Dos horas de espera en el Cunqueiro para el ensayo de la vacuna del virus sincitial
Centenares de personas responden al llamamiento del Sergas, que solo habilitó cuatro puestos para pinchar
Reforzó el dispositivo a media mañana y con dos enfermeras más

Marta G. Brea
A 130 personas por minuto. A ese ritmo tendrían que pinchar en los cuatro puntos de Enfermería que ha habilitado la Consellería de Sanidade en el Hospital Álvaro Cunqueiro para absorber a los 499.456 adultos a los que ha convocado en el marco del ensayo clínico Sincigal, con el que buscan probar la eficacia de Abrysvo, una de las vacunas existentes frente al Virus Respiratorio Sincitial (VRS). Claro está que vaticinaba que la participación fuera muy baja. Sin embargo, la población del Área de Vigo ha demostrado su compromiso con la prevención y la ciencia y centenares de personas han respondido desde primera hora de la mañana al llamamiento. Los que salían al mediodía habían esperado pacientemente (y de pie) dos horas para colaborar.
Las colas se prolongaron por el hall de entrada del Álvaro Cunqueiro desde que se abrió el dispositivo especial de vacunación, pero no fue hasta dos horas después que el Servizo Galego de Saúde (Sergas) reaccionó ampliando a un quinto puesto de Enfermería y, más tarde, un sexto. En las cuatro horas de la mañana se pinchó a 435 personas. Un 0,09% de los convocados. En Sanidade lo consideran «un exitazo».

Hasta dos horas de cola en el Cunqueiro para participar en el ensayo clínico frente al Virus Respiratorio Sincitial / Marta G. Brea
Muchas personas desplazadas a este dispositivo único de participación desde diversos puntos de un área sanitaria que engloba a 26 municipios ya habían decidido irse al comprobar las nutridas colas y ser informados de que tendrían que esperar varias horas.
Testimonios
Como Ana y Juan. Acudieron porque «es sensato vacunarse y el que no lo quiera ver así es corto de miras; ha salvado muchas vidas». Sin embargo, renunciaron tras media hora en la fila. «Al poco de llegar, empecé a echar cuentas y estaríamos aquí hasta las tres», contaba antes de las 12. Admiten que les ha molestado, porque «pierdes tu tiempo» y consideran que si convocas masivamente tienes que estar preparado para que responda la población. Aunque también entienden la dificultad de «gestionar cuando depende de la voluntad de la gente». Ellos se desplazaban desde la ciudad, pero otros que se iban eran de Tui. Ana y Juan aún se plantean regresar en otro momento.
Alberto y Delia también están muy interesados en participar y buscarán otras vías, pero ayer se iban viendo las largas esperas. Ella estuvo hospitalizada por bronquiolitis aguda y acude a todos los llamamientos que le ofrecen la posibilidad de protegerse más. No contaban que hubiera tanta gente y entienden que el Sergas, tampoco. «No lo tomamos a mal, si la intención es hacer algo por el bien de la gente», señalan.
Isabel Suárez sí considera que tenía que ser más ágil. Esta enfermera jubilada, que acudió con su hija, también enfermera, y espera de pie con su nieta en brazos, considera que «si convocas a tantas miles de personas en tan poco tiempo, hay que contar con que la gente responda, porque estamos ya muy educados para ello».
Voluntarios mayores
Aunque están convocados todos los adultos, la edad media de la gente que acudió era alta. «Los que ya hemos pasado por sustos», sospecha Ana. Entre los más jóvenes se encontraba Mikhail Korchagin, un joven de 25 años de nacionalidad rusa que lleva un año empadronado en Vigo. Acudió para «colaborar con la ciencia».

Hasta dos horas de cola en el Cunqueiro para participar en el ensayo clínico frente al Virus Respiratorio Sincitial / Marta G. Brea
Algo que no todos tenían claro es que no es un llamamiento a la vacunación, sino a participar en un ensayo clínico en el que un sistema informático aleatorio decide si perteneces a ese 50% de voluntarios en el que se prueba la vacuna o al 50% que se necesita como grupo de control y al que no pinchan.
Eso le pasó a Ramón Senén Troncoso, que se iba «resignado». Acudió por su problema respiratorio, con apnea del sueño, pero dos horas después se fue sin vacuna. «Tenían que poner más personal» ,opina.Él perdió toda la mañana porque no conduce. Para volver tenía que coger un autobús hasta Traviesas y, luego, otro a Canido. A otros le afloraba el enfado en las máquinas del parking al comprobar que tenían que abonar más de dos euros, si no lo habían dejado en gratuito habilitado por el Concello y tenían que ir hasta el otro extremo del complejo caminando bajo la lluvia.
A Julio, que acudió por su Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, también le tocó no pincharse. «No me gusta tener que esperar dos horas para no vacunarme, claro», lamentaba.
A Pastora González, de 75 años, sí le pincharon. Antes de venir, ella le preguntó a su médica de familia y a la doctora que le controla su asma en el Chuvi y ambas coincidieron en que le venía bien. «Me parece mal que esté mal organizado. No se puede tener a gente mayor esperando horas y horas de pie», reprocha, aunque luego tiene un mensaje para las enfermeras que se afanaban en sacar lo más ágilmente posible todo el trabajo que les llegaba: «Son encantadoras, te tratan muy bien».
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