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Francia Sandoval, la primera bailarina de Venevisión, encontró en Vigo su nuevo escenario

Tras 25 años en la danza profesional en Venezuela, emigró a Galicia donde trabaja como profesora de diferentes estilos de baile para personas mayores

La estrella de la danza de Venevisión que ahora regala su talento en Vigo

Marta G. Brea

Cuando su nombre sonaba en la televisión de Venezuela, Francia Sandoval no esperaba dejar huella al otro lado del océano. En 1990 se convirtió en la primera bailarina de Venevisión, uno de los canales de televisión más importantes del país. Allí trabajó durante 25 años.«Era mi día a día», recuerda la mujer. Dominaba una gran variedad de estilos: ballet, jazz, hiphop. «Tenía que aprender la mayoría para adaptarme a los diferentes programas», concreta.

En su mente aún suenan los nombres de aquellos artistas con los que colaboró: Raphael, David Bisbal, Marta Sánchez o Melody; con esta última hizo el famoso baile del gorila. Su carrera en el baile comenzó a los nueve años y se acabó por culpa de un accidente laboral, «tuve que dejarlo durante un tiempo». Fue ahí cuando emigró a Panamá y comenzó su trayectoria como coreógrafa. Se dio cuenta de que lo que le gustaba era estar detrás de las cámaras. Pero Vigo se cruzó en su camino. Su hija acababa de emigrar a la ciudad y viajó a visitarla: «Me quedé enamorada de este lugar».

Francia Sandoval, de los focos de Venezuela a la tarima viguesa

Francia Sandoval, de los focos de Venezuela a la tarima viguesa / Marta G. Brea

Tiempo después regresó definitivamente y decidió echar raíces en Galicia. Lejos de los focos y los grandes escenarios televisivos, Sandoval encontró la manera de seguir vinculada a la danza. Ahora trabaja como monitora para la empresa Fitciones que colabora con diferentes asociaciones vecinales y centros sociocomunitarios de la Xunta. Su día a día transcurre en salas de barrio y centros culturales, allí imparte clases de baile y actividad física a personas mayores, un público muy distinto al que estaba acostumbrada, pero que le ha devuelto «la ilusión».

Alguno de sus alumnos tienen más de 90 años, aparte de su habilidad física, le sorprende que lo que más les guste sean los ritmos latinos como la bachata o la cumbia. En ocasiones, cuando la movilidad es reducida, los bailes los hacen sentados. Mueven los brazos, las piernas y dan actividad al cuerpo. La bailarina destaca el impacto emocional que tiene su trabajo actual: «Me mandan mensajes por privado y me dan las gracias porque desde que vienen a mis clases se sienten más vivas». La mayoría de los asistentes son mujeres, para ellas la actividad se convierte en un espacio de socialización. Una forma de romper la soledad que a veces acompaña a la vejez.

Además de trabajar con personas mayores, Sandoval imparte clases de danza a niños en centros escolares, una experiencia que define como «completamente distinta». «Con ellos los pequeños hay que estar más pendiente, cada niño es un mundo». Algunos son inquietos, otros más tímidos o distraídos. «Los mayores vienen a disfrutar, a pasárselo bien, no tienen presión», explica. Mientras que los niños aprenden desde la disciplina y la repetición, los mayores encuentran en el baile un momento de desconexión y libertad.

Aunque reconoce que ya no se ve volviendo a los escenarios de forma profesional, su experiencia sigue siendo la base de todo lo que hace, pero reconoce que el baile es ahora una herramienta de bienestar más que de exhibición. «No importa hacerlo perfecto», insiste. Sus clases se adaptan a cada cuerpo y a cada limitación. En Vigo, a ritmo de una bachata y un pasodoble sigue dejando huella. No en la televisión, sino en la vida cotidiana de muchas personas.

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