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Vigo ya suma un millar de puntos de recogida de paquetes: el beneficio es tímido, pero abren la puerta a potenciales clientes

Los negocios reciben entre 10 y 50 céntimos por pedido

Deben tener cursos de formación, además de espacio en sus almacenes

El estanco del número 9 de Eduardo Iglesias, punto de recogida desde hace un mes.

El estanco del número 9 de Eduardo Iglesias, punto de recogida desde hace un mes. / Pablo Hernández Gamarra

Vigo

Con las Navidades a la vuelta de la esquina, son tiempos de apurar regalos y evitar compras de última hora. Si bien antes había necesariamente que «ir de tiendas», ahora son muchos los que prefieren hacer transacciones desde el sofá de casa. Para ejemplo el Black Friday, cuando se dispararon las compras por internet. Quienes constatan fielmente estos incrementos son aquellos que tienen en su negocio un punto de recogida de paquetes.

Vigo ya roza el millar de sitios que tienen este servicio. Empezaron a aparecer hace quince años, pero nada tenía que ver entonces el panorama. Eran muy pocos y algunas empresas de transporte contactaban con comerciantes para pedirles que ofreciesen esta opción. Aunque algunos tienen relación con el mundo de los envíos, otros comercios lo ponen como complemento a su ocupación habitual. Hay desde estancos, a bares, papelerías o tiendas de muebles, entre otros. No todos trabajan para los mismos transportistas, pero en total son 920. Además de las que tienen atención presencial, también hay instaladas decenas de taquillas de empresas como Amazon o InPost, sobre todo en gasolineras, lavanderías y centros comerciales.

Con este sistema los compradores logran ahorrar en gastos, pues son muchas las plataformas que abaratan el envío cuando se selecciona esta variante en lugar de «a domicilio». Por su parte, los vendedores también se benefician al sumar pequeños ingresos y lograr «publicidad gratuita», pero para ello deben hacer cursos de formación y dedicar tiempo de trabajo.

Los ingresos varían mucho en función de la zona, la competencia y el número de transportistas con los que trabajen los tenderos. También cambian dependiendo del número de locales con este servicio que tengan cerca y algunos advierten que perdieron clientela con la aparición de nuevos puntos o con las taquillas. Reciben entre 10 y 50 céntimos por paquete, y algo menos con las devoluciones. Una tienda estándar puede ganar alrededor de 90 euros al mes, una cifra que aumenta en Navidades o en fechas como el Black Friday.

El kiosko Bichiño, en la avenida de Balaídos, lleva años ofreciendo este servicio. Su dueña trabaja con hasta diez empresas de transporte, algo que no es habitual: suele ser con una o dos. «En Navidades el volumen es mayor y el resto del año va a depender de cómo lo gestiones, en mi caso me salgo de la regla porque muevo muchos paquetes», indica. «Cada transportista es diferente y tiene sus propias condiciones. Normalmente, tienes que tener unos metros cuadrados concretos disponibles y pasar cursos de seguridad, de cómo entregar los paquetes y de protección de datos. Te los ofrecen online las propias empresas» explica.

La tienda de pinturas Clenín, en la calle Aragón, fue una de las primeras que se lanzó a ser punto de recogida. Lo hizo hace una década, cuando estaban empezando las primeras en la ciudad. Ana, la propietaria, cuenta que así lo decidió porque se lo pidieron: «Tenía un cliente que trabaja en Seur y estaban empezando a buscar pequeñas sedes. Les venía bien porque en esta zona no había. De aquellas estaba subiendo mucho la factura de la luz», indica. Con todo, valora que gana en cuanto al paso de potenciales clientes que de otra forma no habrían entrado. En su caso recibe 40 céntimos por los paquetes que entran y 10 por los que se devuelven. Al mes reúne algo menos de cien euros.

El estanco del número 9 de Eduardo Iglesias es el caso contrario, es uno de los últimos establecimientos en sumarse a la paquetería. Su dueño, Javier, cogió el traspaso hace tres meses y ya se puso manos a la obra con la idea de ofrecer esta posibilidad. «Atrae gente y la afluencia siempre es buena. Algunos aprovechan y compran», comenta. Entran una media de quince personas al día: «Hay veces que es un jaleo porque no funciona bien la aplicación, pero a priori no supone mucho más trabajo», apunta.

Desde los negocios comentan que aunque hay un mayor volumen de clientela joven, cada vez se ven más «abuelas» que van a recoger sus pedidos con el código QR en el móvil.

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