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Tres crímenes envueltos en misterio en el área de Vigo

Tras el archivo del caso del portugués hallado muerto en un pozo de Porriño, se acaba de dar carpetazo al homicidio de Manuela Barbosa en Arcade

La causa por el asesinato de Judith también pende de un hilo por la falta de avances y a la espera de lo que resuelva la jueza instructora

Manuela Barbosa, Carlos A. Videira y Judith Muñoz, las víctimas de los homicidios.

Manuela Barbosa, Carlos A. Videira y Judith Muñoz, las víctimas de los homicidios. / Cedidas

Marta Fontán

Marta Fontán

Vigo

¿Con quién o con quiénes se encontró Manuela Barbosa Sousa la tarde del 13 de julio de 2021? La pregunta resuena en la cabeza de su viudo y sus hijas, pero por ahora no tendrá respuesta. El caso de esta mujer de 66 años que desapareció a plena luz del día tras bajarse de un taxi en Arcade acaba de ser archivado por el juzgado de Redondela que asumió el procedimiento. Sus restos óseos fueron hallados tres años después, revelando que había sido víctima de una muerte violenta, pero frente a esta evidencia no se ha encontrado ni una sola pista sobre la autoría del homicidio. Este sobreseimiento provisional se produce apenas un mes después de que otro juzgado cerrase sin culpables el caso de Carlos Alberto Videira do Orfao, el ciudadano portugués de 37 años cuyo cadáver apareció en 2021 en un pozo de Porriño. En este procedimiento sí hubo investigados, en concreto tres, pero pese a las sospechas en torno a ellos se dio carpetazo a la causa por la ausencia de pruebas concluyentes. La sombra del archivo también planea en torno al crimen de Judith Muñoz González, la mujer de 37 años cuyo cuerpo fue hallado en 2023 en un polígono industrial porriñés, que afronta un final judicial incierto después de que su presunto agresor quedase en libertad provisional por la falta de avances en la investigación y a la espera del ADN.

Ninguna de estas investigaciones, todas ellas asumidas a nivel policial por la Guardia Civil, ha sido fácil. Manuela Barbosa se dirigía a la casa de una de sus hijas cuando se le perdió la pista para siempre. Su imagen captada por una cámara de una entidad bancaria, en la que se la ve caminando después de haberse bajado del taxi que la había llevado a Arcade desde la localidad de Redondela donde residía, es la última de ella con vida.

Desde ese 13 de julio de 2021 nada se supo hasta que sus restos óseos fueron hallados en junio de 2024 en una finca llena de maleza del barrio de O Conde cercana a la vivienda de su hija. Los tres golpes que tenía en la cabeza evidenciaron a ojos de los forenses que la de esta mujer no había sido ni una muerte natural ni causada por un accidente: había sido asesinada. Junto a su cadáver aparecieron muchos de sus objetos personales, como su cartera o joyas, pero no había ni rastro del dinero que el taxista le había visto cuando la sexagenaria le pagó el importe de la «carrera» entre Redondela y Arcade.

La finca en la que fueron hallados los restos óseos de Manuela Barbosa.

La finca en la que fueron hallados los restos óseos de Manuela Barbosa. / Marta G. Brea

Ni un solo sospechoso, ni una sola pista

El crimen de Manuela está envuelto en una total oscuridad. No ha habido ni un solo sospechoso. Ni un solo indicio sobre quién pudo acabar con la vida de una mujer que no tenía problemas con nadie. El archivo judicial ha caído como una losa sobre sus familiares, que a través de su abogado Luciano Prado han presentado un recurso de reforma y otro subsidiario de apelación pidiendo la reapertura del procedimiento.

El caso acabará, pues, ante la Audiencia Provincial de Pontevedra, el mismo órgano que debe decidir sobre otro reciente sobreseimiento, el del crimen del pozo de Porriño, ya que la familia de Carlos Alberto Videira, representada por la letrada Paula Diéguez, también ha apelado para que se reactive la causa.

El caso del crimen del pozo se archivó provisionalmente en octubre. La víctima, de origen portugués pero asentada en Vigo, se dedicaba al negocio de vehículos de segunda mano y acumulaba denuncias por las presuntas estafas que había cometido. Precisamente, ahí podría estar el móvil del homicidio. Carlos Alberto desapareció el 13 de octubre de 2018 y su cuerpo se halló, como en el caso de Manuela, años después, en febrero de 2021 con tres golpes en la cabeza.

El responsable de un taller mecánico de Vigo y dos porteros de discoteca estuvieron investigados judicialmente, pero han quedado exonerados de toda culpa por la «ausencia de elementos objetivos suficientes que aporten una corroboración mínima de los hechos investigados» pese a las sospechas que les «rodean». En la apelación que está pendiente de resolución la acusación particular, la única parte contraria al archivo, afirma que sí hay indicios de criminalidad y pide un mayor esfuerzo investigador.

El pozo en cuyo interior estaba el cadáver de Carlos Alberto Videira, un ciudadano portugués que residía en Vigo.

El pozo en cuyo interior estaba el cadáver de Carlos Alberto Videira, un ciudadano portugués que residía en Vigo. / Salvador Sas

Una resolución judicial que parece inminente

Y ahora se está a la espera de una resolución clave en torno a otro homicidio, el de Judith, una mujer que vivía en una casa abandonada y que se había visto abocada a ejercer la prostitución. Desapareció la madrugada del 19 de noviembre de 2023 tras ir, como otras noches, a la zona de O Berbés y su cuerpo fue hallado cuatro días después en As Gándaras, en Porriño. Había sido asfixiada. En este caso en el que hubo más sospechosos está investigado Casimiro F.M., que era cliente de la víctima y al que la geolocalización de los teléfonos móviles situó con ella la madrugada en que se la vio con vida por última vez.

Pero este año, en abril, la jueza lo dejó en libertad provisional en este procedimiento por la falta de avances de cara a «reforzar los indicios» en su contra y a la espera de que llegasen los resultados de ADN, sin que haya trascendido ningún nuevo dato desde entonces. El auto judicial sobre el futuro de este caso parece inminente.

«El informe forense es clarísimo sobre la causa de la muerte, pero no ha habido ni una mínima actividad instructora»

La familia de Manuela Barbosa afronta un momento duro. «Merece un mínimo de justicia», afirmaba esta semana a FARO su hija Raquel, calificando de «chapuza» la investigación policial y judicial en torno a la desaparición y muerte violenta de su madre. El abogado que los representa es Luciano Prado, que ayer confirmó que, tras el sobreseimiento provisional emitido por el Tribunal de Instancia número 2 de Redondela este pasado 2 de diciembre, ya han solicitado la reapertura de la causa judicial y la práctica de diligencias.

«No ha habido ni una mínima actividad instructora», afirma el letrado. Los testigos declararon en sede policial, pero, pese a la gravedad del delito, ninguno fue llamado para comparecer en el juzgado. «Más allá de lo que hubiesen dicho ante la Guardia Civil, los testigos deben declarar también en el juzgado, es fundamental», indica, concretando que hay testimonios muy importantes en este caso, como el del taxista que llevó a Manuela desde Redondela hasta Arcade el día de su desaparición o los vecinos y el dueño de la finca donde fueron hallados sus restos óseos tres años después.

Los informes forenses, explica el letrado, no dejan lugar a dudas sobre que la causa de la muerte fue homicida. «Son clarísimos», ahonda, recordando que la mujer presentaba tres golpes en la cabeza que fueron propinados con un objeto contundente. «La familia merece que esta muerte se investigue a fondo», concluye.

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