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Un gigante se vacía en el centro de Vigo

El Hotel Bahía inicia las obras retirando todo el mobiliario de su interior

Entre las incógnitas, el futuro del cartel que preside su fachada

Vigo

Algo se mueve en el interior de un gigante de la ciudad. El emblemático Hotel Bahía de Vigo inaugurado formalmente el 27 de marzo de 1971 -aunque durante los seis meses anteriores ya había recibido 24.000 visitantes- y parte inconfundible del skyline de la ciudad, cerró sus puertas el pasado sábado 10 de enero. Una vez huérfano de huéspedes y trabajadores, la dirección del hotel ha iniciado durante esta semana los trabajos de vaciado de muebles en su interior en un proceso que se prolongará, como mínimo, hasta 2027.

Atrás quedarán sus inconfundibles azulejos de color azul maltrechos por el tiempo, su cartelería mil veces retratada por vecinos y visitantes, para vestirse de blanco y convertirse en un edificio más sostenible energéticamente. Y, en lo empresarial, convertirse en un hotel cuatro estrellas superior, misma categoría que enarbolan ya establecimientos como el Attica21 de Samil, promovido por Inveravante.

El Bahía pasará a disponer de 141 habitaciones —cuatro individuales, 10 familiares y 127 dobles; actualmente, cuenta con 91— y capacidad para cerca de 300 huéspedes. La actuación tiene un presupuesto de ejecución que supera los 5,4 millones de euros —como consta en la documentación remitida a la Xerencia Municipal de Urbanismo— y contempla mejoras en accesibilidad, seguridad y distribución interior. En la primavera del año pasado, comenzaron las demoliciones interiores.

Durante la ejecución de las obras, que se prolongarán previsiblemente lo que resta de año, la plantilla de Hotel Bahía de Vigo SA estará al amparo de un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE). Esto es, con los contratos suspendidos, que serán reactivados a la reapertura del establecimiento, propiedad de Ferreiro Properties SL. En el ejercicio 2024, el último del que se han presentado cuentas en el Registro Mercantil, su facturación rebasó los 2,5 millones de euros, con resultado positivo.

La joya de la corona de la reforma es la modificación exterior: se proyectan nuevas fachadas —la principal, hacia Cánovas del Castillo, pero también las que saludan a las calles Pescadería, Baixada á Fonte y Mestre Mateo—. El objetivo: mejorar la estética, la eficiencia energética con aislamiento térmico y la estanquidad frente al agua. En las infografías de esa futura fachada hacia la ría no aparece, por el momento, el histórico letrero de letras rojas y blancas que preside su entrada principal.

Del azul al blanco

El plan de transformación supone despedir los azulejos azules tan característicos del bloque —por cuestiones estéticas, pero también de seguridad— para dar paso a un conjunto en el que dominará el blanco: acabado en granito con gris suave en las plantas baja, primera y segunda, donde se modificará la cartelería; un espacio acristalado con aluminio lacado gris en la tercera altura a modo de transición —será el comedor, que tendrá conexión a la terraza—; y planchas de aluminio blancas desde la cuarta hasta la última planta, la 17, con detalles en gris.

Esta reforma se ejecutará después de que la sociedad lograse con dificultades el acuerdo con los dueños de los pisos (una treintena de propiedades situadas en las plantas superiores del edificio), sin unanimidad. El bloque no está catalogado al no poseer elementos que se deban proteger.

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