del 30% que se debe dejar para que siga funcionando, tras extirpar la parte afectada por un tumor. Así que, la planificación de las operaciones laparoscópicas o por robot resulta fundamental. Y una herramienta que ayuda mucho son las reconstrucciones en 3 D. En el Álvaro Cunqueiro llevan tres años desarrollando una.

Es el proyecto Removirt H3D, del grupo Innovación en cirugía del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS), del que forma parte a Unidad de Cirugía Hepato-bilio-pancreática (HBP) del Servicio de Cirugía General y Digestiva del Chuvi. Buscan proporcionar al clínico un gemelo digital en 3D del órgano y de todas sus estructuras y lesiones, a partir de imágenes de resonancia magnética y TAC y generándolo de forma automática gracias a inteligencia artificial y machine learning.

La iniciativa recibió en 2023 una beca de 450.000 euros por parte del Ministerio de Ciencia por 4 años, lo que les permitió contratar personal (un técnico de radiología y un ingeniero informático) y avanzar mucho. 

Además, ha acaparado la atención de numerosos estudiantes que se han sumado a la investigación. En la actualidad, hay cinco proyectos de tesis en marcha —uno de Medicina de la USC; dos de Escola Politécnica Superior de Enxeñaría de la USC, socios en el proyecto; uno de la Complutense de Madrid; y otro en Bilbao—. Pero también varios trabajos fin de grado. «Está generando conocimiento», se congratula el doctor Sergio Estévez, uno de los investigadores principales.

En la actualidad, están alimentando el modelo con casos anonimizados de pacientes. Calculan que necesitan medio millar para «que la precisión sea óptima». Esa es precisamente la ventaja que ellos tienen frente a otras grandes multinacionales que trabajan en herramientas similares: el acceso a una fuente de datos de pacientes (previo consentimiento) homogénea (usan con todos las mismas máquinas y los mismos protocolos) y representativa (una población completa de medio millón de usuarios).

Están inmersos en el complejo proceso de validación como protocolo sanitario con marcado europeo para que pueda ser utilizado para la toma de decisiones clínicas, que repercuten en la vida de pacientes.

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