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Galerías históricas

Los túneles del tiempo: cruzamos los pasadizos al pasado de Vigo

El callejero urbano conserva vestigios de antiguos pasos subterráneos que nos trasladan décadas e incluso siglos atrás

En las calles de Vigo se camuflan elementos extraños, sorprendentes, que cuesta ubicar. ¿Qué son?, nos preguntamos ante ellos. En este viaje en el tiempo cruzamos una sucesión de pasadizos, cuyos vestigios afloran en superficie, para descubrir su historia y la de la ciudad.

El paso del callejón de Los Caños

Conectaba Príncipe con la Rúa Victoria, casi al pie de la Alameda de Vigo. Se creó a finales del siglo XIX y fue foco de quejas por su inseguridad hasta que se tapió en el primer tercio del siglo XX. Discurría bajo Policarpo Sanz, a la altura del histórico mosaico de Pedro Domecq, para aflorar en el callejón de Los Caños, así llamado por la existencia de una fuente. Su segundo tramo atravesaba Marqués de Valladares hasta la Plaza de Compostela. En este tramo final se han asentado a lo largo de los años distintos negocios de hostelería. Uno de ellos dotó al túnel de la estética de una antigua iglesia.

El desaparecido Arco de la Marquesa

Esta bóveda, ya desaparecida, unía el Pazo de los Marqueses de Valladares con el actual edificio Cambón, siglos atrás conocido como la «casa de la marquesa». Lo ordenó construir Catalina Sarmiento de Valladares (1691-1735) para conectar ambos inmuebles. Fue uno de los elementos más singulares del paisaje arquitectónico del Casco Vello vigués, pero se derribó en 1898 ante la necesidad de ampliar la calle para mejorar la circulación.

El túnel del tren del pescado

Bajo la AP-9 en la calle Alfonso XIII se halla la boca de un túnel. Por el discurría el tren del pescado, que conectaba la lonja de O Berbés con la antigua terminal de Urzáiz. El convoy empezó a circular en 1913 para llevar el género fresco desde Vigo hasta Madrid. La línea dejó de usarse a finales de los años 50 y principios de los 60 con la construcción de la estación de Guixar. Su trazado, en parte subterráneo, cayó en el olvido hasta que la bóveda de piedra afloró durante las obras del aparcamiento de Policarpo Sanz en 2007. Su hallazgo obligó a recortar el parking ante los riesgos que su demolición entrañaba para la estabilidad de la Iglesia de Santiago de Vigo y los edificios próximos. La infraestructura se conservó pero tapiada para impedir el acceso. Su otro extremo muere en un garaje de la calle Rosalía de Castro.

Las galerías de la ETEA

Entre los años 1926 y 1927 se excavaron en el monte de A Guía (Teis) seis túneles dentro de las instalaciones de la base naval militar de Ríos, que en 1939 se convirtió en la ETEA. Los cinco primeros son pequeñas galerías de 10 a 30 metros de longitud que se usaron principalmente como polvorines y más tarde, como almacenes. Sobre el sexto, el de mayor longitud con unos 100 metros, no está clara su función: las hipótesis apuntan desde un posible pasillo hasta el muelle a un refugio o simplemente un almacén.

El Arco de Quirós

La puerta al Casco Vello vigués desde la Praza da Princesa se hallaba bajo el caserío de la familia Quirós. Este, datado en el siglo XIX, cayó en el abandono hasta el punto de que a finales de los años 90 se declaró la ruina del inmueble, tras tres décadas de abandono total. El renovado pasadizo recuperó su esplendor como acceso a la zona vieja de la ciudad a principios de 2014.

Los pasadizos de O Castro

El Concello de Vigo recuperó y musealizó las galerías del monte de O Castro, que conectan con el interior de la fortaleza, construida de forma tardía en el siglo XVII para defender la villa frente a las invasiones (portugueses, británicos y franceses). Estos pasadizos subterráneos, que se excavaron manualmente, superan los 60 metros de largo. Son accesibles a través de visitas que recrean distintos acontecimientos históricos.

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