Tal día como hoy hace 39 años una gran nevada paralizó Vigo
Una ciudad atlántica vestida de blanco como nunca antes se había visto: ocurrió el 14 de enero de 1987

Marta Clavero
Enero de 1987 quedó grabado en la memoria colectiva de Vigo como el mes en el que la ciudad, acostumbrada a la lluvia y al salitre, despertó cubierta por un manto de nieve. Una estampa insólita que convirtió calles, playas y montes en un paisaje más propio del interior peninsular que de la ría olívica.
La nevada comenzó de forma discreta, casi tímida, pero en pocas horas la intensidad aumentó hasta cuajar en barrios enteros. Zonas como O Calvario, Coia, Teis, Travesas o el centro amanecieron completamente blancas. Incluso en cotas bajas, próximas al mar, la nieve se mantuvo durante horas, algo excepcional en Vigo. Los montes de O Castro, Cepudo o A Guía ofrecían imágenes inéditas, con árboles, murallas y miradores cubiertos de blanco.

Revivimos en color la gran nevada de 1987 en Vigo / FdV
El fenómeno sorprendió a una ciudad poco preparada para este tipo de episodios. El tráfico quedó seriamente afectado: autobuses urbanos con dificultades para circular, carreteras de acceso bloqueadas y numerosos vehículos abandonados en cuestas imposibles. Los colegios suspendieron clases en muchos casos, y buena parte de la actividad laboral se ralentizó o se detuvo por completo.
Pese a las complicaciones, la nevada tuvo también un lado festivo. Niños y mayores salieron a las calles para jugar, improvisar muñecos de nieve y lanzar bolas en plazas y parques. En la memoria de muchos vigueses aún permanecen aquellas escenas de familias enteras caminando por Gran Vía o Príncipe, cámara en mano, conscientes de estar viviendo algo irrepetible.

Y Vigo se tiñó de blanco /
Desde el punto de vista meteorológico, la nevada fue consecuencia de una potente ola de frío que afectó a gran parte de España aquel invierno. La combinación de aire muy frío en altura y humedad atlántica permitió que la nieve alcanzase la costa gallega, algo extremadamente poco frecuente.
Con el paso de las horas, la nieve fue dando paso al deshielo, dejando tras de sí calles embarradas, daños puntuales y un recuerdo imborrable. Hoy, casi cuatro décadas después, la nevada de enero de 1987 sigue siendo el referente con el que se comparan todos los episodios de frío en Vigo.
Una jornada histórica que demostró que, incluso en una ciudad de clima suave, el invierno puede, de vez en cuando, escribir páginas extraordinarias.
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