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La Panificadora prolonga su degradación, a la espera de agilizar su plan de rehabilitación

Los okupas aprovechan los locales en la rúa Falperra para instalarse en su interior, con temor vecinal a que pueda producirse algún accidente

Vecinos y defensores del patrimonio urgen avanzar aprovechando el nuevo PXOM: «Un momento decisivo»

Local en la rúa Falperra, en el ámbito de La Panificadora, en el que entran y salen okupas.

Local en la rúa Falperra, en el ámbito de La Panificadora, en el que entran y salen okupas. / Pablo Hernández Gamarra

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Pablo Galán

Pablo Galán

Vigo

Pocos proyectos suscitan un clamor unánime en la ciudad de Vigo como la recuperación de La Panificadora, que cerró sus puertas en 1980 tras casi seis décadas de actividad y que dejó un legado industrial que es una de las señas de identidad en una ubicación estratégica. Sin embargo, ningún proyecto desde la década de los 80 ha cuajado, a la espera de que ahora se den pasos en firme, con el nuevo Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) en vigor y el compromiso de Concello y Zona Franca para ir de la mano en la rehabilitación de la antigua factoría, pendiente de la firma de un convenio de colaboración.

Mientras tanto, el estado de abandono en todo el ámbito es palpable y la degradación evidente, ya que al deterioro de las edificaciones se suma como algo habitual ver colarse por locales tapiados en la rúa Falperra a okupas para buscar cobijo en los inmuebles. Aunque desde allí no es posible acceder a la parte central del complejo industrial, todo ello contribuye a generar una sensación de inseguridad entre los vecinos del barrio, temerosos de que pueda haber algún incidente desagradable.

Vista general de la Panificadora de Vigo.

Vista general de la Panificadora de Vigo. / Marta G. Brea

Por ello, representantes vecinales, miembros del Instituto de Estudios Vigueses y expertos en patrimonio industrial coinciden en la necesidad de que la administración local continúe dando pasos para que, de una vez por todas, los más de 9.000 metros cuadrados de la Panificadora puedan tener una segunda vida con un uso eminentemente público.

«É unha pena porque é un espazo completamente desperdiciado e que serviría para enlazar toda a zona do Casco Vello co barrio do Cura e ten que ir para adiante», subraya el presidente de la Asociación de Vecinos Casco Vello Alto, Daniel Iglesias.

Por su parte, Manuel Bragado, miembro del Instituto de Estudios Vigueses, incide en la necesidad de que «non podemos perder máis tempo porque estamos nun momento decisivo para unir tres actuacións de calado como son o barrio do Cura, a rehabilitación do Casco Vello alto e a renovación da Praza do Rei para integrala coa ladeira do Castro, moitas pezas dun proxecto de máis dunha década». Bragado entiende la Panificadora como el «referente desa arquitectura industrial viguesa que sería a súa catedral laica» y aboga por mantener en el proyecto futuro «ese carácter de emprendemento».

En una línea similar, la arquitecta Iria Sobrino, autora del Plan de Usos de la Panificadora, apunta la necesidad de unir alrededor del proyecto a la sociedad viguesa, «que tiene la responsabilidad de ir apoyando el proyecto, que se vea un interés porque es necesario que las cosas se hagan de forma ágil». Sobrino subraya que «estamos ante un referente que debe desarrollarse como si fuera una pequeña ciudad de servicios sin perder su esencia porque está en un sitio perfecto para funcionar, por lo que solo necesita un traje a medida que consiga un uso público que tenga también un equilibrado retorno económico para que sea sostenible en sí mismo».

Un convenio y la expropiación, pasos necesarios

Un uso eminentemente público reserva el actual PXOM al ámbito de La Panificadora, desterrando las previsiones urbanísticas de planeamientos anteriores que le concedían una alta edificabilidad residencial, llegándose a proyectar edificios de hasta ocho alturas.

La entrada en vigor del Plan Xeral ha sido la primera medida necesaria para allanar la rehabilitación de La Panificadora, a la que ahora deben seguir la firma del convenio entre Concello y Zona Franca para concretar el protocolo suscrito en septiembre de 2024 y cerrar, entre otras cosas, las condiciones de la expropiación de los terrenos por parte de la administración local para ponerlos a disposición del consorcio.

«Queremos que se rehabilite manteniendo la esencia arquitectónica y urbanística y que sea para la ciudad, no queremos pelotazos como antes se había trazado, esa es nuestra decisión», garantizó el alcalde, Abel Caballero, tras la firma del protocolo. 15 meses después, toca seguir avanzando para que vaya convirtiéndose en realidad.

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