Los «expulsados» de Vigo por el precio de la vivienda: «Viví en una oficina dos meses»
Con los alquileres por las nubes, vecinos se ven en la obligación de buscar un hogar lejos de donde fueron felices

Armando Caballero, en su casa, donde residen en alquiler. / Cedida
A Armando Caballero, el covid le asestó un golpe en su negocio que le obligó a bajar la persiana tiempo después. En 2024, a pesar de llevar 27 años cotizados, se jubiló con una pensión no contributiva que no llega a 600 euros —le denegaron la contributiva por no haber pagado los dos últimos años de autónomo, en plena pandemia—, por lo que tuvo que abandonar su vivienda en alquiler en Vigo, por la que pagaba más de esa cantidad, gastos aparte. Lo que vivió este vigués más tarde fue un calvario: mientras cobraba la jubilación, los ahorros se fueron «dinamitando». Llegó a vivir en una oficina en As Travesas que le ofreció una persona que conocía. «Fueron dos meses. Tenía una cama, mesas y un ordenador, además de un baño sin ducha. Aprovechaba para asearme en la piscina del Carmen. Luego, un amigo me cedió una habitación y pasé más tarde a casa de una amiga. Después, ya me fui a Moeche (A Coruña), donde estoy desde mayo del año pasado», explica.
En este pequeño concello de la comarca de Ferrol, reside en una casa. Abona 200 euros al mes, con los gastos de luz y agua incluidos. «Encontré un paraíso con árboles frutales y huerto. Después de todo, la suerte me hizo un guiño. En Vigo, no encuentro algo así ni por 700 euros», apunta. Basta con echar un ojo a los portales inmobiliarios para comprobar que este vigués está cargado de razón. Él, como otras muchas personas, pone rostro a la crisis de la vivienda en la ciudad más poblada de Galicia, que obliga a vecinos a hacer las maletas y dejar atrás sus raíces, recuerdos y vivencias.
Como publicó FARO hace días, el alquiler en Vigo subió en 2025 casi cuatro veces más que en Barcelona: el metro cuadrado de las viviendas anunciadas es de 11,2 euros de media, según las estadísticas de Idealista, un 9% más que hace un año —un 19% desde diciembre de 2023— y récord histórico. Algunos ciudadanos optan por compartir piso, una solución que resta calidad de vida.
Comprar piso en Redondela
Beatriz Fernández y Carlos Maceiras, de 29 años, son pareja y residen de alquiler en la Travesía. Pagan 750 euros. El alza imparable del precio de los arrendamientos los llevó a decidirse por buscar pisos en venta en Vigo con los ahorros obtenidos tras años trabajando, pero les ha resultado imposible, por lo que han decidido comprar en Redondela.

Beatriz Fernández, Carlos Maceiras y María del Carmen Masero, madre de Carlos, en su piso nuevo. / Cedida
«Empezamos a buscar activamente en octubre de 2024. Queríamos un piso de tres habitaciones y dos baños con garaje y trastero en Vigo. Nacimos aquí y siempre hemos vivido en Vigo. Tenemos aquí a la familia. Pusimos el límite en 220.000 euros y queríamos aprovechar la reducción del impuesto sobre transmisiones patrimoniales (ITP) para menores de 36, pero no encontramos nada», comenta ella antes de señalar que su objetivo era «evitar una reforma»: «Necesita tiempo y dinero y, teniendo en cuenta que los dos trabajamos y que no te la cubre la hipoteca, no íbamos a tener ninguno de los dos».
Decidieron aumentar el límite, pero más de lo mismo. «Nos parecía excesivo asumir el coste de una vivienda por 300.000 euros y decidimos buscar en los alrededores. Encontramos una vivienda de obra nueva en el centro de Redondela que cumplía con casi todos los requisitos iniciales: dentro de los límites del precio que habíamos puesto inicialmente (208.400 euros), sin necesidad de reformas, con dos habitaciones, dos baños, dos plazas de garaje y dos bodegas. Si tuviera una habitación más, sería perfecta, pero estamos muy contentos con nuestra decisión. Hemos tenido que renunciar a vivir en Vigo, pero hora somos propietarios y pagamos menos de cuota de lo que pagábamos de alquiler», indica Fernández. Prevén estrenar hogar a finales de mes.
En alquiler en la comarca de Ferrol
El incremento constante de los precios de la vivienda en los últimos años también obligó a Rubén a marcharse de su ciudad. Es el claro ejemplo de que la crisis de este sector se ha enquistado. Este vigués reside en una casa con terreno en la comarca de Ferrol desde junio de 2021. «Por temas laborales, me tuve que ir a vivir a un pueblo de Lugo en enero de 2020. Vino el covid-19 y quise regresar a Vigo, pero los alquileres estaban inviables. Encontré aquí una casa antigua que, con la condición de haberla puesto a punto para vivir, pago 150 euros al mes», traslada antes de subrayar que está «muy tranquilo»: «Echo de menos el clima y el ambiente más sociable de Vigo, pero, tal como están las cosas, si no bajan los precios, no puedo volver. Es una salvajada».
Carmen Montes dejó Vigo atrás el 1 de diciembre. Con 69 años, ya jubilada, tuvo que cambiar de vida después de que su casera le dijera que necesitaba el piso —en el Casco Vello— para su hijo. Se mudó a una vivienda de la familia en Cangas con su pareja. «Me dio mucha rabia; llevaba 19 años en diferentes pisos del mismo edificio que son de la misma dueña. Estaba pagando 350 euros. En el Casco Vello, no encuentro nada a ese precio y preferí venir aquí», relata.
«Boto moito de menos pasear pola praia e bañarme»
María Begoña González, de 51 años, dispone de un piso en propiedad en Vigo, pero lo dejó hace dos años y medio porque los vecinos no la dejaban descansar. «Facían moito ruido pola noite e levantábame cedo para ir traballar como taxista», explica. Buscó una vivienda en alquiler, pero le resultó imposible encontrar opciones asequibles: «Todo carísimo e malas condicións: por exemplo, cinco persoas nun piso compartido e só un baño».
Optó por dejar vacío su hogar en Vigo para mudarse a Folgoso do Courel. Paga 200 euros al mes «con gastos incluidos» por una casa «con garaxe, corral, forno, palleiro e horta». «En Vigo, isto é impensable. Estou moi contenta. Á cidade non podo volver polos prezos do alugueiro. Mellorar o que teño é complicado; podería ser nunha parroquia de Vigo, pero está todo moi caro», indica.
Asegura que echa «moito» de menos Vigo, donde está toda su familia. Lo que más: «Poder pasear pola praia e bañarme».
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