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Así era la Privada Moderna: una calle de lujo con portero a la que se entraba invitado

Los vecinos luchan ahora para que la Sareb rehabilite las viviendas y esta zona de Vigo recupere su esplendor

Las escaleras de acceso a la Privada Moderna, en una imagen de archivo.

Las escaleras de acceso a la Privada Moderna, en una imagen de archivo. / Pedro Fernández

Vigo

En casi nada se parece la actual Privada Moderna a la de antaño. Una decena de inquilinos mantienen con vida una calle que pide a gritos desde hace años una remodelación integral y que, tiempo atrás, fue una de las más codiciadas de Vigo: se consideraba de lujo. Como relataba FARO el 18 de octubre de 2005 Rosa Sotelo Zarazo, que estrenó con sus padres en 1932 la urbanización, hacía falta invitación para entrar... y hasta había un portero para el control de acceso en las escaleras que comunican esta zona con Urzáiz.

Este periódico recogía que la Privada Moderna estaba «habitada por familias numerosas y una juventud muy sana». Actualmente, es todo lo contrario. «Se organizaban verbenas y se entraba por invitación. Venía una orquesta que traía Francisco Aparicio, un vecino que era músico, y se ponía un churrero... Había que pedir permiso al Ayuntamiento. Los propios vecinos arreglaban la calle, pero, ahora, todo se está abandonando. Casa que queda vacía, casa que ya no se ocupa y ahora hay unas doce libres», indicaba esta vecina.

Hubo una tienda y una carnicería, con una puerta que daba a la calle. Era un paraíso

«Venían a diario el barquillero y el churrero. Y la gente bajaba para comprarles. Y venían también las lecheras. Era todo muy bonito», insistía. Contaba el periodista Javier Mosquera que, dando a San Roque, estaba la finca de Los Esponda. «Los chiquillos tirábamos la pelota para entrar en ella y salíamos con la pelota y una bolsa de manzanas. Hubo una tienda y una carnicería con una puerta que daba a la calle. Era un paraíso. Como no había coches, jugábamos en la calle a los generales, con las cajas vacías de de las cerillas, a las bolas, a la cuerda, a la palma corrida a las mariquitillas... Y tanto jugábamos niños como niñas», recordaba Rosa Sotelo.

En la actualidad, la calle se encuentra en muy mal estado. Hace unos meses, se recuperó la conexión con San Roque, donde, en su momento, había un gran portalón, por donde entraban los coches fúnebres. «Éramos como una gran familia y, a veces, ibas de visita a una casa y ya te quedabas a comer. Cuando había boda, todos los vecinos nos hacíamos una fotografía juntos», destacaba en FARO Rosa Sotelo. Ahora, los vecinos que quedan luchan para que la Sareb, la propietaria de los edificios, les devuelva el brillo del que presumían.

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