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Un calendario que pone rostro, ropa y memoria al paso del tiempo

La residencia Doral transforma la evolución de la moda en un relato colectivo sobre memoria y cambio social que protagonizan los propios usuarios con prendas escogidas de sus armarios.

Los armarios no solo guardan ropa, también tiempo. Hay vidas dobladas con cuidado, prendas que han sobrevivido a bailes, bodas, jornadas de trabajo y malos momentos. De esa idea nace el calendario 2026 de Doralresidencias, un proyecto que utiliza la evolución de la moda como forma de contar la historia de varias generaciones. «¿Quién mejor que los residentes para enseñarnos el cambio?», sostiene el director del centro en Vigo, Manuel Añón. Así fue como comenzaron a desempolvar las prendas que recorren más de un siglo de existencia: desde el «boom» del corsé, pieza clave para moldear la figura femenina, hasta el «All Style», una moda en la que conviven múltiples estilos, todos válidos, donde lo más importante es ser fiel a uno mismo.

En las fotografías que ilustra el calendario aparecen minifaldas, que representaron la liberación de las mujeres, vaqueros que acercaron la comodidad y modernidad, pantalones campana, chaquetas de cuero o pamelas. Cada uno remite a una época concreta, pero también son un testimonio social. El proyecto se acompaña con diferentes actividades didácticas relacionadas con la temática escogida. Este año los residentes han podido asistir a talleres sobre la historia de la moda. «Surgieron conversaciones muy interesantes, algunas mujeres hablaron de cuando se tenían que casar de negro por estar de luto, otras, dijeron que nunca han usado pantalones», cuenta Montse Groba, una de las educadoras sociales. Ella se encarga del trabajo que hay detrás del calendario, preparar la escena, elegir la ropa adecuada y seleccionar a los modelos para cada imagen. «Les ilusiona mucho», asegura, «son ellos mismos los que piden que lo exageremos más».

El proyecto de los calendarios temáticos comenzó en 2014 y engloba a personas de todos los centros Doral. Antes, la residencia enviaba a los familiares postales navideñas personalizadas, pero el equipo buscaba algo que tuviera más recorrido, que fuese útil y duradero. El calendario cumplía ambas funciones. «Les gusta porque se ven identificados en la imagen», explica Añón. No es un objeto decorativo, se mira cada día, por eso también se cuidan los detalles prácticos. Los números son grandes, pensados para que todos puedan leerlos con facilidad y hay espacio para anotar citas o reuniones. La idea principal es que los residentes sean los protagonistas, cada mes aparecen los modelos que cumplen años y una pequeña estrella marca el día de quienes han superado el siglo. Una de las temáticas que más emocionó a los usuarios fue «las profesiones». Se escogió entre los trabajos a los que ellos se habían dedicado como médicos, carpinteros y costureras. Otro gran éxito fue el calendario de cuadros famosos. Primero les dieron una clase sobre algunas de las obras más importantes de la historia del arte, después intentaron recrearlas.

Las fotografías las realiza Amaya, familiar de un residente. Su cercanía y su relación previa con ellos hace que todo fluya con naturalidad. Es esa misma confianza la que permite que muchos recuerdos salgan a la luz y que el calendario se convierta en un archivo emocional.

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