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Los divorcios entran en crisis en Vigo: se desploman a la cifra más baja de las últimas décadas

Las 743 demandas judiciales por rupturas registradas en 2025 suponen un 20% menos que las de hace un año

Abogados vinculan la caída al factor económico y a la dificultad para acceder a una vivienda por su elevado coste

Las rupturas matrimoniales experimentaron un notable descenso en 2025.

Las rupturas matrimoniales experimentaron un notable descenso en 2025. / Ricardo Rubio (Europa Press)

Marta Fontán

Marta Fontán

Vigo

Los divorcios han tocado fondo en Vigo. La ciudad registró en 2025 su cifra más baja de rupturas de las últimas dos décadas. Los juzgados de Familia registraron 743 demandas de divorcio, separación o disolución de parejas de hecho, lo que supone un 20% menos que hace un año y la constatación de la tendencia a la baja de estos litigios, que hasta no hace demasiados años no solían bajar del millar y que llegaron a superar ampliamente esta barrera, como ocurrió en 2005, cuando se alcanzó el récord de 1.410 rupturas. Nada que ver con el panorama actual, que es muy distinto.

¿Y cuál puede ser el motivo? Abogados de familia rechazan que haya menos conflictividad familiar, pero creen que el factor económico y concretamente la dificultad para acceder a una vivienda dado su elevado coste es uno de los motivos de peso que lleva a muchas parejas en crisis a frenar o al menos a retrasar su separación.

«Con 50 años a nadie le apetece volver a casa de sus padres o verse abocado a irse a vivir a un piso compartido, máxime si hay hijos menores»

Isabel Olcina

— Abogada

Encontrar un hogar asequible es misión imposible en ciudades como Vigo. «No tengo ninguna duda de que hay muchas parejas que no se separan por una cuestión puramente económica y concretamente por el tema de la vivienda», razona Isabel Olcina, abogada especializada en litigios matrimoniales.

«Si nos ponemos en el supuesto de un matrimonio en el que cada uno de ellos tiene sueldos precarios, si tienen que hacer vida por separado con los precios actuales alquilar o comprar una vivienda les resulta prácticamente inviable. Pasarían serios apuros económicos. Y con 50 años, a nadie le apetece volver a casa de sus padres o verse abocado a irse a vivir a un piso compartido como en su época de estudiante, máxime si tienen hijos menores», explica, poniendo de manifiesto una problemática que ha escuchado en primera persona de boca de no pocos clientes que acuden a su bufete.

Carga de trabajo en los jugados de familia

Carga de trabajo en los jugados de familia / Hugo Barreiro

En 2005 se tocó techo con 1.410 disoluciones

El desplome de rupturas es notable. Las 743 demandas contabilizadas en el año que acaba de terminar son un 20% menos que las 933 que hubo en 2024 y y un 30% menos que las 1.063 de hace una década. Si nos vamos dos década atrás, a 2005, la caída es de prácticamente un 50%, ya que en dicho año se tocó techo en Vigo, con 1.410 disoluciones, una cifra nunca vista hasta ese momento y que, de hecho, ya no se volvió a repetir. De regreso a la época actual, a las estadísticas de 2025, de esas rupturas registradas, 526 fueron divorcios y separaciones y 217 fueron procedimientos more uxorio, es decir, los instados por parejas que no tenían vínculo matrimonial pero que deben acudir al juzgado para regular las medidas de régimen de custodia, pensión alimenticia y visitas relativas a sus hijos menores de edad.

Carlos Borrás, otro abogado de Vigo, no ha notado en su trabajo diario el drástico descenso de divorcios que evidencian las estadísticas anuales, pero tampoco duda de que la cuestión económica es un factor que puede llegar a frenar una separación. «Eso siempre ha sido así. En la crisis de 2008, por ejemplo, en nuestro despacho notamos el importante descenso de demandas de rupturas que hubo en esa época», explica, agregando en todo caso que este tipo de pleitos suelen tener como trasfondo una importante conflictividad. «Ocurre por ejemplo en las liquidaciones de las sociedades de gananciales», afirma.

«En la crisis de 2008 en nuestro despacho notamos el importante descenso de demandas de rupturas que hubo en esa época»

Carlos Borrás

— Abogado

Donde la cuestión es más pacífica que antaño, reflexiona el letrado, es en la «guerra» por la guarda y custodia de los hijos en común. «Se puede decir que la custodia compartida es ya la norma habitual y la gente lo tiene muy asumido; no es como antes, cuando el padre y la madre se peleaban por quedarse cada uno de ellos con sus hijos, esa litigiosidad ha ido a menos», opina.

Poca influencia de la mediación previa

¿Y la reforma legal que introdujo la mediación como requisito previo para litigar? ¿Pudo haber tenido peso este cambio legal en el descenso de demandas? Isabel Olcina cree que no. «Desde mi punto de vista, ese análisis no sería correcto», arranca. Y no lo sería, agrega, porque los abogados de Familia ya realizaban esta mediación antes de la modificación de la ley. «Intentar llegar a un acuerdo antes de llegar a juicio es algo que siempre ha estado en nuestro ADN», indica, señalando que esa obligada negociación previa que se exige ahora como mucho puede «retrasar el procedimiento», pero nada tiene que ver, concluye, con el descenso registrado en la litigiosidad matrimonial.

Con la caída experimentada, las rupturas suponen a día de hoy el 20% de la carga de los juzgados de Familia vigueses, aunque la materia matrimonial en total asciende a casi la mitad de todo el volumen de trabajo, al incluirse aquí los expedientes de jurisdicción voluntaria o las peticiones de modificaciones de medidas en relación con custodias, pensiones alimenticias o compensatorias o regímenes de visitas. El resto de la labor de estos tribunales nada tiene que ver con los litigios relacionados con los divorcios: se trata de la valoración judicial de internamientos psiquiátricos (hubo 925 actuaciones de esta naturaleza), de los ingresos en residencias de mayores (443) y de los expedientes de expedición o revisión de las medidas de apoyo a las personas con discapacidad en el ejercicio de su capacidad jurídica, que supusieron otros 698 expedientes.

¿Quién se queda con el hogar familiar cuando hay custodia compartida?

La vivienda es clave en un divorcio. Hace años, cuando la custodia materna era mayoritaria, lo habitual era que la madre se quedase en el hogar familiar hasta que los hijos alcanzasen la mayoría de edad o la independencia económica. Esta situación ha cambiado con la custodia compartida. Si el inmueble es ganancial, la vivienda se suele atribuir temporalmente al excónyuge más necesitado, es decir, al que tenga menor capacidad económica. Si la casa es privativa, el uso se le suele dar al que es dueño de la misma.

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