Más allá de los bares: Toba.Collective propone en Vigo una alternativa de ocio creativo y socialización
Tras detectar una falta de opciones culturales en la ciudad, Uxía Miranda y Sara Castro comenzaron a organizar actividades para alejarse del consumo rápido y conocer a gente nueva

Participantes en la propuesta de ocio alternativo para hacer diferentes manualidades con "Toba.collective" / Marta G. Brea
¿Qué planes sociales hay en Vigo más allá de ir a tomar algo a una cafetería? Esta es la pregunta que se plantearon Uxía Miranda y Sara Castro a sus 24 años. «Nos dimos cuenta de que cuando queríamos hacer un plan juntas en la ciudad, la opción era irnos a un bar y estar allí sentadas 4 horas». Socializar parecía reducirse a consumir. Ellas querían algo distinto. Algo que implicase hacer, no solo estar. De esa sensación de hastío nació Toba.Collective, un proyecto de ocio alternativo que propone encuentros creativos y espacios de socialización alejados del consumo rápido. Antes de existir de forma oficial, Toba fue una costumbre doméstica. Una de las amigas solía organizar cenas en su casa, donde, además de comer, se hacían manualidades. «Nos lo pasábamos genial y pensamos en replicar esas fiestecillas con otras personas de Vigo para poder conocer gente nueva», explica Miranda.
Fue en 2023 cuando comenzaron a darle forma. Querían que quedase claro: «No son clases, son encuentros». Ellas proporcionan la idea, el espacio y el material, pero comparten el proceso de creación con los asistentes. Uno de sus primeros retos fue conseguir un espacio donde realizar las actividades. Puso en evidencia una de las principales carencias culturales de la ciudad: «La falta de apoyo». La mayoría de estos proyectos son autogestionados, «gente que los hace con pocos recursos, en su tiempo libre y como puede», explica una de las fundadoras. Destaca que en Vigo sí hay personas que organizan diferentes planes culturales, pero «muchas veces no se ven». «No por falta de interés»- concreta- «sino por la dificultad de difundir estas iniciativas que nacen desde la autogestión y sin ayuda institucional». Uno de estos ejemplos es Ladies, Wine & Design. Una iniciativa que reúne a mujeres en una serie de eventos mensuales con el fin de intercambiar experiencias sobre diseño, creatividad y negocios.

Realización de tarjetas con propósitos durante la última actividad de ocio alternativo para hacer diferentes manualidades con "Toba.collective" / Marta G. Brea
Durante los primeros meses, Toba pudo celebrarse en el Centro Pedagógico Graña Saúde, que les cedía un aula una vez al mes. Aquellas sesiones tenían un carácter intergeneracional. Desde el centro invitaban a mujeres que sufrían soledad no deseada a que participasen en los talleres. Con el tiempo se mudaron a Faíscas, un centro social situado en el Calvario que cuenta con diferentes ofertas: club de lectura, mesas redondas o proyecciones. «Nos enteramos de que existía por casualidad», asegura. Se refiere a la falta de promoción «Si no vives cerca o sabes de alguien que vaya, no lo conoces». Asume que la tendencia general es a poner la mirada en lo que se hace fuera, pero desde Toba apuestan por «hacer la ciudad más amable». Un Vigo que «acoja», que tenga diferentes ofertas para que sus ciudadanos «se quieran quedar».
Desde que Toba echó a andar, el perfil del público ha sido bastante claro, aunque nunca buscado de forma explícita. La mayoría de asistentes son mujeres de entre veinte y treinta años que llegan solas o acompañadas y suelen repetir. Con el tiempo ha surgido un pequeño grupo recurrente, alrededor de diez personas, que han forjado relaciones más allá de los encuentro. Objetivoo cumplido.
Este 2026 empiezan la temporada en Bottega9994, un espacio en Churruca impulsado por una iniciativa de dos amigos, Ana Minue y Yago Guirado, que busca convertirse en una asociación cultural. Allí ya realizaron el primer taller del año: creación de postales con los propósitos de año nuevo. «Primero pusimos en común los propósitos que teníamos, después empezamos con las manualidades». A partir de ahora, estarán en ese mismo local el tercer viernes de cada mes. La entrada tiene un precio simbólico, para cubrir los gastos del material y el local. Uxía y Sara, por su cuenta, han intentado hacer de la ciudad «un lugar más amable». No pretenden ser la solución a todos los problemas culturales de Vigo, pero sí una grieta en ese modelo.
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